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Muchos Científicos No Creen en
el Efecto del CO2 Sobre el Clima

Pierre Lutgen
Doct
or en ciencias
lutgenp@lu.coditel.net

La intimidante catástrofe climática
y toda la histeria del clima
son un fraude gigantesco
Prof H.Markl,
[lix]
Presidente del
Max Planck Gesellschaft

A fines de 1999 los científicos de los centros meteorológicos de 15 países alertaron en contra de las conclusiones precipitadas acerca de que la humanidad sería la causante de los cambios climáticos recientes. En 2000, 100 climatólogos firmaron la Declara-ción de Leipzig que declara que el Tratado de Kioto no se basa en ninguna realidad científica.

En 2001, 1800 científicos americanos enviaron una petición al gobierno de su país demandando no firmar el Tratado de Kioto porque las consecuencias negativas para la humanidad serían muy superiores a los eventuales efectos sobre el clima.

Para resumir esta introducción damos los resultados de un estudio Gallup hecho en 1992. Sobre 400 meteorólogos y geofísicos encuestados, 60% estaban de acuerdo en decir que las temperaturas medias habían aumentado durante el curso del siglo 20, pero sólo el 19% atribuían este aumento a la influencia del hombre.

Parece ser verdad, sin embargo, que la temperatura aumentó de 0,3 a 0,6º C en los últimos 150 años. Pero el punto de referencia es la mitad del siglo 19 (ver la Figura 1), que conoció una pequeña edad de hielo, con terribles períodos de hambrunas.

Fig 1. Temperaturas del aire en la estation de Hohenstaufenberg en Austria

(Fuente: Prof. C. Meier)

Si se toma como referencia a mediados del siglo 18, el aumento [i] no es más que de 0,1º C, y si se lo compara con la Edad media (siglos 10 al 12) tendríamos que hablar de un enfriamiento. Aún nos falta 1º C para alcanzar esas temperaturas. (Ver Fig. 2). En esa época los Escandinavos cultivaban trigo en Groenlandia! En otras palabras, el "recalentamiento" del planeta no le ha permitido a la tierra alcanzar todavía las tempe-raturas que habían en el año 1000 de nuestra era.

Figura 2

Y ciertos científicos expresan sus dudas acerca de la validez de algunos datos. La mayor parte de las estaciones meteorológicas se encuentran más y más encasilladas dentro de las zonas urbanizadas en donde la temperatura está influenciada por la cale-facción y las actividades industriales. En Nueva York la diferencia de temperatura entre la ciudad y el campo es de 3º C. En Buenos Aires [ii] la temperatura aumentó 1,5º C en un siglo mientras que en las zonas campestres que la rodean ha bajado ligeramente.  En la Antártida, en Laponia [iii] y en ciertas regiones africanas [iv] la temperatura tam-bién ha descendido. En la pequeña isla Valentia al sudoeste de irlanda y expuesta a los vientos del Atlántico no se ha registrado ningún aumento de la temperatura, como tampoco en Marruecos, ni en Nouakchott. Ni en el Polo Norte en donde, sin embargo, las longitudes de ondas del infrarrojo correspondientes a las temperaturas bajas deberían ser fuertemente absorbidas por el aumento del CO2.

También es asombroso que desde 1979 los satélites en órbita no han podido registrar un aumento de la temperatura terrestre. Al contrario, han detectado una disminución de las temperaturas (0,88º C en el Ártico) [v]. Estos datos satelitales están en un acuerdo perfecto con las temperaturas medidas por los globos sondas meteorológicos [vi] (Ver figura 3); con la medidión del espesor de los anillos de crecimiento de los árboles, o los cilindros de hielos polares que no muestran ningún recalentamiento desde 1950.

Figura 3 Fuente: (http://www.cato.org/)

El fenómeno es complejo: generalmente los inviernos se hacen más cálidos y los vera-nos más frescos; la temperatura aumenta al ras del suelo y disminuye en la altura. G.R. Weber publicó [vii] gráficos mostrando la media de las temperaturas estivales de 9 estaciones meteorológicas repartidas a través de Europa. Desde 1946 las temperatu-ras estivales han bajado 0,6º C. Esto condujo a algunos autores de los años 70 a ver llegar una nueva edad glacial [viii]. ¿Cómo explicar si no el aumento de tamaño de los glaciares de Alaska en 1 millón de km2 entre 1972 y 1980? El casquete glaciar de la Antártida aumentó igualmente en 14.800 km2 desde 1978 [ix].

