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Capítulo 4:

T-Rex Devora al Planeta

por Christopher Essex y Ross McKitrick

(Traducción al Español de Eduardo Ferreyra)


Explicamos en capítulo anterior que nuestro reto es pensar científicamente sobre una escala de la naturaleza que no experimentamos directamente, a saber, el clima. Mediciones y teoría invo-lucrarán algún tipo de promedios sobre nuestras observaciones de todos los días a escala huma-na. Pero la ascensión desde la teoría a escala atómica hasta la del dominio medio nos enseñó una lección clave: No cualquier promedio funcionará.

Dimos un ejemplo de los fluidos, en donde el promediado se hizo de manera plausible pero inco-rrectamente, rindió ecuaciones que no describen fluidos verdaderos y contienen variables pro-mediadas que no corresponden a la realidad física. No todos los promedios nos dan caminos para subir la montaña: algunos conducen a callejones sin salida, y otros a profundos precipicios.

En este capítulo vamos a hablar sobre todo el asunto de promediar las temperaturas. Hay un sentimiento intuitivo de que estudiar el clima requiere que se promedien las temperaturas. Ba-sados en esa intuición, la gente sigue adelante y hace toda clase de promedios, en todo tipo de maneras, sin ninguna base teórica para ninguna de ellos. Y, no debe sorprendernos, los prome-dios no necesariamente concuerdan entre sí. Pero, todavía no estamos seguros de lo que significa cualquiera de ellos.

En el último capítulo, el profesor Caloría J. Termos presentó una cuestión básica sobre la tempe-ratura que raramente es discutida en relación con el clima. Los promedios de las temperaturas son físicamente problemáticos. Empero, los promedios son tan incuestionablemente aceptados que es necesario que revisemos este asunto en profundidad. Hay grandes debates sobre el proceso de creación de promedios y hay una ingenua fe en que todos los promedios producidos “adecuadamente” tienen que ser los mismos. Ya hemos visto que esto no es verdad en la clase del Profesor Termos, pero esta historia está tan profundamente arraigada que llevará más de una narración para ue se comprenda cabalmente.

Pánico en las calles

Abril 2002 en Ontario comenzó con condiciones veraniegas. Los noticieros ofrecían entrevistas a la gente de la calle con importantes preguntas sobre el calentamiento global. Pero esto sólo duró un par de días. El tiempo se volvió súbitamente frío – 20 a 30º C más frío. A fines de Abril hubo nieve en los techos. Hubo nieve en las primeras semanas de mayo y granizo de hielo a mediados del mes. Estas no son en Ontario condiciones “promedio”; de ninguna manera.

Mientras que muchos deseaban el tiempo más cálido, para nosotros fue un alivio. Las encuestas revelaron que durante este tiempo la creencia en el calentamiento global había disminuido. Du-rante algunos pocos y tranquilos días, no hubo historias espeluznantes sobre el calentamiento global. Pero regresaron no bien se calentó lo bastante como para hacer que los editores de noti-cias encendieran los acondicionadores de aire de sus autos. Curiosamente, no se enviaron repor-teros a investigar si la nieve de primavera señalaba el comienzo de una nueva edad de hielo. En algún tiempo ello podría haber ocurrido, pero no todas las histerias son iguales.

A medida de que Christopher Essex manejaba su auto a mediados de abril, la nieve y el hielo granular salpicaban su parabrisas. Pero el termómetro de su auto marcaba una temperatura exterior de 6º C, que está bien por encima del punto de congelamiento. ¿Cómo puede haber nieve por encima del punto de congelación? Es sólo una paradoja si usted piensa que existe nada más que una sola temperatura en el mundo, o si usted cree que nada sucede excepto frío y calor. Pero la gente que habla sobre el cambio del clima quiere hacer foco sobre la temperatura, con exclusión de casi cualquier otra cosa.

Ellos hablan de cualquier cifra de temperatura en vez de un campo de temperatura. La ironía es que el único mundo en el que se podría hablar sobre el clima en términos de una única medición es en un mundo en el que jamás habría un cambio de clima! Repitiendo uno de los puntos de Profesor Termos del Capítulo 3, la temperatura no es un valor simple en ningún sistema físico – excepto en un sistema en equilibrio termodinámico – un estado del sistema en donde todos los procesos que están por ocurrir ya han ocurrido, todo se ha aquietado y nada cambiará nunca más.

La Tierra no está en ese estado para nada. Si lo estuviese, no podríamos tener un cambio de clima y no habría nada sobre qué hablar en este libro. De manera que en la Tierra no existe un único valor para la temperatura. Por ello es que el granizo helado se puede formar aún cuando la temperatura era de 6º C. El granizo se formó donde hacía más frío y fue transportado hasta donde estaba más caliente, justo del lado de afuera del parabrisas de Chris.

Tampoco hay sólo unas pocas temperaturas. Hay más temperaturas que lugares en donde ubicar termómetros. En cada punto, hay una temperatura para el material que está en ese sitio. Se hace más complicado todavía si hablamos sobre el campo de radiación de la atmósfera, de manera que no lo haremos. Existen infinitas temperaturas a medir debido a que hay infinitas temperaturas a nuestro alrededor. Hay infinitas en las montañas y en las nubes y en el fondo de los océanos. Hay temperaturas por todas partes. Están siempre cambiando, y cualquier lugar en particular no necesita tener la misma temperatura que ningún otro lugar en particular, aún cuando los dos no difieran mucho entre sí. La temperatura es un campo y no un solo valor. No es el único campo físico relevante. En realidad no es tan especial. Pero la temperatura es la única cantidad de la que todo el mundo habla cuando se trata del clima, de manera que tenemos que hablar de ella como si fuese algo realmente especial.

Para especificar al campo de temperatura, uno tiene que saber cuáles son todas las temperaturas en cada lugar de la Tierra (en el suelo, en el cielo y los mares) en un instante en particular. Esta es una enorme cantidad de información para manejar, pero todavía no es la suficiente para decirnos cuál será el campo de temperatura dentro de 10 segundos o en 10 meses. El campo de tempera-tura no contiene la información necesaria para decirnos cuál será al próximo instante.

Para hacer eso, necesitamos resolver todo el problema físico discutido en el Capítulo 3, que invo-lucra otras propiedades físicas además de sólo el campo de temperatura, como ser el campo de presión. Como vimos entonces, eso nos llevó a darnos de frente contra el insoluble problema de la turbulencia y otros duros problemas de la ciencia moderna. Nadie sabe como resolverlos.

Sin embargo, supongamos que podemos conseguir un campo de temperatura en cada instante durante un largo intervalo de tiempo. A algunas personas les gustaría tratar a esta colección de campos de temperatura como aleatoria, aunque no lo es en realidad, y a casi todo el mundo le gustaría reemplazarlos con un único número para cada instante, aún cuando la física no nos dice como hacer eso con la temperatura.

Recuerde que el Profesor Termos nos explicó que la temperatura es una variable termodinámica intensiva. De modo que ninguna regla para obtener promedios es preferible a ninguna otra. Además, él nos mostró que algunas clases de promedios van para arriba mientras que otros van para abajo, cuando se les aplican los mismos datos. Diferentes promedios no dicen todos la misma cosa. Uno necesita alguna razón física específica para preferir algún promedio en lugar de otro – y no hay tal razón para campos de variables intensivas. Esta es la manera en que la naturaleza de decirnos que el campo de la temperatura debería ser dejado como campo y que ningún único número será capaz de representarlo o reemplazarlo.

Pero la gente no escucha a menudo los pequeños indicios de la naturaleza. Ellos siguen delante de todos modos, y eligen cualquier manera de obtener promedios No tiene ninguna base física. Es sólo una tradición, y parece muy especial, pero no lo es. El único número que la gente usa para reemplazar al campo en algún instante no se llama “un” promedio, como en verdad es, sino que lo llama “el” promedio, como si no hubiese otra opción a causa de alguna misteriosa de las estadísticas.

Vamos a ver en lo que sigue que diferentes promedios de datos del clima rinden diferentes comportamientos. El profesor Termos probablemente bostezará con esto, pero ha causado gran consternación. La Doctrina descarta alternativas y mira sólo a un promedio en particular. Es mucho más compulsivo si el clima está haciendo una simple cosa en lugar de una infinidad de cosas ambiguas, complejas e inescrutables. Es mucho más monstruoso tener a todos los ojos fijos con temor en una bestia imponente con un avasallante mensaje.

Cuando pensamos en reducir la dimensión del problema nos damos muy rápidamente con pre-guntas imposibles de responder. Supongamos que ignoramos todos los puntos en la atmósfera y en el océano, excepto aquellos directamente sobre la superficie. Este no es el campo de tempe-ratura completo, pero supongamos que estamos solamente interesados en los valores de superficie. Todavía necesitamos una cantidad infinita de valores para determinar al campo de temperatura en la superficie, aún cuando intentemos más tarde colapsarlo en un solo número. Pero supongamos ahora que no tenemos todos los valores de la superficie. Supongamos que nos falta un infinito número de valores a cualquier instante a excepción de unos pocos miles. Y una cosa más: supongamos que nos falta un infinito número de instantes cuando medimos al campo de temperatura, y bien, no nos preocupemos demasiado por ello en estos momentos.

Aún cuando tenemos una pálida sombra de lo que nos ha quedado, todavía existe un número infinito de reglas para obtener promedios que podemos aplicar a los datos que tenemos. De todas esas posibles elecciones, ha emergido una clase particular de reglas que se hizo costumbre. Hay todavía un considerable espacio para maniobrar, que discutiremos más tarde, pero la Figura 4.1 es el resultado de aplicar todas las tradiciones y rituales acostumbrados al resto de datos del campo de temperatura para obtener un único número en el tiempo. A mucha gente le gusta. Es todo lo que siempre han soñado.


