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Groenlandia
Historia de su Temperatura
Una Síntesis



Análisis de los estudios científicos de los siguientes autores:

Dahl-Jensen et al. (1998)
Keigwin y Boyle (2000)
McDermot et al., (2001)
Seppa y Birks (2002)
Wagner y Melles (2001)
Kaplan et al., (2002)


De acuerdo a los alarmistas del clima, el Siglo 20 ha experimentado un calentamiento que no tiene precedentes en los dos últimos milenios, y según ellos, se supone que este calentamiento se demuestra más fuertemente y más temprano en las altas latitudes boreales. Como resultado, revisamos aquí lo que la información científica dice acerca de Groenlandia.

Dahl-Jensen et al. (1998) usaron información de dos perforaciones en la capa de hielo para reconstruir la historia de las temperaturas de Groenlandia durante los últimos 5.000 años. Su análisis indicó que las temperaturas de la Cobertura de Hielo de Groenlandia durante el Último Máximo Glacial (hace unos 25.000 años) era de 23 ± 2º C más frío que hoy. Después de la terminación del período glacial, sin embargo, las temperaturas aumentaron de manera constante hasta un valor que era 2,5º C más alta que en el presente, durante el Óptimo Climático de 4000 a 7000 años atrás. El Período Cálido Medieval y la Pequeña Edad de Hielo también fueron evidentes en la información de las perforaciones en el hielo, con temperaturas 1º C más altas y 0,5 a 0,7º C más frías que ahora, respectivamente. Luego, después de la Pequeña Edad de Hielo, el grupo de siete científicos informa que
“las temperaturas llegaron a un máximo hacia el año 1930 DC” y que “las temperaturas han disminuido durante las últimas décadas.”

Los resultados de este estudio están en fuerte contradicción a las predicciones de los modelos de circulación general de la atmósfera, que sugieren de manera consistente que debería haberse registrado un sugestivo calentamiento inducido por el CO
2 en las altas latitudes boreales durante las pasadas décadas. El estudio también describe grandes excursiones durante los últimos 10.000 años, cuando el contenido del CO2 era relativamente estable. Cada una de estas observaciones levanta serias dudas acerca de la capacidad de los modelos para predecir correctamente la respuesta climática de la Tierra al actual aumento del contenido de CO2 en la atmósfera.

En otro estudio del clima de Groenlandia que incluye tanto a los períodos glaciales e interglaciales, Bard (2002) revisan el concepto del
rápido cambio de clima. Sobre este fenómeno, él escribe que “se reconoce ahora que el sistema océano-atmósfera exhibe varios regímenes estables bajo equivalentes forzamientos externos,” y que “la transición de uno estado al otro ocurre muy rápidamente cuando ciertos parámetros climáticos alcanzan valores de umbral.” Específicamente, hace notar que en los modelos “un ligero aumento en el flujo del agua dulce por encima del nivel moderno de F produce una disminución de la convección del NADW [Agua Profunda del Atlántico Norte] y un moderado enfriamiento en el Atlántico Norte,” pero que “el sistema se vuelca hacia otro estado una vez que el flujo alcanza un valor umbral F + deltaF,” cuyo estado no tiene convecciones profundas y “está caracterizado por temperaturas de superficie de hasta 6º C más frías en, y los alrededore,s del Atlántico Norte.”

Con respecto a lo que se ha aprendido de las observaciones, Bard se concentra en la región del Atlántico Norte, describiendo episodios de períodos glaciales a escala milenaria de dramático calentamiento llamados eventos Dansgaard-Oeschger (con aumentos de la temperatura
“de más de 10º C”), que resultan evidentes en los registros de las perforaciones en el hielo de Groenlandia, como también episodios de “enfriamientos drásticos” llamados eventos Heirich (con caídas de temperatura de “hasta unos 5º C”), que resultan evidentes en los registros de las temperaturas de la superficie del océano derivados del estudio de los cilindros extraídos de los sedimentos de gran profundidad del Atlántico Norte.