Esto acaba de ser confirmado por un artículo en Nature y citado por el Worldwatch Institute en su publicación de mayo 2002. La cantidad de días en que los Grandes Lagos norteamericanos está cubiertos de hielo han pasado progresivamente de 35 días en 1965 a 45 días en 1995. En 1999, los Alpes han recibido una cantidad de nieve tan excepcional que Greenpeace lo atribuyó al "efecto invernadero". Pero en 1889 John Muir, fundador de la asociación verde Sierra Club, se quejaba ya entonces que la fuente de los glaciares de la Sierra de California, y ellos sucedía mucho tiempo antes del aumento del CO2 del siglo 20. En tiempos de los Romanos no había glaciares en los Alpes. Aníbal no tuvo problemas para pasar las montañas de Suiza.

En los Estados Unidos [x] los años de sequía no han aumentado. Los climatólogos sui-zos estudiaron los registros detallados hechos en su país sobre las cálidas de nieve y de insolación estival. No pudieron detectar ninguna evolución a lo largo del siglo 20. Y afirman que "Es una gran decepción cuando una ilusión atemorizante cambia frente a los hechos comprobados." [xi] Hasta los mismos expertos del IPCC (Panel Intergu-bernamental del Cambio climático), por lo común sumamente alarmistas, acaban de reconocer que "la cantidad de tifones, huracanes y otras tempestades no han au-mentado durante el curso de este siglo." [xii] El aumento del nivel de los océanos es tam-bién una falsa alarma. Hay sitios en el mundo en donde el nivel del mar aumenta (costa este de los Estados Unidos), otros donde desciende (Estocolmo) y en otros donde permanece constante (India, Australia). Los satélites no han podido determinar todavía un aumento del nivel general de los océanos. y si la temperatura realmente aumentase, la cobertura nubosa aumentaría, las precipitaciones de nieve en los polos aumentarían y los niveles de los océanos bajarían.

Nuestro clima está esencialmente regulado por el efecto "tampón" de los océanos y de los casquetes polares. El efecto invernadero no juega más que un papel secundario, la energía térmica almacenada en los océanos es 2000 veces más grande que la alma-cenada en la atmósfera [xiii]. Las variaciones de la circulación profunda de los océanos (la corriente El Niño en el Pacífico o las corrientes en el Atlántico Norte [xiv] tienen un efecto muy marcado sobre el clima. De tal modo se ha podido determinar con la ayuda de perforaciones de suelos de Portugal y por el análisis de conchillas de foraminíferos que, muy brutalmente, hacen 12.500 años la temperatura de ese país aumentaron 10º C en apenas 70 años. Las aguas cálidas bañaron súbitamente las costas de Portugal después de una perturbación de las corrientes del Atlántico causada por los cambios en la salinidad de las aguas de superficie causadas por las migraciones de témpanos de hielo del Ártico. Francia vio una pequeña Edad de Hielo desde el reinado de Luis XIV  hasta el de Napoleón III debido a los caprichos del Océano Atlántico.

Algunos científicos, en el Laboratorio Francés del Clima y del Ambiente predicen un nuevo enfriamiento de Europa [xv], que será debido a las perturbaciones de la circula-ción de las corrientes termohalinas [A] en el Atlántico Norte [xvi]. Los inviernos 1993-94 y 1995-96 fueron particularmente rudos en la América del Norte, con ventiscas como no se habían visto desde 1888 y 1947.

Los cambios del clima dependen igualmente de las variaciones en la órbita de la Tie-rra, de las variaciones de la excentricidad, de la presesión de la órbita y de la inclina-ción del eje terrestre. Estos factores cambian la insolación en uno y otro hemisferio durante el curso de las estaciones. De esta forma es que el Sahara y el Sahel fueron más húmedos hace 9000 años, y que el siglo 12 pudo conocer un clima ideal para nuestras regiones. Las curvas paleoclimáticas muestran que el clima terrestre fluctúa con los compuestos periódicos donde dominan los valores 19.000, 23.000, 41.000, y 100.000 años [xvii]. A esto se le superponen las variaciones irregulares de fenómenos tales como 'El Niño' [xviii] y que serían debidas, según descubrimientos recientes, a las erupciones volcánicas masivas debajo del Pacífico [xix].

