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Las Paredes de Kioto
Se Están Desmoronando


por Hans Labohm
originalmente publicado en TechCentralStation Feb. 14, 2005

Una campaña de alto perfil del gobierno Británico - haciendo foco sobre la discusión de un nuevo reporte alarmista de la Fuerza de Tareas Internacional del Cambio Climático: "Enfrentando al Reto del Clima," - ha intentado apuntalar al tratado de Kioto. El mensaje principal de este informe es que resulta vital que las temperaturas no suban más de 2º C por encima sus niveles pre-industriales. Los niveles de dióxido de carbono atmosférico que causarían este brusco cambio se podrían alcanzar dentro de 10 años, o algo así.

La fuerza de tareas fue montada por el "tanque de pensadores" favorito de Tony Blair, el Instituto Británico para Investigación de Políticas Públicas, junto con el Centro del Progereso Americano y el Australia Institute. El grupo fue co-presidido por Stephen Byers, un ex ministro de transporte del gobierno Laborista (cuyas credenciales científicas en el campo de la climatología habían permanecido como un bien guardado secreto hasta entonces), y la Senadora norteamericana Olympia Snowe. Para asegurar un resultado políticamente correcto de la maniobra, sus instigadores aparentemente no quisieron correr el riesgo de invitar a prominentes climatólogos para que contribuyesen con sus opiniones.

No obstante, el informe fue la piedra basal de una conferencia del gobierno Británico en Exeter, en el sudeste de Inglaterra, entre el 1 y el 3 de febrero pasado. La conferencia, 'Evitando el Peligrosos Cambio Climático', fue anunciado por el Primer Ministro Tony Blair, y tuvo la intención de brindar el contexto científico de los esfuerzos Británicos para convertir al tema del clima en el asunto central de sus presidencias del Grupo de los 8 (G8) y la Unión Europea este año. La conferencia estuvo encargada de examinar el impacto del cambio climático, estipulado de antemano como catastrófico.

El muy conocido escéptico del clima, Benny Peiser, estaba entre la audiencia. Sus primeras impresiones:

“Acabo de regresar de la conferencia más deprimente que haya asistido jamás. Después de dos días de interminales andanadas de predicciones de condenación y horror en la conferencia de la Oficina de Meteorología sobre "Evitando el Peli-groso Cambio Climático," decidí que ya era demasiado. Basta.

'La despiadada exposición a las profecías de inminentes edades de hielo, amena-zas de fuegos infernales, hambrunas masivas, mega-sequías, epidemias globales y extinciones masivas, es una experiencia que no recomendaría a nadie que tenga una piel delgada y una "cara blanda" (aunque los medios parecían que no recibían lo suficiente!).

Pero tal era el espectáculo de inminentes desastres que quien se atreviese - o se le permitiese - preguntar si el cielo realmente se estaba cayendo sobre nuestras cabezas (y había por lo menos una media docena de alarmistas moderados pre-sentes), era calificado como "sospechoso usual" … El resultado final fue que el presidente Británico de la conferencia trató y fracasó en impulsar una resolución definiendo niveles de crisis para los aumentos de temperatura y concentraciones de CO2.”

El encuentro en Exeter fue precedido de una conferencia, 'Apocalipsis, No!' organizada por la Scientific Alliance (Alianza Científica), un grupo independiente de científicos sin financiación de los contribuyentes, el 27 de enero, en la Royal Institution (Londres). Los oradores fueron los Profesores David Bellamy, Richard Lindzen, Fred Singer, Nils-Axel Mörner, y Benny Peiser.

Ellos se refirieron, entre otras cosas, a las afirmaciones derivadas de los modelos de computación y dieron ejemplos de 'ajustes y afinados', en donde habían tantas variables y parámetros ajustables, que el modelado simplemente terminaba siendo una simple ade-cuación de curvas a la tesis prestablecida. La conclusión era que la probabilidad de que los modelos computados estuviesen correctos, con todos esos parámetros ajustable, era CERO. En relación con la afirmación del IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático), de que los modelos pueden conformarse a las temperaturas medias globales observadas, Fred Singer se refirió a una linda cita del famoso matemático John von Neumann: "Con cuatro parámetros yo puedo adapatarlo a un elefante, y con cinco, puedo hacer que balancee la trompa."

En una posterior carta al The Times de Londres, Sir Ian Lloyd, comentó:

'La conferencia organizada por la Alianza Científica el jueves pasado, [...] fue, en mi opinión, sobresaliente en su calidad, convicción, imparcialidad y autoridad de los oradores. Cualquiera sea la visión que alguien tenga sobre el llamado "conen-so científico" sobre el calentamiento, los sólidos hechos y argumentos presenta-dos merecen mucha más atención y discusión de la que han recibido hasta ahora en la prensa Británica en su totalidad."