En el registro de Groenlandia, según Bard, la progresión de estos eventos es tal que
“la temperatura se eleva abruptamente hasta alcanzar un máximo, y luego disminuye lentamente durante algunos siglos antes de alcanzar un umbral, después del cual cae a los valores fríos que prevalecían antes del evento cálido.” También informa que “los modelos que acoplan la atmósfera, océano, y capas de hielo son todavía incapaces de simular correctamente esa variabilidad en todas las escalas, tanto en tiempo como en espacio,“ sugiriendo que no comprendemos en su totalidad las dinámicas de estos rápidos cambios climáticos. En verdad, Bard declara con firmeza que “todos los estudios realizados hasta ahora no pueden responder a la pregunta crucial. “¿Qué cerca estamos de la próxima bifurcación?” [que podría causar un rápido cambio de estado en el sistema del clima de la Tierra]

A este respecto, hace notar Bard que
“continúa un intenso debate en la comunidad de los modelistas acerca de la realidad de tales inestabilidades bajo condiciones cálidas,” que es un punto particularmente importante, viendo que todos los dramáticos eventos de calentamiento y enfriamiento que han sido detectados hasta la fecha han ocurrido ya sea en plenas glaciaciones o en períodos de transición entre glaciaciones e interglaciales.

Este último hecho del mundo real sugiere con claridad que es muy improbable que tengamos ningunas sorpresas de dramáticos calentamientos o enfriamientos, mientras que la Tierra no comience una deriva hacia condiciones glaciales, que es otra de las razones por las que no deberíamos preocuparnos por el presente aumento del CO
2 en el aire. De hecho, esto sugiere que permitir que se acumule más CO2 en la atmósfera realmente provee de una efectiva “política de seguro” contra el cambio de clima abrupto, dado que el calentamiento interglacial parece inmunizar al planeta contra inestabilidades climáticas, permitiendo sólo a las suaves oscilaciones climáticas de escala milenaria que traen alternativamente a la Tierra condiciones ligeramente más cálidas y más frescas típicas del Período Cálido Medieval y la Pequeña Edad de Hielo.

Por ello, a la luz del hecho que los cuatro glaciales precedentes gozaron de cálidas temperaturas 2º C más cálidas que las del actual interglacial (Petit et al., 1999), sin sufrir ninguna consecuencia climática adversa, la humanidad debería ser sensata y no rendir la verdadera “póliza de seguro” ambiental que hemos trabajado tanto para poner en su lugar al depositar en la atmósfera el exceso de CO
2 producido en el curso de la Revolución Industrial, donde claramente le hace al clima y a la biosfera un gran beneficio.

Haciendo foco sobre el período más pertinente del actual interglacial u Holoceno, consideramos a continuación una serie de estudios científicos que se concentran sobre la realidad del Período Cálido Medieval y la Pequeña Edad de Hielo, dos bien conocido períodos multi-centenarios de significativas aberración climática, cuya existencia los alarmistas del clima simplemente se rehúsan a reconocer. ¿Por qué se niegan a reconocerlas? Porque estos períodos de modesta aberración climática, más los análogos períodos cálidos y fríos que los precedieron (el Período Cálido Romano, y el Período Frío de la Edad Oscura del medioevo), proveen una muy fuerte evidencia de la existencia de una oscilación milenaria del clima que no está forzada por el contenido del CO
2 en el aire. Lo que a su vez sugiere que el calentamiento global de la transición de la Pequeña Edad de Hielo al Período Cálido Moderno ha sido totalmente independiente del concomitante y coincidente aumento del CO2 que acompañó a la Revolución Industrial.

Keigwin y Boyle (2000)

Comenzamos con el estudio de Keigwin y Boyle (2000), que revisan brevemente lo que se conoce sobre la oscilación milenaria del clima de la Tierra que es evidente a partir de una gran cantidad de datos proxys del clima de todas partes del mundo. Al declarar que “la creciente evidencia indica que la Pequeña Edad de Hielo fue un evento global, y que su instalación fue sincrónica dentro de poco años tanto en Groenlandia como en la Antártida,” ellos remarcan que en Groenlandia, el período se caracterizó por un enfriamiento de aproximadamente 1,7º C. De la misma forma, en un artículo titulado “¿Fue Global el Período Cálido Medieval?” Broecker (2001), responde afirmativamente, citado información de temperaturas derivadas de perforaciones en el hielo que revelan la magnitud de la caída de la temperatura en Groenlandia durante el pico cálido del Período Cálido Medieval (800-1200 DC) al la parte más fría de la Pequeña Edad de Hielo (1350 a 1860 DC) que fue de 2º C, haciendo notar que hasta unos 6000 “cilindros de hielo” de todos los continentes del mundo confirman que la Tierra era un lugar significativamente más cálido hace mil años que lo que es ahora.