Es la variación cíclica de las manchas solares (ver la figura 4) y del viento solar las pque parecen dar la mejor correlación con el clima de los últimos dos siglos [xx], con un coeficiente de correlación de 0,85.

Fig 4. Temperatura de superficie vs. número de manchas solares

(series de datos completadas por F. Massen)

En un siglo la luminosidad del Sol aumentó 0,3%, como lo demuestran las investiga-ciones alemanas y las danesas [xxi]. Se disponen datos sobre las manchas de sol y su variación cíclica, de una media de once años. Los ciclos más cortos que 11 años de-notan una actividad acrecentada del Sol y acarrean un aumento de la temperatura de la Tierra. Los últimos 5 ciclos solares fueron más cortos que 11 años [xxii]. Se pudo también confirmar la correlación entre la actividad del Sol y el clima mediante los datos hallados en la Ciudad Prohibida de Pekín acerca del comienzo de la floración prima-veral de las plantas en el valle del Yangtsé, que se remontan al Siglo 17. Los Chinos llenaron desde esa época 120.000 volúmenes sobre los datos de las inundaciones, sequías, y otros hechos climáticos de su país. Las recientes inundaciones del Yangtsé no son las primeras debidas el Niño [xxiii].

En relación a estas fluctuaciones climáticas, ¿cuáles pueden ser los impactos de las actividades humanas sobre ellas? Es muy claro que los efectos locales pueden ser importantes: todo el mundo sabe que es más caliente (hasta 5º C) en inverno en una gran ciudad que en el campo cercano, por causa del calor desprendido por las cale-facciones, los transportes y la actividad industrial. Pero, ¿puede tener un efecto signi-ficativo a escala planetaria?

La energía solar absorbida por el sistema climático (atmósfera-océano-hielos-tierra emergida-biosfera) es del orden de los 1016 watts. hay uinas 45.000 tormentas diarias en la Tierra, generando inmensas cantidades de óxidos de nitrógeno y dióxidos de azufre. Frente a estas cifras, el calor desprendido por la actividad humana no es más que una gota en el mar! [xxiv]

El CO2

Es verdad. Se ha medido que la concentración del CO2 en la atmósfera aumentó de 0,029% a 0,037% en 100 años. Pero las perforaciones en los hielos polares árticos dejan perplejos a los científicos. Ellas indican grandes variaciones de la concentración del CO2 en la atmósfera. Durante el período Cretácico y el Jurásico la presión parcial del gas carbónico en la atmósfera era de 4 a 16 veces más alta sin que la temperatura fuera más alta [xxv]. Vamos a hacer un balance del dióxido carbónico sobre la Tierra.

La parte más grande del CO2 se encuentra disuelta en los océanos,  que contiene 52 veces más que la atmósfera. Los océanos ejercen un efecto tampón considerable. El CO2 atmosférico se disuelve en el agua y es parcialmente absorbido por el fitoplanc-ton, pero la mayor parte precipita al fondo del mar bajo la forma de carbonato de cal-cio [xxvi]. Las rocas sedimentarias contienen 200.000 veces más CO2 que la atmós-fera. las reservas subterráneas de gas carbónico son enormes. En Australia, bajo el volcán Gambier, existe un lago subterráneo de bióxido de carbono. En los Estados Unidos se lo bombea a lo largo de centenares de kilómetros a partir de las napas subterráneas en dirección de los campos de petróleo para usarse como propulsante. La contribución humana por vía de los combustibles fósiles es menos del 4% del gran máximo de CO2 atmosférico, cálculos hechos a partir de la repartición de los isótopos de carbono. [xxvii]

Podría ser que la relación entre CO2 y temperatura fuese la inversa, es decir, que es el calentamiento intrínseco del planeta quien causa el aumento del CO2 en la atmósfera porque el CO2 es menos soluble en las aguas de temperaturas altas. Si se examinan con cuidado las curvas de la temperatura y los cambios de concentración de CO2 en los últimos 30 años, se podrá ver que las concentraciones de CO2 cambian con un retardo de 5 meses en relación con los cambios de temperatura.

El aumento de la temperatura debido al ciclo de las manchas solares provoca una liberación del dióxido de carbono por los océanos. El calentamiento del clima precede al aumento del dióxido de carbono en la atmósfera. Muy desconcertantes son los resul-tados publicados recientemente sobre las perforaciones en los hielos de la Antártida. Durante el Mioceno la temperatura era 5º C más alta que la actual aunque la concen-tración de dióxido de carbono era la mitad que la presente [xxviii].