Figura 4.1: El T-Rex, Enero 1900 hasta Diciembre 2000, de acuerdo al IPCC.


El sitio de Internet de donde hemos obtenido estos números lo llaman “Temperatura Global”.(1) Por supuesto, no es la temperatura global. No existe tal cosa. Es sólo uno de los infinitos números posibles que pueden destilarse de los infinitos números que componen el campo de la tempera-tura en cada instante. Este número es más apropiadamente llamado “una estadística”, si se hace de manera consistente.

El gráfico muestra una secuencia de valores mensuales a lo largo del Siglo 20. Aunque los núme-ros se refieren a períodos que van hasta el comienzo del siglo pasado (y hay más hasta tan lejos como 1856), es sólo muy reciente el tiempo en que la gente comenzó a juntar los datos y graficar esta clase de estadística. En consecuencia, existe muy poca comprensión sobre como se cons-truye y qué significa. Pero es una maravilla de contemplar, y la gente (hasta expertos) suponen que ellos saben qué significa, de manera que ahora ocupa el centro de la escena en la película de horror del cambio climático.

En algunos cuarteles la Figura 4.1 está tan identificada con la temperatura, y tan central en la conversación sobre el clima, que es simplemente llamado T por temperatura. En esos cuarteles, a la gente le gusta tanto que se espera que cuando ellos dicen “T”, usted sepa que ellos están mencionando a los números de la Figura 4.1. Para la Doctrina, T es el Rey: T-Rex. Como un Tyranosaurus Rex virtual, devora a todas las demás sensibilidades científicas. Parece ser importante no pensar en ninguna otra propiedad física de la naturaleza. Para la Doctrina, “T” – aumentada por encantamientos, augurios y señales – es todo lo que existe.

Entre quienes consideran a T el rey del clima, existe una no declarada pero ampliamente soste-nida creencia de que debería ser plana. Si sube, como lo hace en la Figura 4.1, se considera que esto debería ser causa de alarma. No resulta muy claro por qué T-Rex tendría que ser plana, como tampoco qué significa realmente una pendiente ascendente. Pero como es llamada la “Temperatura Global”, un movimiento ascendente es llamado “Calentamiento Global”. Y la Doctrina dice que el Calentamiento Global es malo. Desembrollar estas ideas llevará los próximos cuatro capítulos. En este, comenzamos contándole qué es T-Rex y qué no es.

Piense en la figura 4.1 en términos de una mala película de horror categoría B. Algún científico loco se lanza a reconstruir un dinosaurio. Pero hace un rejunte de otras cosas en vez de ello. De un montón de huesos reales, él obtiene un extraño y temible monstruo que jamás existió. Muestra una foto espeluznante de su trabajo que aterroriza a la gente. Se produce el pánico, y la gente corre desesperada por las calles de la ciudad, causando caos y destrucción. Entonces las Nacio-nes Unidas llama a un nuevo Super Héroe, el gran Kioto Verde para que subyugue a la bestia y construya una jaula lo bastante poderosa para encerrarlo. Hurra! Estamos salvados! The End. Pasan los créditos.

OK, nadie cree en un cuento tan estúpido, al estilo Godzilla. ¿Por qué alguien se asustaría por una imagen espeluznante? Especialmente si no está claro qué es la cosa o si realmente existe. Pen-sándolo otra vez, quizás la gente debería creer en una historia semejante. Después de todo, es muy parecido a lo que ha pasado con la figura 4.1. La gente entró en pánico a causa de una imagen. La gente cree que es la imagen de algo que tiene una realidad física. Creen que muestra que algo terrorífico está sucediendo a “la” temperatura. En su pánico, se ha incubado un plan para salvarlos, manteniendo a “la” temperatura constreñida dentro de límites “seguros”.

Pero esto no es la temperatura de la Tierra. No es la temperatura de NADA. Es solamente una estadística que se ha convertido en un monstruo sociopolítico. El profesor Termos diría que no es difícil ver que está muy desconectada del mundo físico. Diría el profesor que podría haber un gran desastre climático sin que haya ningún movimiento (hacia arriba o abajo) en la figura 4.1. De manera alternativa, los valores en figura 4.1 podrían saltar de la página sin que nada importante ocurra a nuestro alrededor. Tratar de encuadrar al asunto del cambio climático en términos de movimientos hacia arriba o abajo en la Figura 4.1 es un ejemplo de la clase de pensamiento metafórico perezoso que sirve para nublar los verdaderos temas e impedir profundizar nuestra comprensión. Como tal, le viene de perlas a la Doctrina.

Comenzaremos contándole muy brevemente la manera en que T-Rex es armado. También le contaremos sobre el debate de si es verdaderamente confiable. Algunos de los argumentos dan por descontado de que se trata de un objeto físico real en vez de muchos objetos matemáticos ambiguamente relacionados. Desde nuestro punto de vista, este debate es como el viejo adagio de cuántos ángeles puede bailar sobre la cabeza de un alfiler – excepto que nadie ha debatido hasta ahora esa cuestión.

El debate en sí mismo – buscar la mejor manera de determinar algo que carece de significado físico – es en última instancia infructuoso. La Figura 4.1 no es lo que afirma ser. No es la “Tempe-ratura Global”. No estamos totalmente seguros de qué se trata ni qué es. Pero, cualquier cosa que sea, puebla las pesadillas de mucha gente como un T-Rex que devora la sensibilidad física que la gente normalmente tendría.

Los Huesos del T-Rex

Muchos lectores de este libro sabrán casi nada acerca de la clase de números que componen al T-Rex, o el origen de los mismos. Pero tienen la vaga idea de que, en última instancia, provienen de termómetros, y la gente se siente cómoda con los termómetros. Más allá de eso, les preocupa muy poco los detalles. Se figuran que se trata de la temperatura “global”.

Quizás no piensan que existe un termómetro global en la estación global de temperatura, pero la gente habla todo el tiempo sobre un particular tipo de promedio de temperatura. Ellos tienen una sensación de la temperatura “regular” en un día dado. Los pronosticadores de la TV los llaman “normales”, como sugiriendo que es “normal” que la temperatura tenga ese valor.

Están normalmente pensando en una media cuando hablan de normales. La media es simple-mente la suma dividida por la cantidad de datos. En lo que sigue aquí, el “promedio” o “lo normal” se referirá siempre a una media. Pero seguiremos necesitando decir específicamente lo que la gente quiere decir con “la media”.

Los estadísticos llaman a la diferencia entre la normal y la temperatura observada una “anomalía”, como si cualquier otra cosa fuera de lo normal es anómalo. Esto podría confundir a una persona si no es cuidadosa. “Normal” es sólo un valor medio en un lugar durante un particular período de tiempo. Pero no obtenemos todas las temperaturas locales, sino sólo algunas medidas en momentos específicos.

Alguien necesita elegir cuál es el período de tiempo para acopiar los valores que formarán la media. No hay ninguna regla física que pueda ser seguida. El intervalo será siempre arbitrario y el promedio no necesita ser el mismo en los intervalos de tiempo. Elija un período diferente y “la normal” cambiará – aunque las leyes de la física no lo hagan.

Suponga que elegimos un período de tiempo extremadamente corto para hacer un promedio. Suponga que en lugar de años elegimos dos días. Un día en junio a las 6.00 PM podría ser 16º C, y al día siguiente podrían ser 20º C. Si usted define a la normal como el promedio de las 6:00 PM a lo largo de esos dos días, usted llegará a la conclusión de que el primer día fue “más frío que lo normal” y al segundo, como “más caliente que lo normal”.

Si en lugar de ello usted ve a esos días en términos de un promedio durante los último 30 años, podría resultar que ambos días fueron más fríos que lo normal. Pero no hay razón para hacer un promedio de 30 años. Usted podría promediar las temperaturas durante los últimos 300 años. Durante ese lapso podría descubrir que ambos días fueron más calientes que lo normal. La temperatura se mantiene fija; es sólo con lo que la comparamos quien nos dice si ellas están por encima o debajo de lo normal.

Existe una convención para usar un período de exactamente 30 años para definir lo normal. ¿Por qué 30 años y no 20, 42 o 300? No hay otra razón física que la tradición. La tradición podría haber elegido un período más largo, pero no tenemos suficientes registros meteorológicos en la mayor parte del mundo para hacer esa elección. Pero esa no es una base científica para elegir a una desechando a la otra; es solamente una tradición originada en la consistencia y conveniencia. Si halláramos alguna cosa que fuese más conveniente podríamos obtener respuestas diferentes a si nuestros dos días estaban por encima o por debajo de lo normal.

No hay ninguna razón para decir que el período de 30 años es lo “normal,” mientras que el prome-dio sobre 300 o 300.000 años no lo es. No hay una “temperatura normal”, si por ello queremos significar alguna temperatura a la que el termómetro quedaría fijo de manera permanente. A pesar de ello, a los pronosticadores del tiempo les encanta hablarnos de “normales”. Podría ser que la temperatura de hoy está por encima o por debajo del valor numérico promedio de un intervalo de 30 años en particular. Si la gente lo encuentra interesante, entonces que así sea. Pero hay un problema al usar este tipo de lenguaje.

Al adoptar términos como “normal” y “anomalía”, hemos escamoteado un enorme y no declarado conjunto de expectaciones sobre el comportamiento del clima en esta discusión sobre el clima y la temperatura. Estas expectaciones no tienen su origen en alguna teoría científica.
No hay nin-guna teoría del clima. Provienen de una combinación de conveniencia y tradición. No hay nada de normal en un “normal”, y nada anómalo en una “anomalía”. De hecho, sería altamente anormal si no existiesen “anomalías” y la temperatura fuese siempre “normal”. Estos términos son simple-mente jerga para los números que describen lo que está sucediendo hoy comparado con lo que aconteció en el pasado. Los estadísticos que usan esta jerga no usan las palabras de acuerdo al uso normal del idioma, y usted no lo debe interpretar como tal.

