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Un Culpable Cósmico

Investigación Danesa muestra que las nubes son un factor significativo
en el calentamiento global, y las nubes están influenciadas por la
desviación de los rayos cósmicos por el campo magnético del Sol

Lawrence Solomon,
The Financial Post

Muchos científicos afirman que el hombre produce gases de invernadero y esos gases causan calentamiento global –pero,¿cuánto calentamiento causan exactamente los gases de invernadero?

Mientras que las teorías abundan, como lo hacen los modelos computados que incorporan una multitud de gases y otros factores climáticos, ninguna ha sido concluyente. Y si los gases de invernadero no son los responsables, ¿qué otra cosa podría ser?

Un mecanismo verificable sobre la manera en que los gases de invernadero u otra entidad física pueden manejar al cambio climático ha eludido siempre a la ciencia.

Hasta ahora.

Por más de una década, Henrik Svensmark, del Centro Nacional del Espacio de Dinamarca estuvo persiguiendo una explicación de por qué la tierra se enfría y se calienta. Sus hallazgos –publicados en octubre en las Minutas de la Real Sociedad, la revista de matemáticas, ciencias físicas e ingeniería de la Real Sociedad de Londres- están ahora a la vista, y no apuntan hacia nosotros.

El Sol y las estrellas podrían explicar la mayor parte, si no todo, el calentamiento del último siglo, y tiene resultados de laboratorio para demostrarlo. El estudio de Svensmark tiene sus orígenes en 1996, cuando él y un colega suyo presentaron resultados en una conferencia científica indicando que los cambios en el campo magnético del Sol –bien aparte de los gases de invernadero- podrían estar relacionados con la reciente subida de las temperaturas globales.

El presidente del IPCC, el Panel Intergubernamental del Cambio Climático de las Naciones Uni-das, la principal agencia que investiga el calentamiento global, los fustigó en la prensa diciendo, “Encuentro que el movimiento de este par científicamente es extremadamente ingenuo e irres-ponsable.” Otros los acusaron de denunciar a la “teoría del invernadero”, algo que no habían hecho.

Svensmark y su colega habían arribado a su teoría después de examinar datos que mostraban una correlación sorprendentemente fuerte ente los rayos cósmicos –partículas atómicas de alta velocidad originadas en las explosiones de estrellas en la Vía Láctea- y las nubes a baja altura. La cobertura de nubes de la Tierra se incrementaba cuando los rayos cósmicos aumentaban y dismi-nuía cuando la intensidad de los rayos decrecía.

Las nubes a baja altura son significativas porque ellas escudan a la tierra del Sol para manteneros frescos. La cobertura de bajas de baja altura puede variar en 2% en cinco años, afectando a la superficie de la Tierra hasta en 1,2 watts por metro cuadrado durante el mismo período.

“Esa cifra puede compararse con alrededor del 1,4 watt por metro cuadrado estimado por el panel del cambio climático para el efecto invernadero de todo el aumento en dióxido de carbo-no en el aire desde la Revolución Industrial,” explicó Svensmark. Los científicos daneses juntaron una serie de bien establecidos fenómenos científicos para arribar a su novel teoría de 1966.

El campo magnético del Sol desvía algo de los rayos cósmicos que penetran a la atmósfera de la Tierra, y al hacerlo también limitan la inmensa cantidad de iones y electrones libres que producen los rayos cósmicos. Pero algo cambió en el Siglo 20: El campo magnético de la Tierra más que se duplicó en potencia, desviando una extraordinaria cantidad de rayos cósmicos. ¿Podría la dismi-nución de los rayos cósmicos durante el siglo pasado limitado la formació nde nubes, haciendo que la tierra se calentase?

sa era una teoría muy plausible. Pero la manera exacta en que los rayos cósmicos podrían crear nubes era un misterio –una teoría improbable, dijeron muchos. Algunos hasta afirmaron que era inconcebible que los rayos cósmicos pudiesen influir sobre la cobertura de nubes.

Para descubrir el mecanismo, un equipo del Centro Nacional del Espacio Danés, armado por Svensmark, llevó a cabo un elaborado experimento de laboratorio en una cámara de reacción del tamaño de una pequeña habitación. El equipo duplicó la química de la baja atmósfera inyectando los gases que se encuentran en ella, en las mismas proporciones, y añadiendo rayos ultravioletas para imitar las acciones del Sol.

o que descubrieron los dejó boquiabiertos: Una gran cantidad de microscópicas gotitas muy pronto llenó la cámara de reacción. Se trataba de clústeres ultra pequeños de ácido sulfúrico y moléculas de agua –los bloques fundamentales de la formación de núcleos de condensación- que habían sido catalizados por los electrones liberados por los rayos cósmicos.

“Quedamos asombrados por la velocidad y eficiencia con que los electrones hicieron su traba-jo,” remarcó Svensmark. Por primera vez, los investigadores habían identificado de manera expe-rimental un mecanismo causal por el cual los rayos cósmicos pueden facilitar la producción de nu-bes en la atmósfera de la Tierra. “Este es un resultado completamente nuevo en la ciencia del clima.”

Svensmark nunca disputó la existencia de los gases de invernadero y el efecto invernadero. Por el contrario, él cree que una comprensión del papel que juega el Sol es necesario para comprender a toda la historia, y así determinar el rol del hombre. Los modelos computados del clima, no sólo no consideran en absoluto al efecto de las partículas cósmicas, sino que las nubes están muy pobre-mente comprendidas para ser incorporadas en algún modelo del clima que sea serio.

A causa del trabajo de Svensmark, otras agencias están ahora trabajando sobre los hallazgos de los daneses. El CERN, u Organización Europea de Investigación Nuclear en Ginebra, acaba de comenzar un proyecto multi-fase que comienza con una repetición del experimento de Svens-mark, sólo que el CERN usará un acelerador más que basarse en los rayos cósmicos naturales. Este proyecto multinacional proveerá a los científicos con una instalación permanente para el estudio de los rayos cósmicos y partículas cargadas en la atmósfera de la Tierra.

Las nubes bien pueden estar aclarándose en la investigación científica del cambio climático.

Lawrence Solomon es director ejecutivo del Urban Renaissance Institute y del Consumer Policy Institute, divisiones de la Energy Probe Research Foundation , de Toronto.


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