En algunos momentos como en 1991 la concentración de CO2 permaneció constante en la atmósfera [xxix]. Es extraño dado que las emisiones antrópicas no había variado para nada. Las emisiones de polvo del volcán Pinatubo pudieron conducir a un enfria-miento del clima y de los océanos. Plutarco ya había caído en cuenta en el año 44 AC de las malas cosechas en Italia debidas a las erupciones del Etna. Hay tros quienes creen que al contrario, el polvillo de hollín emitido por los incendios forestales y los motores Diesel contribuyen al calentamiento. Ellos absorben el calor del Sol.

Otra hipótesis que merece consideración: a causa de los accidentes de los "super-tanqueros" los mares han sido recubiertos de una fina película de petróleo que frena la disolución del dióxido de carbono en el agua. Hace muy poco se descubrió el rol muy importante de las bacterias Synechocystis en la precipitación del CO2 en la forma de carbonato de calcio en los mares [xxx], lo mismo que el efecto de la concentración del hierro en el agua de mar sobre el crecimiento de las algas y del fitoplancton, grandes consumidores de gas carbónico [xxxi]. El fitoplancton muerto se hunde al fondo del mar y se estima que el stock de carbono así acumulado  es 30 veces mayor que el carbono vegetal que se encuentra en tierra firme.

Es útil combatir los derroches de energía y las emisiones de dióxido de carbono resul-tantes. Algunos países industrializados como la Gran Bretaña o Alemania las redujeron después de la crisis del petróleo de 1973 [xxxii]. Pero es inútil querer cambiar de un día para el otro una economía mundial basada en el uso de los combustibles fósiles. Los países del Tercer Mundo no permitirán que se les frene su desarrollo económico, y este desarrollo necesitará indefectiblemente de energía. En lugar de ser derrochado, el dinero usado para generar modelos climáticos en las computadoras sería mejor usado en el desarrollo de las nuevas formas energías.

El 99% del dióxido de carbono terrestre está ligado a las rocas en la forma de carbo-natos. Al tiempo de un aumento de la concentración del gas carbónico en la atmósfera, éste cae a tierra en la forma de ácido carbónico. Este ácido disuelve las rocas y las convierte en carbonatos de potasio y de magnesio en el fondo de los mares. Este fenómeno de disolución es todavía más pronunciado a temperaturas más elevadas. Ejerce un efecto de autoregulación sobre el efecto invernadero [xxxiii]. Dicho efecto regulador se puso en evidencia se puso en evidencia por las perforaciones realizadas en los sedimentos del Atlántico. Las perforaciones demostraron que en ciertas épocas hubo emisiones masivas de gas carbónico y de metano a la atmósfera que condujeron a un calentamiento de varios grados, pero que fueron reabsorbidos durante el curso de los siglos [xxxiv].

No nos olvidemos de la enorme capacidad de vegetación en crecimiento para absor-ber al gas carbónico a través de la fotosíntesis. Lo hacen los bosques jóvenes y no los bosques vírgenes y viejos porque la putrefacción de la madera genera tanto dióxido de carbono que la que absorbió la fotosíntesis [xxxv]. Además, las selvas tropicales tienen un efecto albedo importante: ellas absorben casi la totalidad de la energía solar iniden-te. En nuestras regiones se nota una disminución pronunciada del CO2 en el aire a finales de la primavera a causa del enorme consumo de este gas por las plantas en crecimiento. Un programa de reforestación en las regiones del Sahel o tropicales po-dría conducir a un enorme consumo de CO2 porque el crecimiento de los árboles es 10 veces más rápido que en las regiones templadas. En Colombia [xxxvi], por ejemplo, se abaten todos los años 600.000 hectáreas y sólo se replantan 4.000.