Blips

T-Rex está construido a partir de estas llamadas "anomalías y normales”, que a su vez se derivan de las lecturas de termómetros ubicados en una cajas blancas con agujeros en sus costados, montadas en soportes y distribuidas aquí y allá en todo el mundo, en su mayoría en los Estados Unidos y Europa.

Hemos dicho ya que T-Rex es una estadística y no una temperatura de algo. Esa es una idea lo bastante simple, pero permanece siendo una consecuencia matemática del procedimiento de obtener la media que aún tiene unidades de temperatura. Usted puede convertir la estadística de Celsius a Fahrenheit, por ejemplo.

Sin embargo, si decimos repetidamente que T-Rex aumenta o disminuye en, digamos 1º C, ¿cómo podría usted resistir la idea de pensar acerca de los cambios en términos de temperatura del aire alrededor suyo? ¿Cuánto tiempo podría resistir usted imaginar que existe una estación meteorológica global que mide la temperatura de toda la Tierra?

No sería usted el primero en pensar de esa manera. Mucha gente muy lista no ha podido resistir ese impuso. La “Temperatura Global” no puede ingresar por la puerta grande del discurso cien-tífico porque no tiene ningún sentido físico, pero que se ha colado por una puerta trasera semántica cuando nadie estaba mirando.

De modo que tenemos un plan para ayudar. Hemos desarrollado un nuevo término para describir las unidades Celsius del cambio para la estadística de la figura 4.1. La unidad especial indicará que no estamos hablando de la temperatura de alguna cosa física en la naturaleza sino de valores de una estadística.

Lo llamamos el BLIP, abreviado a “B”. Midiendo el cambio en Bs en lugar de º C, le recordare-mos a usted que estamos usando una estadística y no una temperatura, mientras que se le permite retener sus unidades. Puede decirse a usted mismo que el Blip sería como un grado Centígrado (o Celsius) pero entonces el concepto entraría a su mente a través de la puerta del frente.

Los Huesos de la Discusión

Las temperaturas medidas en los termómetros dentro de las cajas blancas (también llamadas “estaciones”) no son usadas de manera directa para producir los datos para la Figura 4.1. En vez de ello, las temperaturas son cambiadas restándoles la
“normal” local. Estas temperaturas alteradas, o anomalías locales”, van a una media sopesada. Las estaciones que tienen muchas otras estaciones cercanas tienen menor peso que las estaciones más alejadas en dirección a los polos. Esto se llama en inglés “gridding” que se puede traducir como “enrejillado” o cuadriculado, y se intenta dar una escala mayor o menor de la estación basado en la cantidad de superficie de la Tierra que se ha tomado como que representan.

Esta es
una conjetura de los modelos. Dice que las estaciones que están más separadas de las otras se aproximan mejor al campo de temperatura que el de las estaciones que están muy cerca entre sí. No es descabellado, pero subraya desde el comienzo que no estamos trabajando con el verdadero campo de temperaturas de superficie sino con una sombra de la cosa real.

También significa que el promedio está basado en dar “peso” por área superficial, de manera que las temperaturas en la cuadrícula o rejilla
no son temperaturas reales. Por supuesto, no existe ninguna razón para “pesar” los sitios de los termómetros en esta manera física. Podríamos muy bien “pesarlas” por medio de algunas suposiciones sobre, como ser, volumen o masa, o nada en absoluto, lo que nos llevaría a medias ligeramente diferentes. Esta sería una idea molesta para algunos que creen que existe solamente “un promedio”, lo que por desgracia incluye a muchísima gente.

Ya que el mundo físico no determina cuál de los muchos físicamente naturales promedios tenemos que usar, como podría hacerlo para las cantidades no-intensivas, los promedios de temperaturas no tienen ningún significado físico en particular. En vez de descartar todos los promedios, extra-ñamente, eso trae a la discusión a todos los promedios. Los promedios no son variables físicas, pero cada uno es una estadística. No hay dos estadísticas que deban comportarse de la misma manera, como ya lo hemos visto.

Encontraremos que esto es así para diferentes estadísticas del completo campo de temperatura en la atmósfera, aunque alguna gente se afana y lucha para probar que deberían ser iguales, porque piensan erróneamente que sus queridas estadísticas son genuinas variables físicas.

En lo que sigue, descubriremos que aún los más competentes intentos de medir la misma esta-dística no concuerdan a causa de las ligeras diferencias en cómo los números son cosechados durante los ligeramente diferentes procesos. Además, no sólo difieren en magnitud, sino que
también tienen diferentes tendencias. Se presentan de esta manera porque son estadísticas diferentes, aunque se pretende que no lo sean. Esta diferencia en tendencias es ampliamente ignorada. Cuando una estadística del campo total de temperatura es computada totalmente diferente a las demás, como en los registros de satélites y globos sondas, emergen sustanciales diferencias en comportamiento. Aunque esto no debería resultar una sorpresa, el diferente comportamiento conduce a disputas sobre quién está en lo cierto, aunque no hay ninguna razón por la cual deban estar de acuerdo. Ellas son sólo estadísticas diferentes.

Una estadística está en un rango inferior - dentro de la “ley del gallinero” - que una variable física porque no entra dentro de ninguna teoría física, o tiene necesariamente algún significado. Cuando se formaliza una estadística, es elevada al status de un “indice”. Pero aún las más humildes esta-dísticas o índices tienen requerimientos de consistencia que el T-Rex no cumple, como ya vere-mos más adelante.

Esto quiere decir que estamos discutiendo cosas sobre las que no hay ningún problema, ignoran-do cosas que son significativas, y afanándonos sobre algo que no es tan siquiera una estadística adecuada, y todo porque existe esta errada noción de que una única temperatura puede repre-sentar a un sistema físico abierto que no está, de ninguna manera, en equilibrio termodinámi-co. Esa monstruosa confusión es sobre lo que trata T-Rex.

Ciudades

Como hemos mencionado, la mayoría de las “cajas blancas” están en los Estados Unidos y Europa, algunas en Canadá y Australia y en otros países, y algunas pocas en países en desarrollo como en África y Sudamérica. En cuanto a la distribución de las cajas se refiere, no encontrará usted muchas en los bosques o arriba en las montañas, u otros lugares remotos. En su mayoría están en pueblos y ciudades, especialmente en los aeropuertos. Este es uno de los puntos en debate sobre los datos en diagramas como el de la Figura 4.1.

Los críticos arguyen que una gran cantidad de las “anomalías” están simplemente registrando el hecho de que las ciudades se están haciendo más grandes y más calientes a lo largo del tiempo. De alguna manera, la gente que fabrica al T-Rex (y el Panel Gordo, o IPCC) concede esta posi-bilidad, y afirman que ajustan sus datos por este sesgo del “calor urbano”.

Mientras tanto, a esta altura del partido, los lectores de este libro se preguntarán por qué esto tiene importancia. Usted debería tener en mente que los proponentes y los críticos por igual piensan que existe una “verdadera” temperatura global que estos promedios supuestamente representan de manera aproximada. Entonces, el debate se reduce a si hay demasiados datos de estas ciudades más calientes. Desde esta perspectiva errada, esto es crucial, porque todo el caso del “calentamiento global” depende de lo que esta “verdadera” temperatura está haciendo actualmente, aunque no exista nada que pueda ser llamado “temperatura global”.

De manera que no son “sesgos” en el sentido de que el campo de temperaturas no tiene ciuda-des en su interior. En cualquier lugar que usted ponga un termómetro es justo el pedazo del campo de temperatura que usted está midiendo. Jamás obtendrá usted todas las temperaturas con los pocos miles de termómetros que se usan, no importa en donde usted los ponga. Además, los equipos del T-Rex tienen fórmulas empíricas que toman como ingresos los datos “crudos” de temperatura de, digamos, Atlanta, y escupen estimaciones sobre lo que la temperatura local del aire habría sido si Atlanta no estuviese allí. De manera que ellos sí estan pensando en un mundo sin ciudades cuando construyen al T-Rex.

No obstante, ellos han urdido algunas reglas que traducen los datos reales en una forma que su-puestamente representa la señal climática “pura”. Las técnicas usan cosas como las correlacio-nes entre pares de estaciones muy cercanas entre sí, donde una está en una ciudad y la otra en las afueras de ella. Debería de hacerse notar, de paso, que los críticos han mostrado que se puede tener calentamiento urbano sin crecimiento de la población, y que la comparación de pares de estaciones es solamente útil si se tiene una gran cantidad de estaciones en estas condiciones, lo que raramente sucede fuera de los Estados Unidos.

Independientemente de si estas reglas de corrección tiene mucho sentido, lo que muestra es que T-Rex está compuesto de números que son producidos por un montón de modelos, y no sólo una medida directa de algunos termómetros.

Las reglas que producen esos números son modelos como los que se vieron en el Capítulo 3, completos, con todo su potencial de equívocos, malas interpretaciones y errores. No sólo es creado el campo de temperatura por un modelo que cambia la información original, sino que también muchas de las propiedades de los modelos tienen una naturaleza ad hoc escondida para el observador casual, como los aspectos ad hoc de cualquier otro modelo. La información básica para el T-Rex proviene de las cajas blancas, pero pasan a través de cajas negras estadísticas en su camino hacia la figura 4.1.

No tenemos experimentos controlados del clima. No tenemos una teoría del clima. Y ahora el significado de las “observaciones básicas” mismas están en disputa, y todas ellas están sujetas a ajustes ad hoc.

