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La Verdad sobre el Derretimiento

por Howard Hayden
Traducido del Inglés de
21st Century Science & Technology)

CRÍTICA DE LIBROS:

Global Warming: The Complete Briefing
Tercera Edición
por Sir John Houghton
New York: Cambridge University Press, 2004
Tapas blandas, 351 pp., $45

Meltdown: The predictable Distortion of Global
Warming by Scientists, Politicians and the Media
por Patrick Michaels
Washington, D.C.: Cato Institute, 2004
Tapas duras, 271 pp., $24.95

Sir John Houghton le anunció públicamente al mundo que el calentamiento global es un arma de destrucción masiva, una amenaza mucho mayor que el terrorismo. Su libro "Global Warming: The Complete Briefing" (Calentamiento Global: Resumen Completo), carente de sentido del humor, está varios niveles por encima de La Tierra en la Balanza, de Al Gore, y de Laboratorio Tierra, de Stephen Schneider, pero sin embargo, sigue siendo un cuento de horror.

El libro de Patrick Michaels, “Derretimiento: La Predecible Distorsión del Calentamiento Global por Científicos, Políticos y los Medios,” es un bienvenido antídoto para la neurosis del calentamiento global. Lea el título con cuidado. No debería resultar nada nuevo para nadie que los políticos y los medios distorsionan al calentamiento global, pero Michaels asevera que los científicos también son culpables –y suministra la información para probar su punto.

Los primeros cinco capítulos del Resumen Completo son los que nos interesan. Estas 115 páginas tienen un buen resumen de los datos y modelos usado por el IPCC. Luego comienza la especulación y la censura con el capítulo 6 y continúa durante 200 páginas. En esta parte podemos aprender acerca de la letanía acostumbrada de cosas horrorosas que le pasarán a la Tierra si seguimos causando calentamiento global: más tiempo cálido, más tiempo cálido y extremo, más lluvias, más sequía, más enfermedades tropicales, cambios en la circulación termohalina del océano, y niveles del mar en crecimiento. Houghton cita razones religiosas (algunas tomadas de Al Gore) para ser mejores cuidadores de la Tierra.

Como un antiguo colega acostumbraba a comentar, lo primero que es necesario hacer para comprender alguna cosa es memorizar los hechos. Como los hechos útiles están en los 5 capítulos iniciales, me concentraré en ellos, dejando las partes especulativas para quienes se sienten cómodos jugando Póker abierto con 52 comodines.

No es la temperatura elevada sino las diferencias de temperatura lo que provoca los vientos. Si toda la Tierra estuviese a una temperatura uniforme pero sumamente alta, como ser 50º C, no habrían tormentas. Ninguna. Por el otro lado, una tormenta ciclónica ha existido en el super frío Júpiter desde hacen por los menos 300 años. Es un asunto de ter-modinámica elemental.

Todos los modelos de circulación global predicen que el calentamiento global será mayor en los polos, y básicamente ínfimo en los trópicos. Es decir, todos los modelos de circulación global predicen una reducción de las diferencias de temperaturas, y por lo tanto una re-ducción en la frecuencia y severidad de las tormentas. Dicho esto, es difícil com-prender por qué Houghton se desvía del camino para enfatizar, “Las notables décadas finales del Siglo 20.” Se dedica una página completa a un mapa que muestra eventos se-veros en 1998. Su propósito es claramente
no decir que vamos a ver una disminución de ese tipo de devastación causada por el tiempo, sino que su intención es producir un escena-rio aterrador para los estúpidos que parecen abundar.

La historia de horror de Houghton sigue con la acostumbrada letanía de pérdidas de las aseguradoras relacionadas con el clima, que han aumentado mucho más rápido que las pérdidas genéricas de las aseguradoras durante los últimos 50 años. No hay ni una sola palabra en el libro intentando hacer un honesto análisis de esta tan repetida historia de los seguros. Por ejemplo, porque el aire acondicionado hizo a Florida un estado más hospitala-rio, la población de Florida se cuadruplicó desde 1950, en gran medida por ricos y semi-ricos jubilados, que construyeron casas muy caras en territorio de huracanes. En ese aspecto, Houghton no presenta ninguna información real ni actualizada sobre frecuencia o intensidad de huracanes, pero afirma incorrectamente que existen claras tendencias en la última mitad del Siglo 20.

Los niveles del mar en ascenso, por supuesto, nada tienen que ver con un clima violento. Nos dice Houghton, correctamente, que el nivel del mar creció entre 10 y 20 centímetros durante el Siglo 20, e insinúa que el ascenso del mar causado por más calentamiento global inundará las tierras bajas en todas partes. Pero el mar creció 100 metros (10.000 cm) desde la última Edad de Hielo, cuando una tremenda cantidad de agua estaba encerrada en hielo descansando sobre tierra firme. Por supuesto, la subida del mar de 10.000 cm ocurrió antes de la revolución industrial --pero todo lo ocurrido desde entonces ha sido culpa del hombre.