Un aumento del CO2 en la atmósfera no tiene efectos nefastos. Estudios hechos sobre 475 variedades de plantas han mostrado que la velocidad de crecimiento aumenta un 50% cuando el aire contiene 650 ppm de dióxido de carbono en lugar de 360 ppm como ahora. En algunos invernaderos se inyecta CO2  proveniente de instalaciones de combustión, porque el dióxido de carbono es la materia principal y mas esencial de la fotosíntesis [xxxviii]. La plantas viven, de hecho, en un estado constante de falta de gas carbónico [xxxix] y ellas consumen ávidamente todo el excedente de este gas y contra-rrestan todo aumento  momentáneo. El CO2 las ayuda a volverse más resistentes, a utilizar mejor los recursos minerales de los suelos pobres y a sobrevivir en las condi-ciones de insolación más débiles. Además, a concentraciones elevadas de gas carbónico los estomas de las hojas se abren menos y se reduce así la pérdida de humedad por transpiración. Las plantas que no pueden sobrevivir en regiones secas podrían repoblar al Sahel. Cada gota de agua es usada más eficazmente. Se agran-daría el hábitat de muchas especies, garantizando la biodiversidad. Los rendimientos agrícolas de muchas regiones aumentarían para beneficio de las poblaciones subali-mentadas.

Durante los últimos años, se han identificado otros factores antrópicos que podrían te-ner una influencia sobre el clima (metano, óxidos de nitrógeno, polvillos, sulfatos). El protóxido de nitrógeno -N2O-  está dotado de un poder de efecto invernadero 280 veces más alto que el CO2, y se ha comprobado que las cantidades emitidas por los océanos y los campos agrícolas son, por lejos [xl], superiores a lo que se creía [ xli]. Las concentraciones de metano (CH4) han aumentado 124% durante el último siglo [xlii] mientras que el CO2 no aumentó más que 30%.

Las emisiones de CO2 provenientes de los combustibles fósiles se acompañan de emisión de sulfatos (75 millones de toneladas anuales) halladas en la atmósfera bajo la forma de aerosoles. Ellos reflejan en parte a los rayos solares hacia el espacio, no permitiendo que lleguen a la superficie [xliii] y conducen así a un ligero enfriamiento. Esta explicación es usada ampliamente, sin embargo, por quienes no se han dado cuenta de que sus previsiones de aumento dramático de la temperatura hechos por sus modelos computados no se han hecho realidad.

Tampoco debemos olvidar el efecto variable de cobertura nubosa. Según los cálculos hechos por algunos autores [xliv], es 100 veces más importante que el efecto del CO2. El vapor de agua contribuye con el 98& del efecto invernadero, y el dióxido de carbono con apenas el 2% [xlv]. El CO2 es en efecto, totalmente transparente a la luz pra una gran gama de longitudes de onda [xlvi]. Absorbe cierta radiación infrarroja, pero la concentración natral de dióxido de carbono en la atmósfera es tal que ella absorbe ya casi toda la radiación de esas longitudes de onda. Una duplicación de la concentra-ción no puede aumentar el efecto invernadero más de un 0,1% [xlvii]. Por otra parte es difícil integrar la cobertura nubosa en los modelos climáticos computarizados, porque las nubes bajas tiene un efecto totalmente diferente que los cirrus. La evaporación de 20 mm de lluvia requieren de tres días a pleno sol. Una temperatura media más elevada daría por resultado una evaporación más intensa de los océanos, a mayor cantidad de nubes y a mayor lluvia. Otro efecto de autoregulación (se habla entonces del efecto de 'efecto casa blanca' en vez de 'efecto invernadero'). De hecho, las precipitaciones medias han aumentado un 10% en Europa y en América del Norte en el curso del siglo 20 .[xlviii]

Se acaba de descubrir también, que las algas unicelulares emiten grandes cantidades de sulfuro de metilo: 40 millones de toneladas anuales. En la atmósfera, el sulfuro se oxida y toma la forma de aerosoles que contribuyen a la formación de nubes [xlix]. Estos aerosoles tendrían un efecto mucho más pronunciado sobre el clima que no pueden tener los humos emitidos por los incendios de bosques [l]. En el fondo de los mares existen también aerosloes salinos. Los investigadores americanos acaban de determinar que ellos reflejan las tres cuartas partes de los rayos solares de regreso al espacio [li].

Los niveles de CO2 en la atmósfera del Congo y del Sahel son los mismos. Pero la cobertura nubosa hace que en el Sahara la amplitud térmica (diferencia entre mínima y máxima) sea de 55º C mientras que en Congo es de 5%.