Océanos

Una mirada a un globo terráqueo le hará recordar que vivimos en un planeta azul. La mayor parte de la Tierra – unas tres cuartas partes - está cubierta de agua. Y no hay pequeñas cajas blancas en el agua. Hay algunas boyas aquí y allá con termómetros en ellas, en su mayoría en el Pacífico Tropical, pero no hay las bastantes para proveer de mucha cobertura. Esto crea un grave proble-ma para quienes afirman que T-Rex es algo “global”.

Hay dos equipos que producen diagramas del tipo de la figura 4.1, y ellos enfrentan el problema de la falta de temperaturas oceánicas de distinta manera. El equipo en el Instituto Goddard de Ciencias del Espacio (o GISS) de la NASA, simplemente ignora este problema y publica esta-dísticas basadas solamente en los datos de las cajas blancas sobre tierra firme. Eso implica una regla muy particular para obtener promedios: tomar las temperaturas del aire en el mar
y darles un peso CERO.

El otro equipo que produce números para el T-Rex está en el Hadley Center en la Gran Bretaña. La información de ellos es la que fue a parar a la figura 4.1. Ellos combinan la temperatura del aire sobre tierra con algunas temperaturas del agua tomadas por algunos barcos. De acuerdo con las reglas del cuadriculado, las mediciones más alejadas de las de sus cajas vecinas pesan más. De manera que, mientras que el modelo de GISS le concede un bajo peso a las temperaturas del mar, el Hadley Center y su gráfico de la figura 4.1 le dan un peso alto. Una vez más tenemos dos reglas y dos promedios distintos.

Desde muy temprano en el Siglo 20, los barcos comerciales estuvieron tomando las temperaturas del agua en sus viajes y enviando sus datos a la Oficina Meteorológica del Reino Unido. Ellos acostumbraban a levantar un balde lleno de agua hasta la cubierta y usar un termómetro de mano. Alrededor de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, se cambió a registrar la temperatura del agua que ingresaba al sistema de refrigeración de los motores. Hacia 1980, se descubrió que el cambio de medir con baldes a medir el agua de refrigeración había causado una ligera tendencia hacia arriba en las lecturas, pero no había una manera de estimar su magnitud o como removerla.

Más recientemente, un grupo de científicos compiló datos de las temperaturas del aire y del agua de una red de boyas, barcos y satélites meteorológicos para una gran región del Pacífico tropical. Desde 1979 (el período estudiado), resultó ser que las temperaturas del aire por encima de la superficie del océano y las temperaturas del agua justo por debajo de la superficie del mar han estado divergiendo.

La información de la red de boyas es especialmente útil dado que mide las temperaturas a un metro por debajo de la superficie y a tres metros por encima, en la misma ubicación. De todas las comparaciones de las temperaturas del aire y del agua en un mismo sitio, se encontró que el mar se está calentando en relación al aire. Más aún, tres de los cuatro conjuntos de temperaturas usados (satélites, globos sonda y boyas) indican que el aire encima de la superficie del océano se ha estado haciendo más fría en todo el trópico, aún cuando el agua se estuvo calentando ligeramente. Sin embargo es la temperatura del agua la que se ingresa en la figura 4.1. Monito-rear la temperatura del agua resulta no ser una buena manera de estimar los cambios en las temperaturas del aire cercano. Los dos materiales pueden calentarse o enfriarse en direcciones opuestas - y de hecho lo hacen.

El profesor Termos posiblemente haría algún comentario específico sobre la relativamente alta capacidad del agua de retener calor, y se preguntaría por qué nadie sería sorprendido de que las temperaturas fuesen diferentes. Él apuntaría a las diferencias durante el Siglo 20 entre las esta-dísticas del Hadley Center y las del GISS (Figura 4.2) más que en sus similitudes. Él diría que este es un ejemplo en donde dos estadísticas diferentes destiladas del campo de temperaturas también se comportan de manera diferente. ¿Dónde está la sorpresa?




Figura 4.2: Diferencias entre dos distintas estadísticas de la temperatura “global”. Las estadísticas del Hadley Center y del Goddard Institute fueron escaladas para promediar cero entre 1960 y 1990, y los puntos son las diferencias entre las dos series resultantes.

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Debe notarse que las diferencias no se hacen menores a lo largo del tiempo. A pesar de las similitudes en las reglas usadas y de la información cruda, ellas son en última instancia dos estadísticas muy diferentes entre sí, aún cuando ellas pertenecen a una similar clase de prome-dios. Y la magnitud de las diferencias (más o menos uno 0,1 Blips por año) son grandes en comparación a las variaciones en las medias que la gente mira como “calentamiento global”.

Satélites

Los termómetros en las cajas blancas y los baldes de agua miden temperaturas cerca de la superficie. Los satélites meteorológicos miden la temperatura en la troposfera, que es otra parte (más grande) del campo de temperatura global. Ninguna de las estadísticas muestrean a todo el campo de temperaturas, pero no hay razón para creer que una pieza es más importante que la otra. En cada una de ellas, el peso de grandes espacios del real campo de temperatura es cero.

Los satélites observan la intensidad de la radiación de microondas del oxígeno en el aire que emerge de la parte alta de la atmósfera. Esta radiación nos dice la temperatura de toda la atmós-fera. Conociendo los detalles de la radiación, ellos calculan el campo de temperatura más abajo, a unos 15 kilómetros de altura (la troposfera). Calculando las temperaturas que producen la emisión de radiación no en equilibrio, es conocido como un “problema inverso”. Estos son famo-sos por su dificultad, pero nosotros podemos resolver este muy bien.

Se toman mediciones diarias del equivalente a 100.000 lugares del campo de temperatura, Cada punto estará a unos 40 kilómetros del próximo, si uno asume que estarán espaciados uniforme-mente sobre un volumen equivalente a la troposfera. Sin embargo, como la troposfera tiene sólo un espesor de unos 15 kilómetros, si uno los distribuye de manera uniforme sobre una superficie equivalente a la de la Tierra, los vecinos estarán separados por sólo unos dos o tres kilómetros. Esta es una cobertura muy fina comparada con la red de tierra, que tomaría muestras de unos 15.000 lugares en su pico histórico de cobertura. Estos puntos en tierra estarían a unos 180 kiló-metros de sus vecinos. Por supuesto, ambos son una cobertura muy grosera si se la compara con los infinitos puntos del verdadero campo de temperatura.

Con estas temperaturas reconstruidas, una regla de media también produce una temperatura promedio. Aún cuando también reemplaza al mismo campo de temperatura son sólo un número como en la figura 4.1; es un proceso de premediación totalmente diferente. La estadística de temperatura de los satélites que la gente calcula a partir de los datos de los satélites cubre a toda la troposfera. Sus resultados se muestran en la figura 4.3 (3). Como se puede ver, en contraste con la figura 4.1, no existe ninguna tendencia hacia arriba.

En la demostración del Profesor Termos del Capítulo 3, el comportamiento de la tendencia de un promedio es una propiedad del promedio tanto como de la información. Una regla del promedio puede ir en ascenso mientras que otra no. Por consiguiente, esto no presenta gran sorpresa para un sistema físico fuera de equilibrio. Pero es aquí donde aparecen las ideas equivocadas sobre los promedios. Aún cuando el promedio del campo de los satélites es una estadística tan legítima o ilegítima como el T-Rex, la figura 4.3 no fue incluida en el SPAM (“Summary for Policymakers And Media”, Resumen para Hacedores de Políticas y Medios, del IPCC de 2001). T-Rex, por otro lado, tiene sus garras clavadas en todo el informe. Una visión equilibrada de tales índices estadísticos discutiría toda la información que estuviese disponible.


Figura 4.3: Promedio de las temperaturas troposféricas medidas por satélites, 1979-2001.

Pero mucha gente piensa que el universo no es lo bastante grande para más de un promedio. Hay enemigos del T-Rex que piensan que los promedios de los satélites es el verdadero, y el prome-dio de la superficie es pura basura. Los Caballeros de las Cajas Blancas responden que los pro-medios de los satélites son muy tontos y nadie debería prestarles atención. Los Defensores de los Satélites fueron ante el Gran Consejo de la Sociedad Americana de Meteorología y recibie-ron medallas de oro por su trabajo. Luego ellos siguieron adelante y apalearon a los Caballeros de las Cajas Blancas. Entonces toda la gente gritó confundida y los Sumos Sacerdotes de la Academia Nacional de Ciencias le preguntaron al oráculo, quien emitió un informe declarando que todo el mundo tiene la razón y que todos deberíamos simplemente seguir adelante.

La Academia Nacional estaba en lo cierto de que todos tenían razón. No hay nada inconsistente en tener dos extractos diferentes de una misma colección de datos, ambos caracterizados como
“el” promedio, que hace cosas distintas. Sería notable si los promedios fuesen los mismos. Pero, ¿qué quiere decir si ambos son “correctos”? No sabemos qué es lo que las figuras 4.1 y 4.3 mostrarían si viviésemos en un mundo donde nadie usara combustibles fósiles. Cualquier prome-dio en particular hecho a partir del clima puede mostrar cualquier cosa sin que sea evidencia de algo antinatural. Hablaremos más de esto en el Capítulo 6.

Otro punto de la controversia es lo que las Figuras 4.1 y 4.3 dicen sobre los modelos climáticos. Corridas normales de los MCG sugieren que si el dióxido de carbono es el culpable por detrás del calentamiento global, entonces los promedios de los satélites - que son de toda la troposfera - deberían de estar yendo hacia arriba tanto o más rápido que el T-Rex de las estaciones de tierra.