¿Cómo enfrentar a la tentación aparentemente irresistible de los adherentes de Kioto para asustar al público mediante orquestadas campañas de 'traficantes de terror' basadas en pseudo ciencia? El muy respetado modelista del clima alemán Hans Von Storch (quien no es un escéptico del calentamiento) recientemente advirtió que existe un serio problema para las ciencias naturales, concretamente,
la descripción y pública percepción del cambio climático". La investigación ha llegado a una crisis porque sus actores públicos se sostienen a ellos mismos en el mercado saturado de discusiones, sobrevendiendo al tópico, Dice Von Storch:

“El patrón es siempre el mismo: el significado de eventos individuales es proce-sado para adecuarlo a los medios y astutamente dramatizado; cuando se citan los pronósticos para el futuro, entre todos los escenarios posibles se elige siem-pre al que tiene las mayores tasas de aumento en la emisión de gases de inver-nadero - y con ellas las más drásticas consecuencias climáticas. Las versiones igualmente plausibles, con emisiones mucho menores son ignoradas.”

“¿A quién le sirve esto? Se supone que el miedo puede motivar a los que escu-chan, pero se ha olvidado que los movliza sólo a un muy corto plazo. [...] Cada reciente afirmación acerca del futuro del clima y del planeta tiene que ser más dramática que las anteriores. Una vez que se han profetizado olas de calor Apocalípticas, la extinción de animales causada por el calentamiento ya no atrae más la atención. Es tiempo de moverse entonces a la inversión de la Corriente del Golfo. Y así surge una espiral de exageraciones. Cada paso individual puede parecer inofensivo, en total, sin embargo, el conocimiento sobre el clima, las fluctuaciones climáticas, y los cambios y efectos climáticos que son transferidos al público se hacen dramáticamente distorsionados.”

“Por desgracia, los mecanismos para la corrección dentro de la ciencia han fraca-sado. Dentro de las ciencias, las dudas expresadas sobre la actual evidencia científica de las catástrofes climáticas son vistas como inconvenientes, porque perjudican a la "buena causa," en especial porque pueden ser "usadas por los escépticos." Se acepta el incremento de la dramatización, mientras que cualquier corrección de la exageración es vista como peligrosa, porque es políticamente inoportuna. Las dudas no se hacen públicas, en su lugar, la gente es llevada a creer en un sólido edificio de conocimientos que sólo tiene que ser terminado en su parte exterior.”

Y Von Storch concluye diciendo:

“El resultado de esta auto censura en la mente de los científicos es un oído sordo para las ideas nuevas y soprendentes que compiten, o aún contradicen, los pa-trones convencionales de explicación. La ciencia degenera en un taller de repara-ciones para aseveraciones de conocimientos populares políticamente oportunas. Así, no sólo se hace algo estéril, sino que la ciencia pierde su habilidad de acon-sejar al público de manera objetiva.”

Entonces, ¿Qué hay de las políticas del calentamiento global? La conferencia interacional del clima en Buenos Aires, en diciembre pasado, ha sido un desastre para los Kiotistas. Los Estados Unidos y Australia han reafirmado su decisión de no participar. Además, Chi-na, India, y otros países del G-77 han dejado claro que no aceptarán ningún compromiso para reducir sus emisiones en 2012, cuando el Tratado de Kioto Mark I expira. Más sor-presas: Italia anunció que se retirará del proceso de Kioto en el mismo año. Es plausible suponer que otros países Europeos, en particular Rusia, seguirán el mismo camino.

Contra este fondo de situación, ¿tendrá éxito Tony Blair en convencer a EEUU y Australia para que suban a bordo - como un primer paso a una mayor aceptación global de Kioto? A mí me parece altamente improbable. ¿Pero cuál será la evaluación de Blair? De hecho, no la sabemos.

Pero Tony Blair no es ni un tonto ni un fanático. Él tiene excelentes instintos políticos. Ade-más, es un sobresaliente estratega. Probalemente estará muy bien informado. Por otra parte, está siendo aconsejado por el noble guerrero del calentamiento y fanático de Kioto, Sir David King, el principal consejero científico del gobierno Británico, que calificó al cam-bio climático como un peligro mucho mayor que el terrorismo internacional.

Pero por otro lado, uno puede suponer que Blair también estará surtido de información más moderada, por ejemplo, por parte del The Economist, que recientemente publicó un artículo presagiando la inversión de la marea del calentamiento. ('Calentándose: El Debate sobre el Calentamiento Global se Está Volviendo Rencoroso', Febrero 4, 2005). Entonces, ¿cómo resolver este dilema?

Tony Blair es un duro en seguridad y en la economía. Su postura en Irak y las reformas recientemente anunciadas del esquema de pensiones de invalidez, son algunos ejemplos. Con esto último él trata de imponer una sana dosis de ética de trabajo en su rebaño. Por el otro lado, tiene que mantener sus credenciales izquierdosos para agradar al ala izquierda de su partido. Kioto, la querida de la Izquierda, le ofrece una oportunidad dorada para hacerlo.

De manera que tiene que adoptar la postura de un feroz defensor de este proyecto mesiá-nico. Cuando fracase, él podrá mostrar claramente que hizo lo más que pudo para tener éxito, pero que tuvo que doblar su brazo ante fuerzas de oposición muy superiores, a las que puede culpar. Por supuesto, los candidatos favoritos de Europa para este rol incluyen a los norteamericanos y/o al Presidente Bush. A continuación, Blair puede salir de escena sin heridas y quedar como un héroe.

Pero, por supuesto, esto es ridículo, y hasta malicioso, especular que esta clase de preme-ditación es parte de los cálculos de Blair. Por consiguiente, el lector deberá inmediatamen-te borrar esto de su memoria.


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