McDermot et al., (2001)

McDermott et al. (2001) derivaron un registro ä
18O (isótopo de oxígeno-18) en Craig Cave en el sudoeste de Irlanda, y luego lo compararon con los registros ä18O de las perforaciones de hielo GRIP y GISP2 en Groenlandia. Al hacerlo, encontraron evidencia de “variaciones a escala centenaria de ä18O que se correlacionan que sutiles cambios de ä18O en las perforaciones de hielo de Groenlandia, indicando una variabilidad regional coherente en el Holoceno temprano.” Informan adicionalmente que la información de Crag Cave “exhibe variaciones que son ampliamente consistentes con un Período Cálido Medieval hacia el año ~1000 DC ± 200 años, y una Pequeña Edad de Hielo de dos etapas, reconstruida por modelado inverso de los perfiles de temperatura en la Capa de Hielo de Groenlandia.” También resultan evidentes en la información de Crag Cave las firmas del ä18O del más temprano Período Cálido Romano, y el Período Frío de la Edad Oscura que comprendía al previo ciclo del clima en esa región. En su conclusión, ellos reiteran el importante hecho de que variaciones coherentes de ä18O en los registros de ambos lados del Atlántico Norte “indican que muchas de las variaciones sutiles multicentenarias de ä18O en las perforaciones de hielo de Groenlandia reflejan señales regionales marginales de clima en el Atlántico Norte en vez de efectos locales.”

Seppa y Birks (2002)

Otro estudio que se centró en las variaciones de temperatura en ambos lados del Atlántico Norte fue el de Seppa y Birks (2002), que usaron un reciente modelo de reconstrucción de polen-clima y una nueva estratigrafía de polen de Toskaljavri, un lago en la línea de árboles en el sector continental de norte de Fenoscandia (ubicado apenas por encima de los 69ºN), para derivar estimaciones cuantitativas de precipitaciones anuales y temperaturas medias de julio. Los dos científicos dicen que sus reconstrucciones “concuerdan con el concepto tradicional de un ¿Período Cálido Medieval' (PCM) y una 'Pequeña Edad de Hielo' (PEH) en la región del Atlántico Norte (Daansgard et al., 1975).”

Específicamente, ellos informan de
“una clara correlación entre nuestra reconstrucción de la PCM y muchos registros de perforaciones del hielo de Groenlandia,” y que “comparaciones de un registro suavizado de las temperaturas de julio de Toskaljavri con las temperaturas medidas de las perforaciones de los cilindros de hielo de GRIP y Dye 3 (Dahl-Jensenet al., 1998) y del registro ä18O del cilindro de hielo Creta (Dansgaard et al., 1975) muestra la fuerte similitud en el tiempo del PCM entre los registros.” Por último, ellos hacen notar que “los valores de las temperaturas de julio durante el Período Cálido Medieval eran ca. 0,8º C más altos que el presente,” donde presente significa las últimas seis décadas del Siglo 20.

Wagner y Melles (2001)

Concentrándose solamente en Groenlandia y sus ambientes inmediatos, hay muchos otros estudios entre los que está el de Wagner y Melles (2001), quienes extrajeron un cilindro de sedimento de un lago en una isla situada justo en las afueras de Liverpool Land, en la costa oriental de Groenlandia. Analizándolo para estudiar una serie de propiedades relacionadas con la pasada presencia de aves marinas allí, obtuvieron un registro de 10.000 años que nos cuenta mucho acerca de la historia climática de la región.

Clave para el estudio fue cierta información biogeoquímica que reflejaba las variaciones en las colonias de alimentación de las aves en el área de captación del lago. Esas informaciones revelaron altos niveles de varios parámetros medidos por Wagner y Mellesenrte alrededor de 1100 y 700 años antes que el presente, que eran indicativas de la presencia en los veranos de significativas cantidades de aves marinas durante el
“período cálido medieval”, como ellos lo describen, que había sido precedido por un período de varios cientos de años de poca o ninguna presencia inferida de las aves. Luego, después del Período Cálido Medieval, la información sugiere otra ausencia de aves durante lo que ellos refieren como “una subsiguiente Pequeña Edad de Hielo,” que ellos notan como “el período más frío desde el temprano Holoceno en la Groenlandia Oriental.” Su información también determinó señales de un “reasentamiento de aves marinas durante los últimos 100 años, indicado por una aumento de la materia orgánica en el sedimento del lago, y confirmado por la observación de aves.” Sin embargo, los valores de la información más reciente no fueron tan grandes como los obtenidos del primitivo Período Cálido Medieval, y las temperaturas derivadas de dos perforaciones del hielo en Groenlandia llevaron a la misma conclusión: era más caliente en varias épocas entre los 1100 y 700 años antes que hoy, que lo que fueron durante el Siglo 20.