El Panel Gordo evade esta dificultad con algunas estadísticas muy astutas. Ellos citan tasas promedio implicando que las dos estadísticas se comportan de la misma manera general, aun cuando son manifiestamente diferentes. Ellos construyen su argumento usando otra estadística similar a la de la Figura 4.3, que se deriva de unas observaciones hechas por globos sondas en los años 50.

En 1976-77 hubo un abrupto evento que hoy es conocido como el Cambio Climático del Pacífico (4) Parece haber sido causado por cambios simultáneos en la circulación del pacífico y dos ciclos atmosféricos: la Oscilación Decadal del Pacífico, y la Oscilación del Atlántico Norte. Esto creó un aumento de tipo escalón en las temperaturas en muchos sitios del mundo, especialmente alre-dedor del Pacífico Norte, como también provocó cambios en las pesquerías y otros indicadores climáticos. En muchos de estos lugares la tendencia antes y después fue efectivamente cero.

El Cambio Climático del Pacífico no es parte de la “tendencia”, es una interrupción de la tenden-cia. Pero al trazar una línea de tendencia a través de toda la muestra desde 1958 en adelante, la pendiente se hace mostrando unos 0,1º Blips/década. El Panel Gordo dice que los datos de los satélites se parecen a los de los globos sonda, ergo, también muestran una tendencia creciente de +0,1º Blip/década. Por lo tanto los datos de los satélites muestran “calentamiento”, lo mismo que la información de superficie. Sin embargo, uno es un escalón y el otro es una pendiente – muy diferentes.

Pero si están tratando de decir que toda la Tierra está haciendo sólo una cosa, cosa que muy bien están haciendo al hablar de “calentamiento global”, entonces sería mejor que todas las estadísticas estuviesen cantando la misma canción, y que corran una línea de tendencia lineal a través de ella – aún cuando no exista allí ninguna. Esto es, por supuesto, bloqueo mental. Cual-quiera que mire la Tabla 2.3 en el Informe de evaluación del Panel Gordo podría darse cuenta de cuál es el juego, pero… ¿quién lee todo el informe científico? Pero es así como el Panel Gordo ha manejado el problema de la información de los satélites y preservado la idea de que todas las estadísticas son iguales.

Cobertura Espacial

Si usted puede medir el campo de temperatura sólo en unas pocas ubicaciones en particular, los espacios en donde no existe un termómetro simplemente no son medidos. Usted no sabe qué sucede entre esos puntos, a menos de que haga la suposición perfectamente razonable de que no mucho está sucediendo allí. Pero no lo puede afirmar con seguridad. Usted no recibirá algo a cambio de nada.

A menos que usted quiera tener termómetros en todas partes, esa suposición tiene que hacerse a un cierto nivel. Sin embargo, también puede ir demasiado lejos. Algunos críticos del T-Rex argu-mentan que existen muy pocos termómetros como para tener una cobertura significativa de la superficie de la Tierra, y los que están disponibles se trasladan o se clausuran tan a menudo que se compromete la continuidad de la estadística.

La cobertura espacial es un aspecto resbaloso de la medición de la temperatura, porque la física no la apoya. La temperatura no tiene un volumen o un área asociados, pero para un índice como el de la Figura 4.1 queremos que, de todas formas, un termómetro represente la temperatura para un volumen o un área. Esencialmente estamos buscando una extraña entidad, no-termodinámica en unidades de “grados-metros-cuadrados” o “grados-metros-cúbicos”, porque la temperatura no es una cosa “por-unidad”.

El campo de temperatura atmosférica existe en las tres dimensiones espaciales. De modo que, idealmente, el campo debería ser muestreado sobre los 8.000.000.000.000.000.000 metros cúbicos (8 trillones m3), si incluimos a la troposfera hasta unos 15 kilómetros de altura. Dado que tenemos a los satélites midiendo la atmósfera libre, podemos enfocar sólo en la superficie de la Tierra, que tiene unos 500.000.000.000.000 metros cuadrados (500 billones m2). Si ponemos en la superficie un termómetro por cada metro cuadrado, estaremos siempre chocando contra ellos o pasándoles por encima con la cortadora de césped. En su mayor parte, es probablemente inne-cesario ubicar a los termómetros separados por un metro entre sí.

De manera que tenemos un límite superior de 500.000.000.000.000 termómetros en la red versus el límite inferior de 1 termómetro. Claramente, tenemos que seleccionar un número práctico de termómetros entre estos dos valores. ¿Cuál es el razonable? Muy aparte de las restricciones impuestas por la fortuita ubicación de las cajas blancas, la gente se ha ocupado de la cuestión de dónde deberían estar ubicados y cuántos podrían esperar que fuesen necesarios.

Un termómetro en el exterior le dirá bastante bien cómo debe vestirse en un frío día de invierno para una caminata tan larga como le gustaría antes de que comience a oscurecer y la temperatura local cambie de todos modos. Esto es, digamos, unos 10 kilómetros como mucho. Eso corres-ponde a un área de 100 kilómetros cuadrados, o 100.000.000 metros cuadrados, e implicaría unos 5.000.000 de termómetros en la red. La cantidad puede ser buena para algunos casos, mientras que para otros podría perder algunos detalles importantes.

¿Cree usted que son suficientes, o quizás podamos salir adelante con menos que estos? ¿500.000 estarían bien? ¿Hasta donde nos podemos bajar?

Si bajásemos el número hasta la cantidad actualmente usada por el IPCC para fabricar al T-Rex, terminaríamos con unos 5.000. Esto quiere decir que cada termómetro representa más o menos 100.000.000.000 de metros cuadrados de la superficie de la Tierra, y pondría a los termómetros separados por unos 300 kilómetros entre sí. Pero los termómetros no están distribuidos de manera uniforme, En lugares como África o Siberia, cada termómetro tiene que representar un espacio mucho más grande, mientras que en los Estados Unidos cada termómetro representa mucho menos.

Sin embargo, las cosas se hacen mucho más complicadas si usted no está mirando a un solo momento. Si en cada una de esos 5.000 lugares usted promedia la temperatura durante un año, entonces, para comenzar, el rango de los valores de tiempo promedio será considerablemente más pequeño. Entonces la estabilidad estadística será mayor, y el error de muestreo calculado de la misma manera será menor. En realidad no hemos ganado nada aquí. Existe gran cantidad de datos escondidos dentro de los promedios de tiempo.

Sobre esta base, ha emergido un argumento con el que quizás podamos intercambiar detalle espacial por detalle temporal. Usando un pequeño grupo de lecturas promediadas en el tiempo podría, dice el argumento, ser como usar un gran grupo de lecturas de instantes únicos. Si usted espera el tiempo suficiente, el promedio de tiempo de un solo sitio le dirá qué estará haciendo un promedio en un mayor espacio más amplio.

Si usted espera por un tiempo muy largo, el comportamiento del promedio en una estación podría ser una aproximación del comportamiento del promedio en todo el planeta. De esta manera, el promedio en el tiempo reemplazaría al promedio en el espacio. Hay un nombre especial para una circunstancia donde los promedios en diferentes ocurrencias de la misma cosa son iguales a un promedio en el tiempo de una cosa:
ergodicidad. La ergodicidad es una profunda propiedad de los procesos dinámicos.

El trueque de tiempo-espacio involucra una noción análoga a la ergodicidad. Es similar en el sentido que sitios diferentes funcionan como copias estadísticas aproximadas de cada una, en un mayor o menor grado. De manera que esperamos que en algún nivel aproximado los promedios de tiempo puedan ayudar a llenar la información espacial que falta cuando se destila alguna versión del T-Rex.

Sobre esta base. Algunas personas creen que podríamos salirnos con la nuestra con menos sitios de medición de temperatura. Un número de entre 50 y 100 ha sido lanzado al ruedo, si es que estamos buscando promedios de tiempo anuales. ¿Cuál es le criterio usado para determinar esto? Bueno, ningún otro que estos 50 o 100 sitios (cada uno con 365 valores) pueden en algunos casos dar esencialmente el mismo valor global que usted obtiene si agrega diez o cientos más sitios de medición con una instancia de tiempo cada uno.

Pero no perdamos nuestro rumbo aquí. Estamos midiendo un campo que tiene infinitos valores. En su lugar hemos muestreado 5000 valores. Y hemos apuntado, neciamente, a reemplazar estos valores con uno solo. Todo lo que es discutido aquí es si podemos usar un promedio a través de un pequeño número de sitios en un punto del tiempo, o un promedio a través de una muy pequeña cantidad de sitios, cada uno de los cuales ha sido promediado más aún a través de unos pocos puntos en el tiempo.

De cualquier forma, arribamos nuevamente al T-Rex, que de todas maneras no es una variable física. Para lo que interesa, los tiempos promedio anuales en los 50 o 100 sitios tampoco son variables físicas. Ellos no aparecen en las ecuaciones de movimientos de la dinámica subyacen-te. Y las ecuaciones promediadas notoriamente no producen las mismas variables que los promedios estadísticos de las variables.

El campo promediado en el tiempo que ellos desearían que se extrajese no es una “mejor” representación del real campo de temperatura, es simplemente un promedio entre campos. Es una cosa diferente con menos “ruido” porque el promedio lo elimina. Pero la física de lo que está sucediendo está ligada a ese ruido, a menos de que haya usted descubierto cómo promediar a las ecuaciones físicas también. Nadie sabe como hacerlo. Además, los promedios no nos proveen los datos que no fueron medidos. No se recibe algo a cambio de nada.