Es interesante ver la discusión de Houghton sobre cómo se mide la temperatura global.

“Todas las observaciones, de estaciones en tierra y en barcos, se ubican dentro de una grilla de cuadrados de 1º de latitud por 1º de longitud, cubriendo a la superficie de la Tierra. Se saca el promedio de las observaciones dentro de cada cuadrado; al promedio global se obtiene promediando (después de sopesar las estaciones por área) los promedios de cada cuadrado.”

Todo eso suena simple y sincero. Una región de 1º por 1º es casi cuadrada en el ecuador (groseramente 111 km x 111 km), pero tiene la forma de una cuña cerca de los polos. Presumiblemente, esta desigualdad en área es lo que llevó a decir a Houghton “después de sopesarlas por área,” aunque Houghton no provee ninguna explicación. Pero eso está lejos de ser el problema. Insinuar que hay mediciones regulares sobre cada cuadrado de 1º en la Tierra va mucho más allá del absurdo. Por lo general, los termómetros están en donde vive la gente –en áreas densamente pobladas que muy probablemente tienen un efecto de isla de calor urbano.

También hay inmensas regiones deshabitadas en el planeta. Es una apuesta segura de que existen millones de kilómetros cuadrados cuya temperatura media está inferida a partir de apenas media docena de termómetros. Además, evaluar correctamente la temperatura del océano es todavía más arriesgado, porque no ha existido ninguna consistencia en la manera en que fueron obtenidas las lecturas (cerca o lejos del barco, delante o detrás del barco, profundidad de la toma, hora del día…etc).

Las unidades de microondas en los satélites, por el otro lado, toman muestran de áreas de la Tierra y lo hacen en un muestreo uniforme de la temperatura. Las lecturas tomadas por los satélites concuerdan muy estrechamente con las mediciones tomadas en la misma área por los globos sondas meteorológicos. Por consiguiente la calibración de los instrumentos está asegurada. Pero la temperatura media mundial tomada por los satélites no muestra a la reciente subida abrupta de temperatura “media global” que muestran las estaciones en tierra. La diferencia es enorme.

Houston reconoce esta diferencia, y sin embargo construye todo su libro alrededor del infame gráfico del “palo de hockey” (ver Figura 1) que increíblemente niega que nunca hubo un Período Cálido Medieval, y una Pequeña Edad de Hielo. La ausencia de estos muy conocidos eventos climáticos tendrían que haber hecho que Houghton sospechase algo raro. De hecho, durante la construcción del palo de hockey se cometieron numerosos errores estadísticos que lo hacen totalmente inútil como referencia de nada. Pero, por otro lado, ¿cómo se puede escribir una historia aterrorizante acerca de una Tierra que se calienta muy lentamente, y donde habrá menos y más débiles tormentas?



Figura 1: La línea roja que demarca al campo amarillo es la curva del "palo de hockey" presuntamente mostrando temperaturas desde 1400 DC (la cabez del palo está a la derecha). Los autores del fiasco, M.E. Mann et al., afirmaron que "la temperatura en la última parte del Siglo 20 no tuvo precedentes," y que la década de 1990 era "probable-mente la década más caliente." El IPCC adoptó el análisis de Mann et al., y distribuyó el gráfico de la misma forma en que las iglesias distribuyen estampitas de santos y Vírge-nes: con espitiru religioso. El IPCC llamó al año 1998 "el año más caliente del milenio."

La línea azul y el área celeste es la corrección que le hicieron los científicos S. McIntyre y R. McKitrick, usando los mismos datos provistos por R. Mann, pero corrigiendo los errores de metodologia e interpretación. Se demuestra así que las temperaturas del siglo 20 son todavía más frías que las que gozó la humanidad en el siglo 15, sin que se hayan registrado las catástrofes que se nos profetizan ahora.


Fuente: Adaptado de S. McIntyre y R. McKitrick, 2003, "Corrections to the Mann et al (1998) Proxy Data Base and Northern Hemispheric Average Temperature Series." Energy & Environment, Vol. 14, No. 6, pp.751-771.

Refrescante Derretimiento

Meltdown es un libro totalmente diferente. Con un humor ácido y montañas de hechos, Michaels demuele concienzudamente a las letanías estándar del calentamiento global. Por ejemplo, muestra con datos incontrovertibles, que

  • La temperatura de Groenlandia estuvo declinando suavemente desde su mayor nivel a fines de los años 30 y principios de los 40s.
  • Que el glaciar del Kilimanjaro se estuvo retirando desde por lo menos 1912, y que la temperatura en la cumbre ha descendido recientemente.
  • Que la precipitación en los Estados Unidos stuvo aumentando desde fines de los 1800s.
  • Que por lo menos la mitad del calentamiento observado ocurrió antes de 1940, mucho antes de algún perceptible aumento del CO2.
  • Que la velocidad máxima de los vientos de los huracanes del Atlántico han disminuido desde que se comenzó a llevar registros en la década de los 40.
  • Que los niveles del mar han descendido en Tuvalu (isla por la cual los medios de prensa derramaron abundantes lágrimas).
  • Que el “Índice de Calor” (una temperatura “tal cual” calculada a partir de la tempe-ratura actual relativa a la humedad) no aumentará en aquellas áreas donde la tem-peratura y humedad son altas,
  • y muchas, muchas más cosas más.