Kaplan et al., (2002)

Kaplan et al., también trabajaron con información obtenida de un pequeño lago, en el sur de Groenlandia, analizando las propiedades físico-químicas de los sedimentos, incluyendo la susceptibilidad magnética, densidad, contenido de agua, y concentraciones de sílice biogénico y materia orgánica. Descubrieron que
“el intervalo desde 6000 hasta 3000 antes que hoy estaba marcado por calor y estabilidad.” Por consiguiente, sin embargo, el clima se enfrió “hasta su culminación durante la Pequeña Edad de Hielo,” pero desde 1300-900 años antes que hoy, hubo un mejoramiento parcial del clima (el Período Cálido Medieval) que estuvo asociado con un aumento de la temperatura de aproximadamente 1,5º C.

Siguiendo a otro breve período de calentamiento entre el 1500 y el 1750 DC, ocurrió la segunda y más severa porción de la Pequeña Edad de Hielo, que a su vez fue seguida de
“un calentamiento pos-Pequeña Edad de Hielo iniciado naturalmente desde 1850 DC, que es registrado en todo el Ártico.” Finalmente, ellos informan que “la colonización Vikinga alrededor de la parte noroccidental del Atlántico Norte ocurrió durante las condiciones pico del Período Cálido Medieval que finalizaron en el sur de Groenlandia hacia el año 1100,” notando que los movimientos noruegos en la región después de esa época “ocurrieron en quizás el peor momento del de los últimos 10.000 años, en términos de la estabilidad general del ambiente para el sostenimiento de plantas y cría de ganado.”

Hemos explorado más todavía esos aspectos de la historia climática de Groenlandia en nuestro editorial del 2 de junio, 2004, que trata principalmente de un conjunto de importantes estudios que reconstruyeron condiciones ambientales en la vecindad del Fiordo Igaliku, al sur de Groenlandia, antes, durante, y después del período de la habitación nórdica de esta y otras partes de la costa cubierta de hielo de la isla, comenzando con el estudio de Lassen et al. (2004), quienes proveen algo del fondo histórico a su trabajo paleoclimático al informar que
“los nórdicos, bajo Eric el Rojo, fueron capaces de colonizar el huir de Groenlandia hacia el 985 DC, de cuerdo a las Sagas Islándicas, debido al suave clima del Periódo Cálido Medieval, cono condiciones favorables de mares abiertos libres de hielos.”

Ellos también mencionan, a este respecto, que la llegada de los aguerridos Vikingos era
“cerca del pico del calentamiento Medieval registrado en las perforaciones de hielo GISP2 que estaban fechadas en 975 DC (Stuiver et al. 1995),” mientras que nosotros adicionalmente notamos que Esper et al. (2002) identificaron de manera independiente el calentamiento pico de este período a través de las latitudes extratropicales de América del Norte como “ocurriendo hacia el 990.” Por ello, parecería que la ventana de oportunidad climática provista por el pico de calor del Período Cálido Medieval fue realmente un importantísimo factor que permitió los viajes por mar de los escandinavos para establecer asentamientos de larga duración en las costas de Groenlandia.

Con el progreso de tiempo, sin embargo, la brillante promesa del apex del calor medieval dio paso a la debilitante realidad de la
profundidad del frío de la Pequeña Edad de Hielo. Jensen et al. (2004), por ejemplo, informan que el registro de diatomeas del Fiordo Igaliku “rinde evidencias de un relativamente húmedo y cálido clima al comienzo del asentamiento, que fue crucial para el uso de la tierra por los nórdicos,” pero que “un régimen de fluctuaciones climáticas más extremas comenzaron pronto después del 1000 DC, y después del 1350 DC el enfriamiento se hizo más severo.”