Clausura de Estaciones

Hemos mencionado antes que, para propósitos meteorológicos, las temperaturas son medidas colocando termómetros dentro de cajas blancas con agujeros en los costados. Las cajas están montadas sobre soportes en el suelo. Están distribuidas por todas partes. Hay una abandonada no muy lejos de la oficina de uno de los co autores del libro, Ross McKitrick. Una red mundial, llamada la Global Historical Climatology Network (GHCN), recolecta toda la información de estas estaciones y las registra para que la usemos más tarde. En su mayor extensión, esta red tuvo unas 15.000 estaciones en su colección, lo que significa que cada termómetro en T-Rex tenía que representar el área de un cuadrado con menos de 200 kilómetros de lado.

Por supuesto, no existió esa red sino recién en tiempos modernos. Pero eso no impidió que el Panel Gordo discutiese el campo de temperaturas remontándose muchos siglos en el tiempo. Decoró sus informes más recientes con gráficos que mostraban estadísticas de iban a tiempos muy antiguos, basados en sólo 14 estaciones en un caso, y en cuatro estaciones en otro. Y tampoco había termómetros en esos lugares. Sin embargo ellos usaron esas series para hacer declaraciones confiadas acerca del campo de la temperatura del planeta entero hace mil años! Este asunto tan curioso será discutido en el próximo capítulo.

También mencionamos más arriba que los fabricantes del T-Rex usan temperaturas del agua para la mayor parte del mundo. El profesor Termos no estaba tan errado cuando puso la mitad de sus termómetros en su vaso de agua. Para hacer la analogía realmente completa, él debió haber puesto la mayor parte de sus termómetros en el vaso.

Con el propósito de hacer un índice de la temperatura, sin importar dónde comencemos a tomar las muestras, o cuáles serian las reglas ad hoc, es importante que sigamos tomando las muestras en los mismos lugares. Esta es la única integridad que tal índice podría tener. Por desgracia, las estaciones meteorológicas son movidas todo el tiempo.

Pero muchas de ellas han sido cerradas o abandonadas por completo. La estación cerca de la oficina de Ross, por ejemplo, tiene un nido de pájaros en ella en lugar de un termómetro. ¿Cuán-tas estaciones se pude permitir que se muevan o cierren antes de que se pierda la continuidad del muestreo y se deba terminar la estadística? ¿Uno por ciento? ¿Cinco? ¿Cincuenta por ciento?

No hay reglas sólidas para responder a esto, a pesar de la cuestión de la ergodicidad. Hemos dado sólidas reglas cuando las estadísticas se convirtieron en un sustituto de la física. Pero los críticos han expresado la preocupación de que dos tercios de las estaciones meteorológicas en la red del GHCN han sido clausuradas en las últimas tres décadas. La figura 4.4 muestra esto. (5)

¿Por qué se han cerrado tantas? Las estaciones son caras de mantener. Alguien tiene que visitarlas todos los días para registrar la temperatura, humedad y otros datos. Se supone que alguien tiene que revisar los instrumentos después de cada tormenta, Se supone que el equipo tiene que ser revisado y recalibrado cada pocos meses y reemplazado cada dos años. Todas estas cosas son caras. Cuando la Unión Soviética colapsó en 1990, y las naciones de occidente experimentaron una recesión al mismo tiempo, una gran cantidad de agencias meteorológicas tuvieron que abandonar muchas de sus estaciones.

Como se puede ver en la figura 4.4, el resultado fue un dramático cambio en la extensión de la red. Dado que las “dramáticas” temperaturas que preocupan a la gente por el calentamiento global fueron registradas en los años 90, tenemos motivos para preguntar si el cambio en el tamaño del muestreo en el intervalo 1989-91 no ha jugado un importante rol.



Figura 4.4: Cantidad de estaciones en el Historical Climatology Network, 1950-2000.

Cada vez que una estación es clausurada, introduce alguna clase de movimiento en el promedio. Si hay una selección aleatoria de cual estación clausurar, quizás uno podría esperar que el efecto de la clausura sobre el promedio no será grande. Pero si la elección de las estaciones a clausurar es de alguna manera sistemática, puede haber entonces problemas, aún cuando se crea que pueden bastar con 50 o 100 estaciones para tener una media.

Por ejemplo, si originalmente hay un grupo de estaciones rurales y urbanas, y las rurales son todas cerradas, la media de la temperatura subirá porque las relativamente más frescas estaciones rurales no son usadas más para hacer el promedio. El restante grupo de estaciones tampoco será representativo de las estaciones cerradas, porque el microclima urbano no es representativo de las áreas rurales.

Esta pérdida de estaciones de medición ¿realmente es importante? Quizás no, pero es materia de incertidumbre que los especialistas tendrán que descubrir. En defensa de las personas que producen al T-Rex, ellos tienen modelos que están para eliminar cualquier movimiento en el T-Rex que cambie el tamaño de la muestra y la ubicación de las estaciones. Pero eso, por supuesto, nos recuerda que la figura 4.1 es el resultado de una serie de modelos anidados dentro de otros modelos, y no el resultado de observaciones directas de algo.

El único sentido en el que T-Rex sobrevive no es como una estadística o un índice. En realidad, ni siquiera es alguna de esas cosas. Es una secuencia de diferentes estadísticas agrupadas con un modelo ad hoc. Cuando otros campos emplean índices, tienen cuidado de no embrollar las obser-vaciones, estadísticas y modelos. De hecho, Estadísticas Canadá dejará concientemente de informar los índices cuando las reglas han cambiado, y llamarán a la estadística sucesora con otro nombre. Hicieron esto con algo llamado Sondeo de Empleos, Nóminas de Pago y Horas, de donde se obtienen los sueldos y otra información del mercado laboral. En 1983 Estadísticas Canadá cambió la manera en que arman este sondeo. Ellos todavía toman muestras de tantos establecimientos (en verdad más que antes), y todavía miden las mismas cosas. Pero las reglas para la distribución del sondeo cambió ligeramente.

De manera que la información actual de este sondeo es sólo publicado en un índice continuo que se remonta hasta 1983, y los datos de la previa forma del sondeo son publicados hasta 1983. Las dos series no son, deliberadamente, unidas entre ellas. Esto daría la impresión de un solo y continuo índice. Las reglas de la calidad de la información en Estadísticas Canadá prohíben esto.

Si usted está midiendo una variable física real, usted tratará de obtener su verdadero valor lo mejor que su habilidad le permita, no importa cuáles sean las circunstancias. Pero si usted está calculando un índice y las circunstancias cambian, el índice debe ser terminado y reemplazado por uno nuevo. T-Rex lo ha experimentado en ambas formas. Es un índice cuyas reglas de muestreo cambiaron dramáticamente muchas veces, particularmente a principios de los años 90, pero que no ha sido terminado. Las reglas de la calidad de la información dicen que T-Rex debe ser terminado!

Muestreando la Altitud

Tiene que considerarse ahora una última tendencia sistemática. La cuestión de si usar o no una altitud uniforme para medir la temperatura. Algunos termómetros están bien altos en las montañas, mientras que otros están cerca de las costas del mar. Una medición en Denver, Colorado, corres-pondería a una masa de aire a 1600 metros por encima de la ciudad de Nueva York. ¿Debería-mos incluir esas dos mediciones juntas sin alguna clase de ajuste?

Las temperaturas cambian rápidamente con la altura. El cambio de temperatura entre el nivel del mar y una altura como la de Denver es típicamente mayor que la más grande de las estimaciones de las predicciones de calentamiento global. Existen maneras de estimar cómo cambiarán las temperaturas para una masa de aire llevada al nivel del mar. Depende las suposiciones físicas que se elijan para el viaje hacia abajo.

Si no medimos simplemente relativo a la superficie, ¿Cómo deberían distribuirse los termómetros con la altura? ¿Deberíamos colocar más termómetros donde el aire es más denso? Algunos creen que deberíamos distribuir los termómetros de manera uniforme en el espacio. Estos dos esquemas no son la misma cosa en la atmósfera y en los océanos. La Física no es guía porque la temperatura no es extensiva. No es “por” ninguna unidad.

Usted podría decir que sólo calculamos con anomalías promediadas en el tiempo para remover el efecto de la altura. Usted resta la media de la temperatura, ¿cierto? ¿Pero cuál media? Existen otras maneras de hacer bajar aire de las grandes alturas a lo largo de caminos físicos, pero no conducen a una sola y única temperatura posible en la nueva altura. Podría el cambio físico de la temperatura resultante de cualquiera de esas maneras ser la misma que el cambio introducido por la elección de cual medio usar? Probablemente no.

¿Y qué le sucede a la altura promedio cuando se clausuran unos pocos miles de cajas blancas? Usted necesita mover sólo la altura promedio unas pocas decenas de metros por año en direc-ción al nivel del mar para introducir tanto aumento en la temperatura promedio como dice la gente que está sucediendo con el cambio climático. Los datos no están disponibles para que nosotros podamos dilucidar la manera en que ha cambiado la altura promedio de la red. Pero ya que la red ha migrado a las ciudades, es muy probable que haya migrado a las áreas costeras también. Allí es donde están las ciudades más grandes.

Y aún si esa información estuviese disponible, no tendríamos manera de ajustar a T-Rex por los cambios de la altura. Usted no puede reconstruir información que falta. Los pájaros que viven en la caja blanca cerca de la oficina de Ross McKitrick no han llevado registros muy confiables.

¿Global qué?

Hemos discutido algunas (pero no todas) las controversias que hay en los métodos de producir a la Figura 4.1. Estos son debates reales hechos por gente competente. Pero en mayor o menor medida ellos están errándole al blanco: el clima no es temperatura y la temperatura no es un solo y único valor.