El Recalentamiento y el IPCC

Al publicar a fines de los años 80 los informes que predecían un aumento de la tempe-ratura media de 2º C para el año 2025, y al difundir ampliamente informes alarmistas en los medios, el IPCC se colocó en una situación de "Erfolqszwang" (triunfo compulsi-vo". Las previsiones no se han verificado y los análisis más finos han mostrado que en el Hemisferio Norte la temperatura no aumentó desde 1940, y que el aumento global de 0,5º C en un siglo se produjo antes de 1920 y antes de la masiva emisión de gases de invernadero [lii]. Algunos de los inventores de los modelos computados (como James Hansen, de la NSAS) comenzaron a dudar ellos mismos de sus modelos y a reconocer que los bellos mapas del globo con colores rojos, amarillos y verdes que mostraron en la televisión impartiendo el miedo, influencian a los políticos en el IPCC pero no representan gran cosa [liii]. También en Alemania han comenzado a dudar de los modelos computados que han sido utilizados abusivamente para influir al público y a los políticos [liv].

Se puede preguntar por que los informes del IPCC son siempre pesimistas en cuanto a la evolución futura del clima, y que mantienen en silencio a los informes y estudios re-cientes y mucho menos pesimistas del European Climate Support Network (órgano de coordinación de los institutos meteorológicos de Europa), aquellos de la FAO, y de la UNESCO [lv]; el de la Academia de Ciencias de Francia y el publicado de manera conjunta entre la NASA y la EPA de EEUU; el informe de la Organización Meteoroló-gica Alemana [lvi] que acaba de publicar la siguiente posición: "El efecto invernadero humano no ha podido ser demostrado hasta ahora". (Es ist unstrittig, dass der anthro-pogene Treibhauseffekt noch nicht unzweifelhaft nachgewiesen werden konnte) [lvii]. El boletín de la American Meteorological Society acaba de poner en evidencia que los modelos computados se hicieron cada vez más complejos generando previsiones climáticas cada ves menos confiables.

El CO2 no es sólo alimento para las plantas, sino que además asegura el pan de cada día de muchos climatólogos pagados por el IPCC. O como dijo Eisenhower, "Un con-trato de investigación del gobierno adormece la curiosidad intelectual." El IPCC, financiado por las Naciones Unidas, es a pesar de todo, sumiso a las presiones de numerosos lobbys: ecologistas, industria nuclear, gobiernos del Tercer Mundo, petrol-eros, etc. Como lo dijo uno de sus climatólogos: "Para captar la atención de las auto-ridades y del público, nosotros tenemos que publicar informes simplistas y alarmis-tas y no hablar de nuestras propias dudas." [lviii]

Los informes Apocalípticos del IPCC son cada vez más cuestionados por los científicos  los climatólogos. ¿A quién le beneficia la duda? Ciertamente a los inves-tigadores que ven multiplicar los créditos y las misiones de estudio. Pero también a los gobernantes que se dan de esa manera, y con poco costo, aires de responsables pla-netarios.

Pero el gran defecto de todos esos políticos y de sus especialistas es su desmedida pasión por los viajes. Es necesario saber que se han contado, año bueno, año malo, de entre 20 a 30 reuniones organizadas por sus expertos para sus expertos. Y jamás en le mismo sitio. hermosa ciudad que Río de Janeiro, y bello país el Brasil. Pero el Japón y Kioto no vienen nada mal, o Buenos Aires, o cualquier playa exótica. las esposas que están a menudo de viaje se lo pueden confirmar.

Me uno a la Apelación de Heidelberg contra el catastrofismo, apelación firmada por unos sesenta Premios Nóbel, como también a la opinión del Profesor S. Fred Singer, profesor de Ciencias del Ambiente de la Universidad de Virginia: "Las bases científi-cas del efecto invernadero o del gas carbónico han sido cuestionadas y no justifican las acciones precipitadas. Las acciones drásticas y precipitadas que podrían tener un efecto dramático sobre el empleo en nuestros países y sorbe la pobreza en los países del Tercer Mundo, sin que se cambie para nada la evolución del clima."

Las termitas fabrican ellas solas tanto CO2
como toda la actividad humana .
Haroun Tazieff

Pobre hormiga humana que pretende
poder cambiar al clima de la Tierra !

Norbert Friob


[A] Son las diferencias de salinidad y de temperatura, y en consecuencia la densidad quienes son el motor de un inmenso tapiz rodante que pasa del Océano Atlántico al Océano Índico.

Referencias                                                                         

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