Lassen et al hacen notar además que
“los documentos históricos sobre Islandia informan la presencia de los nórdicos en el sur de Groenlandia por última vez hacia el 1408 DC,” durante lo que ellos describen como un período de “influjo sin precedentes de (cargadas de hielo) masas de agua de la Corriente de Groenlandia Oriental, en las partes más internas del Fiordo Igaliku.” También informan que “estudios de un cilindro de hielo del Alto Ártico del Canadá, y de información geotérmica de las cercanías (Koemer y Fisher, 1990) muestran una significativa disminución de la temperatura hacia 1350-1400,” cuando, y en sus palabras, “la sociedad nórdica en Groenlandia estaba declinando y llegando a su etapa final probablemente hacia fines del Siglo 15.” En consecuencia, lo que el relativo calentamiento del Período Cálido Medieval les proporcionó a los colonos nórdicos, el relativo frío de la Pequeña Edad de Hielo les arrebató: la capacidad de sobrevivir en Groenlandia.

Muchos más detalles de esta increíble saga de cinco siglos de supervivencia vikinga al pie de la Capa de Hielo de Groenlandia están provistos por el trío de estudios que tratan de la paleohistoria del Fiordo Igaliku. Basados en un registro de alta resolución de las propiedades de la masa de agua sub-superficial del fiordo, derivadas del análisis de foraminíferos bénticos, Lassen et al concluyen que la estratificación de la columna de agua, con las masas de agua del Atlántico en sus alcance más bajos, parecen haber prevalecido a través de los últimos 3200 años,
excepto el Período Cálido Medieval.

Durante este período, que ellos describen ocurriendo entre el 885 y 1235 DC, la parte exterior del Fiordo Igaliku experimentó un acentuado mezclado vertical (que ellos atribuyen a un aumento de las presiones del viento) que se podría esperar que hubiesen aumentado la disponiblidad de nutrientes allí. A una conclusión similar llegaron Roncaglia y Kuijpers (2004), quienes hallaron evidencia de un aumento de la ventilación de las aguas del fondo entre el 960 y 1285 DC. De allí, basados en estos descubrimientos, más evidencia de la presencia de Melonis barleeanus durante el Período Calido Medieval (cuya distribución está controlada principalmente por la presencia de materia orgánica parcialmente descompuesta), Lassen et al concluyen que la productividad superficial en el fiordo durante este intervalo de desusado calor fue
“alto y así pudo haber provisto un buen abastecimiento de alimento marino al pueblo nórdico.”

Poco tiempo después, el enfriamiento que condujo a la Pequeña Edad de Hielo fue acompañada de una gradual estratificación de la columna de agua, que restringió el afloramiento de nutrientes y redujo el alto nivel de productividad marina que había prevalecido a lo largo del Período Cálido medieval. Estos eventos conectados, según Lasse et al,
“contribuyeron a la pérdida de los asentamientos nórdicos en Groenlandia.” Ciertamente, con el aumento del deterioro en las condiciones del tiempo en tierra y la simultánea reducción en la productividad oceánica, las chances estaban en contra de las colonias vikingas, y fue sólo una cuestión de tiempo antes de que su suerte quedara sellada. Como Lassen et al y otros lo describen, “alrededor del 1450 DC el clima se deterioró más aún, con un adicional aumento de la estratificación de la columna de agua asociada con ingresos más fuertes de masas de agua de la Corriente oriental de Groenlandia [cargadas de hielo]-“ Este desarrollo, en sus palabras, llevó a “un mayor aumento de la estación del hielo y una declinación de la producción primaria y abastecimiento de comida marina,” lo que “pudo haber tenido también una dramática influencia sobre la población local de focas y así las bases de alimentación de la población nórdica.”

El resultado final de estos fenómenos combinados, en palabras de Lassen et al., fue que
“los cambios climáticos e hidrográficos en el área del Asentamiento Oriental fueron significativos en el crucial período cuando los nórdicos desaparecieron.” También, Jensen et al informan que “estudios geomorfológicos en el Noreste de Groenlandia han mostrado evidencia de un aumento en la velocidad del viento, en particular durante el período entre 1420 y 1580 DC (Christiansen, 1998),” notando que “este deterioro climático coincide con informes del aumento de condiciones de hielo que causaron dificultades para usar las viejas rutas de navegación hacia el oeste de Islandia y más hacia el sur a lo largo de la costa este de Groenlandia, forzando la navegación a rutas más sureñas cuando se viajaba hacia Groenlandia (Server, 1996).”

