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Conjeturas vs. Ciencia
Por Dr. Patrick Michaels
Traducido de: TechCentralStation
 Publicado   Marzo, 30, 2005 
 TCS 

Un nuevo estudio publicado a principios de marzo 2005 por la revista Science recnstruye la historia de las temperaturas de la Tierra dirante los últimos 400 años usando información recolectada de 169 glaciares de todo el mundo. Sin embargo, problemas con la metodología usada en esta investigación socavan sus conclusiones concernientes al caracter del registro de la temperatura global durante varios de los siglos pasados y su utilidad en arbitrar en las diferencias entre temperaturas de superficie y las temperaturas medidas por satélites.   Nuevamente, me pregunto qué está sucediendo con el proceso de "peer review" de nuestras principales revistras científicas.

El autor, Dr. Johannes Oerlemans, se basa en relatos históricos de cambios en la longitud de 169 glaciares para desarrollar una historia de las temperaturas representativa del planeta. Sin embargo, no hay un análisis sobre si los glaciares están distribuidos en tal forma como para reflejar acertadamente una historia "global" de las temperaturas.

Por ejemplo, 154 de los glaciares son de lugares ubicados al norte de la latitud 35ºN. Los 15 restantes están en el hemisferio Sur.- cinco de ellos ubicados en el Monte Kenya, dos, uno al lado del otro en Papua Nueva Guinea, dos glaciares vecinos en Nueva Zelanda, y seis glaciares en la región Patagónica de Sudamérica (cinco de los cuales están estrechamente agrupados). Como mucho, esto representa solamente cinco ubicaciones en todo el Hemisferio Sur. Y sin embargo, al producir la reconstrucción de los promedios globales de temperatura, Oerlemans le da a la historia combinada de temperaturas de estos 15 glaciares el mismo peso que la historia combinada de 154 glaciares del hemisferio Norte (que son una combinación de regiones más pequeñas dentro del Hemisferio Norte). Este procedimiento altera y predispone grandemente la reconstrucción de las temperaturas globales a los pocos glaciares del Hemisferio Sur.

Esto es problemático por dos razones:

Primero, no está demostrada la noción de que cinco lugares reflejen acertadamente la historia de la temperatura del hemisferio Sur. Realizar esa demostración es una proposición bastante fácil. Simplemente se seleccionan al azar cinco estaciones de registros confiables de largo plazo del Hemisferio Sur, y se comprueba qué tan bien reproducen la historia de la temperatura dada por el IPCC.

Segundo, los glaciares de por lo menos uno de los sitios, el Monte Kenya, se sabe que están fuertemente afectados por aspectos climáticos sin relación con la temperatura. De acuerdo con el reciente trabajo de Kaser et al., (2004), “La Figura 1 (reproducida más abajo) ilustra la fuerte tendencia a la recesión de todos los glaciares en el África Ecuatorial oriental desde el fin del Siglo 19. Las razones dominantes para esta fuerte retracción en tiempos modernos son la reducida precipitación y al aumento de la radiación de corta longitud de onda debido a la disminución de la nubosidad.”

Más tarde, Kaser et al. (2004) añaden, “En contraste con el 'cambio' en las condiciones de humedad, no hay ninguna evidencia de un cambio abrupto en la temperatura… los glaciares del Monte Kenya y las Montañas Rwensoni parecen responder claramente a este cambio en humedad retirándose drásticamente y en patrones espaciales diferentes.”

 

Figura 1. Series de tiempo de áreas superficiales de glaciares en el Monte Kenya (círculos vacíos), el Monte Kilimanjaro (círculos llenos), y las Montañas Rwenzoni (cruces).
Fuente: Figura de Kaser et al, 2004)

Dado que se ha documentado que los glaciares en el África Ecuatorial Oriental, incluyendo a los del Monte Kenya, han estado retrocediendo en respuesta a factores diferentes a los cambios de la temperatura, los registros de los 5 glaciares de la región del Monte Kenya tienen que ser excluidos por Oerlemans como indicadores proxy de la temperatura durante el pasado reciente. De otra manera, están produciendo un señal falsa que invalida las conclusiones del estudio.

Mientras que Oerlemans reconoce que factores tales como la precipitación y la radiación pueden impactar sobre la extensión de los glaciares, él también desecha con facilidad esos factores como insignificantes para desarrollar un registro global a largo plazo, sosteniendo en su lugar que él considera que estos son cambios locales que serían promediados a lo largo de escalas espaciales y temporales. Mientras que este argumento puede ser meritorio si la cantidad de sitios es grande, claramente resulta inadecuado cuando sólo se usan unos muy pocos sitios, como es el caso de los glaciares del Hemisferio Sur, en donde por lo menos uno de los sitios, y quizás algunos más, contienen glaciares que responden fuertemente a cambios que no tienen relación con la temperatura.