Como hemos dicho, el sitio de Internet de donde extrajimos los números de la Figura 4.1 los llaman “Temperatura Global”. Pero no existe tal cosa como una “temperatura global”. El profesor Termos explicó en el Capítulo 3 que, físicamente, la temperatura fuera de equilibrio termodinámi-co, usualmente dentro de una caja aislada, no es un único valor. Usted no puede tener una taza de café y una de agua helada e informar una sola temperatura para las dos taza juntas. Por supuesto, usted podrá mezclar el contenido de ambas o diseñar algún modo astuto de hacer que ambas temperaturas lleguen a un equilibrio y a una temperatura común, pero libretos físicamente diferentes le enviarán a un equilibrio diferente.

Para la Tierra, la temperatura es un campo de valores que varían ampliamente en una infinidad de lugares en todas partes de la Tierra. La temperatura no tiene un solo valor en la Tierra, sea lo que fuere lo mostrado en la Figura 4.1. Además, el equilibrio termodinámico no cuenta al tiempo. Es atemporal porque nada está sucediendo. El mismo hecho de que la figura 4.1 informa de un resultado por unidades de tiempo (meses en este caso) echa por la borda la posibilidad de que mida algo en equilibrio, en consecuencia es un gráfico de algo que tiene una sola temperatura.

No ayuda para nada llamarle “temperatura global”. El problema es que una vez que las tempera-turas han sido promediadas, ya no son cantidades físicas en las ecuaciones diferenciales subya-centes. Tal cosa es nada más que una construcción estadística sin significado físico. Es un promedio “-----“, en donde usted puede inventar cualquier palabra para llenar el espacio vacío, mientras que no rime con temperatura.

A una escala local, sería posible pensar en términos de un promedio, si todas las temperaturas son groseramente las mismas. Pero lo que usted está buscando sería mejor que sea más grande que las asperezas de esa similitud. Esto no es ni remotamente cierto a un nivel hemisférico o global. Si pudiese viajar usted alrededor del mundo en solo día, experimentaría un rango de tem-peraturas que abarcan más de los 80º C por día. Sin embargo, la gente que construye los prome-dios nos están diciendo que nos fijemos en diferencias de 0,1º C o 0,2º C por década.

Como también lo explicó el Profesor Termos, en cuanto uno suma las temperaturas, el número que se obtiene ya no es más una temperatura de nada, aunque retenga unidades. (Retiene sus unidades en el sentido de que se podría convertir consistentemente a la suma entre Celsius y Fahrenheit, por ejemplo). Sin embargo, las temperaturas no se suman físicamente, sin importar el tipo de unidad que se use. Si se ponen dos idénticas tazas de café en una jarra, se tiene el doble del volumen de café en la jarra, pero no se tiene el doble de temperatura de una taza. De igual modo, sumar las temperaturas de cosas desarticuladas, luego dividirlas para hacer un promedio, no recupera el significado físico que se perdió cuando se hizo la suma.

Piense otra vez en la taza de café y el vaso de agua helada. El café podría estar a 75º C y el agua helada a 5º C. La media sería 40º C, pero esa no es la temperatura de ninguno de los dos. Ahora, si se vierten los dos en un solo recipiente y se midiese la temperatura, 40º C es una conjetura razonable sobre los que el termómetro podría leer, provisto que había tanto café como agua helada, para empezar. Pero ese promedio bien podría ser 20º C, si estamos preparados para esperar hasta que la mezcla descienda todo el camino hasta la temperatura de la habitación. Todo depende.

Esta clase de promedio no nos dice nada sobre la manera de interpretar a la temperatura en el mundo en un día en que en la Antártica hay -40º C y en la India +40º C. Nadie propone levantar al continente Antártico y moverlo hasta la India para mezclar las temperaturas. La media de las temperaturas en esas regiones no describe a ninguno de esos lugares. La temperatura media entre la taza de café y el vaso agua helada describe la temperatura de un líquido que, al momento en que se tomaron las mediciones, no existe y podría no existir jamás. Los cambios de esa media en el tiempo, también describen necesariamente los cambios en el tiempo de algo que no existe.

La Falacia del Simulacro

Vamos a liberarnos de un concepto errado. Si construimos una estadística y afirmamos que representa algo, la afirmación y la estadística no hacen que esa cosa exista en el mundo si no había existido anteriormente.

Sólo porque podamos construir un número para representar alguna cosa, y aún pegarle al número una etiqueta que corresponde a lo que estamos tratando de medir, eso no hace que el número tenga significado. No conjura para que exista a la cosa que estamos tratando de medir. Si la cosa no existía físicamente, en el primer lugar, no podemos hacerlo existir amontonando todos los datos que se nos ocurra. Tratar a una estadística convenientemente definida como una prueba de la realidad, es un ejemplo de lo que llamamos
la falacia del simulacro.

La palabra “simulacro” significa de ordinario la representación de alguna cosa, pero en filosofía se usa el término para significar una copia de algo que no existe, o una imagen de un referente que no existe. Una ligera variación: si al principio no existe, obtenga más y más datos y diga que sí existe. Sin embargo, al final esto da por resultado la misma cosa. Más información no ayuda.

Para computar una media, primero se suman las cosas en la lista. Si el proceso de hacer la suma nos desconecta del concepto por detrás de los números, el significado final del promedio estará en duda. El profesor Termos hizo un chiste sobre computar un número de teléfono promedio de sus colegas para mostrar que un promedio de números valiosos puede no tener ningún significa-do.

Desde una perspectiva global, este ejemplo conduciría a una media global de números telefóni-cos. Sí, existe una media global de números de teléfono! Y no, hasta donde sabemos, nadie ha intentado computarlo todavía. ¿Qué significaría si alguien lo hace? No es de ninguna manera el número de teléfono más “representativo”, como tampoco es el número de teléfono que las com-pañías telefónicas tendrían la tendencia a asignar. Tampoco sería el usuario “más típico” la persona cuyo aparato suene cuando se disca ese número.

También podemos computar el número medio global de teléfono. Podríamos computar la media de la raíz cuadrada de ese número, como hizo el Profesor Termos para las temperaturas. Pero ninguno de esos promedios, como tampoco ningún infinito número de otros, funcionaría como una medida de tendencia central en la manera que lo hacen “la precipitación promedio”, o el “ingreso promedio”.

Todos ellos sólo escogen un número para reemplazar a una colección de números. Algunas veces la colección es todo lo que hay, y ningún número podría representar significativamente la colección mejor que cualquier otro. Eso es lo que sucede en la física de las variables termodinámicas intensivas como la temperatura. Se tiene que tener un rango de valores, pero la naturaleza no nos dice cuál de todos los valores es el mejor representante de todo el resto.

Ningún número de teléfono representa a todos los demás. El principio de la suma es sólo un ejemplo de la idea. La suma de todos los números telefónicos no tiene ningún significado, aún cuando se puedan computar. Una división final para completar a la media no cambia eso. Quizás el número de teléfono medio global pueda ser usado para establecer un significado para la tem-peratura global. Llame al número de teléfono medio y vea qué es lo piensa sobre la temperatura global la persona que le responde. ¿Por qué no? El informe del Panel Gordo describe con apro-bación una encuesta de gente para pronosticar el clima futuro, y otra encuesta para determinar la incertidumbre de las predicciones.

Llamar al T-Rex la Temperatura Global es un ejemplo de la Falacia del Simulacro, porque no importa la manera en que se sumen los números, no existe tal cosa como “temperatura global”. Todo depende de cuáles son las reglas de promediación que se utilizan. La media, que es usualmente llamada “el promedio”, es sólo una posibilidad entre todas las reglas que hay para hacer promedios. Sin la física que nos diga cuáles reglas elegir, cualquier temperatura en el campo puede representar al campo como un promedio. Esto, dicho sea de paso, se puede representar de manera matemática.

Mientras que cualquier promedio posible existe matemáticamente, no existe ningún promedio con significado específico en términos de la termodinámica. No aparece ninguna “temperatura prome-dio”, por lo que sabemos hasta ahora, en las leyes que gobiernan a la física que se aplica al tiem-po y al clima. De manera que llamar Temperatura Global Promedio a la Figura 4.1 es una falacia del simulacro: es la estimación de un valor físico que no existe en la realidad.

¿Qué Tiene que ver el T-Rex con el Clima?

Con todos esto problemas – ciencia, estadísticas, y aún su existencia – y sin embargo la gente sigue hablando del T-Rex como si fuese tan rutinario como leer su peso en la balanza del baño. Cree la gente que es una temperatura, pero el T-Rex es realmente una construcción aritmética que pone su mordida en el término
“calentamiento global”. Si el T-Rex no existe físicamente en realidad, existe entonces el calentamiento global? ¿Deberíamos ser más sofisticados y hablar sólo de cambio climático para hacerle justicia a las sutilezas de la ciencia?

No obstante todo esto, los periodistas informan de cada movimiento del T-Rex, paneles de cientí-ficos lo estudian, equipos de expertos hacen análisis matemáticos para rastrear los cambios hasta centésimas de grado, y tratados internacionales comprometen a las naciones y sus gobier-nos a hacer algo al respecto.

La regla convencional es que si el T-Rex sube un Blip, eso está bien. Si sube dos Blips, eso no está bien, y si sube tres Blips, entonces el juego se terminó. Game Over. ¿Por qué? Nadie esta muy seguro; es simplemente la regla.

Piense otra vez en la taza de café y el vaso de agua helada. Inicialmente estaban a 75º C y a 5º C. La temperatura de la habitación es de 20º C. ¿Qué clase de cambios se pueden esperar en los próximos minutos? Los cambios de la temperatura de esos líquidos serán impulsados por gra-dientes o diferencias entre el estado del líquido y el estado al que la física le dice que tiene que dirigirse. Siendo todo lo demás igual, esperamos que la temperatura de cada líquido se mueva en la dirección de los 20º C, de manera que la media disminuirá. En otras palabras, los dos líquidos pasarán, en un sentido combinado, a través de un “enfriamiento promedio.”