A la luz de estas observaciones, Jensen et al declaran que “las condiciones de vida ciertamente se volvieron más duras durante los 500 años de la colonización vikinga,” y que este severo deterioro ambiental inducido por el enfriamiento “puede muy bien haber precipitado la desaparición de la cultura.” Al mismo tiempo, también está claro que las más favorables condiciones de vida asociadas con el pico de calor del Período Cálido Medieval –que ocurrió entre aproximadamente el 975 DC (Stuiver et al, 1995) y 990 DC (Esper et al, 2002)- fueron las que permitieron originalmente que los vikingos colonizaran exitosamente la región.

Más todavía, en los subsiguientes mil años o más, no hubo jamás un sostenido período de calor comparable, como tampoco una productividad marina comparable, ya sea local o hemisférica (y muy probablemente global, también), a pesar de las estridentes protestas de Mann et al (2003). Por ello, ya que el pico de calor del Período Cálido Medieval fue causado por algo totalmente diferente de elevados niveles de CO
2 atmosférico, o para el caso, de cualquier otro gas de invernadero, no hay ninguna razón para no creer que el retorno del vínculo del mismo factor o grupo de factores es el responsable del aún menor calentamiento de la actualidad.

Concentrándose finalmente en el Siglo 20, Hanna y Cappelen, (2003) determinaron la historia de la temperatura del aire en la costa del sur de Groenlandia desde 1958 hasta 2001, basados en información de ocho estaciones del Instituto Danés de Meteorología en la costa o cerca de ella, al sur de Groenlandia, como asimismo la historia de las simultáneas temperaturas de la superficie del mar (SST – Sea Surface Temp) del Mar del labrador al sudoeste de Groenlandia, basadas en tres conjuntos de datos previamente publicados y subsiguientemente extendidos (Parker et al, 1995; Rayner et al., 1996; Kalnay et al., 1996). La información de la temperatura costera mostró un enfriamiento de 1,29º C durante el período de estudio, mientras que dos de las tres bases de datos SST también describían enfriamiento de 0,44º C en un caso, y 0,80º C en el otro.

Ambas series de temperaturas basadas en tierra y en las SST marinas seguían patrones similares y estaban fuertemente correlacionadas, pero sin algún obvio adelanto/retraso en cualquier dirección. Además, se determinó que el enfriamiento era
“significativamente correlacionado inversamente con el aumento de la fase de la Oscilación del Atlántico Norte (NAO) en las pasadas décadas.” Los dos investigadores dicen que esa “conexión con la temperatura de la NAO no explica qué causó al enfriamiento observado en la costa del sr de Groenlandia, pero que le presta credibilidad.”

Al referirse a lo que ellos llaman
“esta importante excepción regional al calentamiento global,” Hanna y Cappelen notan que “el reciente enfriamiento puede haber añadido de manera significativa al balance de masas de por lo menos la mitad sur de la Capa de Hielo de Groenlandia.” Por consiguiente, dado que esta parte de la capa de hielo es la porción que podría ser la primera en experimentar derretimiento en un mundo en calentamiento, podría parecer que cualquier cosa que haya causado el enfriamiento no sólo ha protegido a la Capa de Hielo de Groenlandia contra la desintegración inducida por el calentamiento, sino que la fortificó contra esa posibilidad.

Varios otros estudios han informado también de un enfriamiento tardío del Siglo 20 en Groenlandia. Basados en las temperaturas medias mensuales de 37 estaciones Árticas y 7 sub-Árticas, como también anomalías de 30 cajas-grillas del conjunto de datos actualizado de Jones, por ejemplo, Przybylak (2001) encontró que “el nivel temperaturas de Groenlandia en los çultmos 10=20 años es similar al observado en el Siglo 19.” En el mismo tenor, en un estudio que utilizado imágenes satelitales de la lengua de hielo Odden (una cobertura de hielo invernal que ocurre en el mar de Groenlandia con un largo de 1300 kilómetros y una cobertura de área de hasta 330.000 km2), más temperatura de la superficie del agua de la adyacente Isla Jan Mayen, Comiso et al. (2001) determinaron que el fenómeno del hielo era
“un rasgo relativamente menor hacen varias décadas,” debido a las temperaturas más altas que prevalecían en ese tiempo. Además, ellos informan que la evidencia observacional de Jan Mayen indica que la temperatura allí se ha realmente enfriado a una tasa de 0,15º C ± 0.03°C por década durante los últimos 75 años.