Fundamentalmente, Michaels destaca tres puntos:

(1) La Tierra se calienta;

(2) El calentamiento es leve y manejable; y

(3) No hay nada que podamos hacer para impedirlo o remediarlo.

Michaels comienza fijándose en la ciencia. Hace notar que el aumento de la temperatura de la Tierra es proporcional al logaritmo de la concentración de CO2. Me habría gustado que el libro diese una breve explicación para este comportamiento; Michaels sim-plemente lo refiere a un estudio (con peer review) que él y sus colegas publicaron en Cli-mate Research, en donde se dan las razones y se presenta la información que apoya esa afirmación.

Los modeladores del calentamiento global suponen que la concentración de CO2 crece exponencialmente a razón de 1% anual. Pero aún si esa grosera exageración fuese cierta, la temperatura debería entonces aumentar de manera lineal con el tiempo a causa de la respuesta logarítmica de la temperatura a las concentraciones. Pero la concen-tración de CO2 ha crecido a menos que una tasa exponencial durante tres décadas (es ahora de algo menos de 0,4% anual y disminuyendo) –un hecho que es ignorado por casi todos los modelos climáticos– de manera que, en realidad, la tasa de la temperatura debe-ría disminuir.

Michaels nos dice por qué la mayor parte del calentamiento inducido por el CO2 tiene que ocurrir en las regiones Árticas, principalmente en la noche y en invierno. El gas de inverna-dero más importante del mundo, por un factor de 10, es el vapor de agua. Añada un poco de CO2 en los húmedos trópicos y el efecto invernadero adicional observado es desprecia-ble. Añada un poco de CO2 a las Regiones Polares, en donde no hay casi nada de humedad, y el efecto se hace notable.

Houghton se preocupa horrores acerca del estrés del calor, pintando una imagen de gente y ganado muriendo abrasados por el Sol, enfermedades tropicales en descontrol, y turistas “buscando otros destinos,” –presumiblemente los neoyorquinos no visitarán las Bahamas en Enero. Pero, ¿cuán malo puede volverse el Índice de Calor en las áreas costeras de alta humedad, en las latitudes tropicales? De hecho, apenas si puede aumentar, porque más calor simplemente hace que se evapore más agua, en lugar de que suba la temperatura. Usando numerosos ejemplos, Michaels demuestra que el argumento del estrés del calor es pura comida para cerdos.

Los glaciares y los casquetes de hielo son cosas dinámicas. Hay cierta evaporación aún a temperaturas sumamente bajas; hay derretimiento y hay nevadas; el balance determina donde los glaciares crecen o se retiran. Ausente el mecanismo para reemplazar al hielo evaporado o derretido, todos los glaciares y casquetes de hielo del mundo desaparecerían. Las nieves del Kilimanjaro, por ejemplo, están en declinación por una disminución de las precipitaciones, y muy seguramente no por causa del aumento de temperatura.

Mientras que el Resumen Completo “se zarpa” sobre los efectos supuestamente devasta-dores del calentamiento global, Meltdown proporciona una descolorida imagen de la ciencia del calentamiento y de sus practicantes. Por ejemplo, el IPCC publica una larga lista de escenarios del calentamiento global computarizado, afirmando que
todos ellos (hasta los más salvajes y descabellados) son a priori igualmente posibles. Promediando esos modelos se llega a una temperatura que es tres veces más alta que la normalmente probable. Esto es vagamanete parecido a promediar los ingresos de Bill Gates y los míos, y decir que el ingreso promedio mundial por cápita es de 100 millones de dólares. Ojalá.

Michaels nos dice que el National Assessment of Climate Change (USNA) fue montado políticamente. “Esta tortuosa burocracia estaba rellena en todos los niveles con personajes funcionales que sirvieron para asegurar que los individuos adecuados produjesen el USNA.” De manera similar, el Panel Intergubernamental de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (IPCC) tiene más de 200 “autores principales,” de los cuales apenas la tercera parte son científicos del clima.

Michaels culpa al sistema que financia la investigación porque recompensa a científicos para que produzcan escenarios extremos que provocan escalofriantes titulares, de allí demandas al Congreso para que les arroje más dinero a los investigadores. Hay mucho, pero mucho, mucho que hablar acerca de este punto de vista.


Howard Hayden, Ph.D, en Física y Astronomía, es editor de Energy Advocate newsletter, (P.O.Box 7595, Pueblo West, Colo. 81007, USA). Es autor del libro, The Solar Fraud y ha publicado también varios artículos en el sitio web de FAEC sobre la actividad solar y su notoria influencia sobre las variaciones del clima de la Tierra.


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