Dadas estas limitaciones, resulta claro que hacer reconstrucciones de temperaturas que son representativas de condiciones históricas a lo largo del Hemisferio Sur no pueden hacerse a partir del conjunto de datos de Oerlemans. Se debería enfatizar que la reconstrucción de las temperaturas de la latitudes medias y altas del Hemisferio Norte en donde una cantidad mucho mayor de sitios está representada en la información existente.

Al hacerlo así, la historia de las temperaturas reconstruida se vería significativamente diferente que la desarrollada por Oerlemans en su (no) global reconstrucción. Para ilustrar este punto, yo he removido (groseramente) la señal del hemisferio Sur de la reconstrucción de las temperaturas globales de Oerlemans (Figura 2). Esta reconstrucción se ve bastante diferente a la reconstrucción global, especialmente durante la última mitad del Siglo 20.

Las temperaturas de la latitudes medias a altas del Hemisferio Norte hacen su pico más bajo hacia mediados del Siglo 19 (presumiblemente el tiempo cuando los glaciares estaban en su máxima extensión durante la Pequeña Edad de Hielo), y luego se calienta rápidamente hasta mediados del siglo 20. Posteriormente, las temperaturas se enfriaron hasta la década de los 80, y han comenzado a subir otra vez hasta el presente, no habiendo alcanzado todavía el grado de calor registrado más temprano el el Siglo 20.

Es importante destacar que, aun durante le período de enfriamiento –desde 1940 hasta 1980 – los glaciares continuaron retrocediendo, indicando que hay un retraso entre la temperatura del aire de superficie y la respuesta de los glaciares, y que hasta durante la década más fría de los 1970, la temperatura era todavía lo bastante más elevada que las del mínimo de la Pequeña Edad de Hielo lo que inducía un retroceso glacial. Esto implica que si las temperaturas fuese “rodadas hacia atrás” muchas décadas a través de algún esfuerzo de ingeniería atmosférica y políticas del invernadero, los glaciares seguirían retrocediendo. Este punto, junto con la naturaleza de la reconstrucción de temperaturas del Hemisferio Norte, no deberían ser barridos debajo de la alfombra por el autor. En vez de ello, juntos, ellos son los más poderosos descubrimientos del estudio.

 

Figura 2: Grueso cálculo de la historia reconstruida de las temperaturas de latitudes media a altas del Hemisferio Norte. (Derivado de Oerlemans, 2005).

El autor también sugiere que los registros glaciales de diferentes altitudes se pueden usar para echar alguna luz sobre la discrepancia entre las tendencias de temperatura de superficie y las tendencias de las temperaturas de la baja troposfera derivadas de los satélites y/o globos sonda meteorológicos. Sin embargo, basada en la distribución de datos disponibles de glaciares, esta aseveración simplemente es falsa. Como al, este punto tiene que ser retirado del estudio. La razón por la que esta afirmación no puede ser ensayada con los datos disponibles es que la controversia que existe con la discrepancia entre temperaturas de la superficie vs baja troposfera es que involucra principalmente el período de tiempo de los últimos 25 años (desde el comienzo de las mediciones por satélites en 1979).

Oerlemans nota que la cantidad de registros de glaciares cae precipitadamente, haciendo que las comparaciones durante este período sean cuestionables. De hecho, son imposibles. Más importante, como lo hace notar el nacional Research Council (2000), la región primaria donde las tendencias son diferentes en la superficie que las medidas en la baja troposfera, es sobre los océanos tropicales, regiones que no tienen glaciares (ver, por ejmplo, nrional Research Council, 2001; Douglass et al., 2004).

En las latitudes boreales media a altas, la tendencia de las temperaturas de superficie se ajustan muy estrechamente con las de la baja troposfera. Por ello, los hallazgos de Oerlemans de que “las señales de calentamiento de los glaciares en bajas y altas elevaciones parecen ser muy similares,” no arroja ninguna luz sobre la discrepancia entre las tendencias de temperatura de superficie y de la baja troposfera.

Resulta obvio que las conclusiones de esta investigación serían radicalmente distintas si el autor hubiese enfocado sobre esas áreas de investigación que están mejor apoyadas por su información. Los resultados se aplican únicamente a las latitudes medias a altas del Hemisferio Norte, y no globalmente o al hemisferio Sur. Como tal, estos asuntos tienen que ser enfrentados antes de que el estudio pueda ser aceptado para su publicación. La publicación en su forma actual indicaría que los editores de Scienceestán más interesados en conjeturas que en los descubrimientos científicos.

Referencias

  • Douglass, D.H., et al., 2004. Disparity of tropospheric and surface temperature trends: New evidence. Geophysical Research Letters, 31, L13207, doi:10.1029/2004GL020212.
  • Kaser, G., et al., 2004. Modern glacier retreat on Kilimanjaro as evidence of climate change: Observations and fact. International Journal of Climatology, 24, 329-339.
  • National Research Council, 2000. Reconciling observations of global temperature change. National Academy Press, Washington, DC., 85pp.
  • Oerlemans, J., 2005. Extracting a climate signal from 169 glacier records. Sciencexpress, March 3, 2005.


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