CONCLUSIONES

Concluyendo nuestra discusión de este aspecto final de la historia de las temperaturas de Groenlandia, notamos que en un estudio de tres estaciones costeras en el sur y centro de Groenlandia, que poseen registros casi sin interrupción entre 1950 y 200, Chylek et al. (2004) descubrieron que
“las temperaturas de verano, que son muy relevantes para las tasas de derretimiento del hielo en Groenlandia, no muestran ningún aumento persistente durante los últimos 50 años.” De hecho, trabajando con las dos estaciones que tienen los registros más largos (más de un siglo de extensión), ellos determinaron que las temperaturas picos costeras de Groenlandia ocurrieron entre 1930 y 1940, y que el subsiguiente descenso en la temperatura fue tan sustancial y sostenido que las actuales temperaturas de la costa “están 1º C por debajo de sus valores de 1940.” Además, ellos notaron que “en la cúspide de la Capa de Hielo de Groenlandia, las temperaturas promedio del verano han disminuido a una tasa de 2.2º C por década desde el comienzo de las mediciones en 1987.” Por eso, como con el Ártico como un todo, parecería que Groenlandia no ha experimentado ningún calentamiento neto durante el período más dramático de aumento del CO2 atmosférico. De hecho, durante ese mismo período se ha enfriado… y lo ha hecho significativamente!

Sin embargo, al comienzo del Siglo 20, Groenlandia se estaba calentando a medida de que emergía, junto con el resto del mundo, de las profundidades de la Pequeña Edad de Hielo. Más todavía, entre 1920 y 1930, cuando las concentraciones atmosféricas de CO2 crecieron en un mísero 3 a 4 ppm hubo un fenomenal calentamiento en las cinco estaciones costeras de las que se disponen actualmente registros. De hecho, en palabras de Chylek et al,.
“las temperaturas medias anuales crecieron entre 2 y 4º C [y hasta 6º C en el invierno] en menos de 10 años.” Y este calentamiento, como lo destacan ellos, “también es visto en el registro del 18O/16O de los cilindros de hielo de las perforaciones en Summit.” (Steig et al., 1994; Stuiver et al., 1995; White et al., 1997).

Al comentar este dramático aumento de la temperatura, que ellos llaman “el Gran Calentamiento de Groenlandia de loa años 20,” Chylek et al concluyen con que
“dado que no hubo un significativo aumento en los gases de invernadero durante ese mismo tiempo, el calentamiento de Groenlandia de los años 20 demuestra que un gran y rápido aumento de temperatura puede ocurrir en Groenlandia, y quizás en otras regiones del Ártico, debido a la variabilidad interna del clima tal como la NAM/NAO (Northern Annular Mode/North Atlantic Oscillation, o Modo Anular del Norte/Oscilación del Atlántico Norte), sin una significativa influencia antropogénica.” Estos haechos le ha llevado, por consiguiente, a especular que “la NAO podría jugar un rol crucial en la determinación del clima local de Groenlandia durante el Siglo 21, resultando en un clima local que podría desafiar al cambio climático global.”

Al contemplar los resultados del estudio de Chylek et al., queda claro que la historia entera de las emisiones antropogénicas de CO2 desde el comienzo de la Revolución Industrial no ha tenido ningún impacto discernible sobre las temperaturas de Groenlandia, mientras que los estudios descritos en nuestros editoriales del 10 marzo 2004 y 17 marzo 2004 demuestran muy bien la misma cosa para todo el Ártico y las regiones Antárticas del globo. Por consiguiente, se puede apreciar de inmediato que no hay ninguna sustancia en el reclamo alarmista del clima de que las regiones polares de la Tierra proporcionan evidencia para un inminente calentamiento inducido por el CO
2 de ninguna magnitud, en ninguna parte.

Lo que estos muchos estudios de la historia de la temperatura de Groenlandia hacen es describir un enfriamiento oscilatorio de largo plazo, desde el
Óptimo Climático de mediados del Holoceno, cuando era quizás 2,5º C más caliente de lo que es ahora, dentro de cuya tendencia al enfriamiento está incluida el Período Cálido medieval, cuando era 1º C más caliente que en el presente, y la Pequeña Edad de Hielo, cuando era 0,5 a 0,7º C más frío que ahora, después de lo cual la temperatura rebotó a un nuevo máximo en los años 30, para volver a descender otra vez, de manera sostenida.

Referencias

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Última actualización: 2 de mayo, 2005

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