Supongamos que regresamos en diez minutos y encontramos que el café está ahora a 72º C y el agua está a 10º C. El mundo se desenvuelve como debería: el café se está enfriando y el agua calentando. Y a pesar de que esperábamos que la temperatura promedio descendiese, la tem-peratura promedio es ahora 41º C, de manera que entre ambos líquidos hemos experimentado un calentamiento promedio de +1º C.

Esto es enteramente posible. Las temperaturas dicen muy poco acerca del proceso por el cual se equilibran a un valor único. El café se está enfriando un poco más despacio que lo que el agua se está calentando. Quizás el vaso de agua está ubicado en un parche de luz del sol, o la taza de café está aislada. No lo dijimos.

O quizás deberíamos haber computado los promedios de distinta manera. Podríamos introducir un infinito número de promedios de buena fe que podían ir hacia abajo, de modo que las expec-tativas de un enfriamiento final serían satisfechas. Este es un hecho matemático. Podrían haber cualquier cantidad de razones para el cambio observado, pero no es causa de preocupación. La termodinámica sólo nos dice en donde estará, eventualmente, el estado de alguna cosa. No nos dice cuándo esa cosa estará en ese estado, o cómo llegará hasta allí. Es como un servicio de trenes realmente malo.

¿Qué es lo que significa, entonces, si la “anomalía promedio” que se muestra en la figura 4.1 sube o baja durante un particular lapso de tiempo? No está para nada claro. La dinámica física subya-cente que determina cuáles serán los próximos valores de la Figura 4.1, no toman los muchos valores de T-Rex como un dato. La información sobre lo que T-Rex hará a continuación no está contenido de ninguna manera en la información de T-Rex.

La conexión entre T-Rex y el clima de la tierra ha sido siempre fraguada. Cuando los primeros modelos computarizados del clima del tipo radiativo-convectivo emergieron antes de los MCGs, a principios de los años 60, la Tierra estaba representada de una manera tan simple que tenía una única temperatura en su superficie. El modelo no daba ninguna otra temperatura en la superficie, de manera que para el modelo realmente era una temperatura “global” de la superficie. Esa no es la manera en que verdadera Tierra está compuesta, es sólo la manera en que el modelo estaba compuesto.

Por supuesto, no había ninguna manera de relacionar esa temperatura con T-Rex de ninguna manera teórica, aunque ya estaban acríticamente consideradas iguales entre ellas en las mentes de muchos. El más primitivo de estos modelos hizo pensar a mucha gente que T-Rex aumentaría en 1 Blip si la cantidad de dióxido de carbono se duplicaba. Esto no se consideraba significativo. No nos pregunten por qué. La gente no hacía esas preguntas. Cuando en el modelo revisado se hizo que el aumento del dióxido de carbono también aumentara al vapor de agua, el efecto se duplicaba, llevando al aumento total a 2 Blips en el T-Rex.

Dejando de lado el asunto de cómo el agua fue usada para amplificar el efecto de la duplicación del dióxido de carbono, el segundo aumento fue considerado significativo. ¿Por qué un cambio de 1 Blip fue considerado sin importancia y uno de 2 Blips era visto como algo importante? ¿Por qué una diferencia tan pequeña en tales experimentos de modelado hacían tanta diferencia en términos de cambio climático?

Nadie intentó responder estas preguntas. Simplemente se transformaron en una convención: 1, bueno, 2, malo. Habían buenas razones para no preguntar ¿“Por qué?, por supuesto, porque nadie sabía como conectar físicamente este valor a lo que verdaderamente estaba ocurriendo en el mundo real, lugar por lugar, en los océanos y la atmósfera. Como ya dijimos, la temperatura fuera de un contenedlo aislado (suponiendo que la temperatura tenga una existencia significativa, después de todo), está ligada a lugares específicos y no es global.

Si uno tiene un cubo de hielo, no importa si la temperatura promedio invernal en el exterior pueda ser -5º C si el cubo está en el living al lado de la estufa. La termodinámica de su destino está atada a la temperatura de lo que el cubo de hielo está expuesto, y no a algún promedio de tem-peraturas de otros lugares y en tiempos pasados.

Habiendo decidido que un aumento de 2 Blips era malo, los gobiernos están derrochando ahora un montón de dinero pidiendo a los científicos que averigüen qué es lo que anda mal. Como nadie sabía qué conexiones tenían 2 Blips con la maldad mundial, era necesario comenzar a pensar en crear las conexiones.

Muchos se lanzaron a trabajar en esto. Durante años se hicieron esfuerzos bajo la forma de investigación de “impactos”. Esta investigación tenía por lo menos un efecto excitante. Antes, los “impactos” eran llamados “consecuencias”, o “efectos”, mientras que “impactos” se referían a la fuerza de una colisión (materiales bajo cargas impulsoras, para ser técnicos). Ahora, con la nueva terminología, la investigación del cambio climático se convirtió en algo lleno de acción como un libro de comics de Batman y Robin:
Paf! Crash! Bang! Kapow!

Un ejemplo fue un reciente estudio que argüía que el calentamiento global sería malo para la salud de los niños de Ontario. El razonamiento era que el calentamiento global significa que T-Rex sube - Paf!, y si T-Rex crece entones es más caliente en todas partes, todo el tiempo - Bang!, y si los niños se sobrecalientan tienen que ser internados en hospitales y eso es malo - Kapow! Los mu-chachos que dirigen al Fondo de Acción del Cambio Climático de Canadá quedaron realmente impresionados con este estudio y lo mostraron en su sitio de Internet durante un largo tiempo. Le contaremos más sobre este trabajo cargado de acción en el Capítulo 8.

Muchos pronósticos contemporáneos en término del T-Rex indican un cambio de nuevamente el doble del de los primitivos modelos radiativos-convectivos, o quizás un poquito más. Pero, ¿por qué ello sería más apremiante que los que era el 2 Blips? El cambio que ellos describen en Blips permanece siendo muy pequeño en realción a la variabilidad que hemos experimentado en grados Centígrados en la tierra, y es minúscula comparada con el número que las fórmulas físicas usan en términos de temperaturas absolutas. ¿Por qué esos números son más significativos para el cambio climático de lo que el 2 Blips era? Estas cuestiones no son respondidas de manrea científica.

No obstante, alguien podría decir que sería difícil eliminar cambios significativos si hay un cambio en T-Rex de +4 a +6 Blips. Es cierto. Pero es engañoso decir eso y detenerse. Sería difícil elimi-nar significantes cambios climáticos aún si T-Rex no hiciese Blips hacia arriba o hacia abajo para nada. Podríamos tener también un cambio de clima de cero-Blip causado por los humanos, y podría ser severo y catastrófico y todo eso. Quemar combustibles sólidos hasta podría causarlo. Y todo esto sin cambios en T-Rex!

¿Cómo podría darse esto? Fácilmente. Podríamos ver que el tiempo local se mueve en dirección de diferentes temperaturas con cambios que se cancelan entre sí en la suma total de las tempera-turas que la gente hace antes de dividir por el número de temperaturas medidas. Uno ni siquiera tiene que ir hacia valores extremos de temperatura, simplemente desordenar las cosas un poco; hasta un cambio sistemático del tiempo en unos pocos grados de longitud crearían un gran embrollo. Desgraciadamente, a causa de las deficiencias en la red de observación global, tales cambios aparecerían todavía como un cambio en el promedio oficial, aún cuando sería el mismo campo de temperaturas simplemente cambiado un poco en longitud.

También podemos tener tanto un desorden y algún movimiento sistemático a diferentes extremos locales. Podríamos tener más nubes en algunos lugares y menos nubes en otros – al mismo tiempo! Podríamos tener más vientos y lluvias – quizás una sabrosa mezcla de ambos. Podríamos hacer que el nivel de los mares suba, o baje. Todo esto simplemente podría hallar una manera diferente de expresarse.

Todos los augurios, conjuros, y señales que la gente apunta como consecuencias si T-Rex va para arriba, pueden muy bien suceder aún si no cambia para nada. Podemos tener más días calientes en el verano, o inviernos más cálidos, y aún así no ver cambios en T-Rex. Los déficit se pueden hacer en donde no tenemos termómetros – que es prácticamente en todas partes. O podemos tener cambios locales en la máxima diurna y mínimas nocturnas que se anulan entre sí en la media simple.

Todos los augurios, conjuros, y señales pueden suceder aún si T-Rex va para abajo. Los niveles del mar pueden subir aún si ciertas estadísticas de temperaturas globales van para abajo. Estos augurios son sensibles a circunstancias físicas locales que pueden tener muy poco que ver con una simple suma de temperaturas de cualquier otra parte, de aquí y de allá.

Los Hechos Fríos Como Hielo

Hemos usado el ejemplo del cubo de hielo dentro del living en el invierno para distinguir entre promedios y física relevante. Este no es un ejemplo inventado si uno considera a los glaciares. Los glaciares son los grandes cubitos de hielo en el exterior. Pueden encogerse aún si ciertas temperaturas promedio descienden. Son cosas dinámicas porque no están una caja cerrada sino que tiene una participación total con el ambiente. Su tamaño depende de las propiedades y la sincronía con muchas condiciones físicas y termodinámicas (como la cobertura de nubes y las precipitaciones, para mencionar sólo a dos), que les conceden comportamientos sorprendente-mente complicados. Señalar a un glaciar con el dedo y decir que se está achicando, y por ello la temperatura está subiendo, es algo muy ingenuo – y muy conveniente para la Doctrina.

Hay una larga tradición de apuntar dedos temblorosos a los glaciares. En una edición reciente del New Zealand Herald (abril 17, 2002) había una noticia alertando sobre el derretimiento de los glaciares en el Himalaya. Comenzaba así: “Los glaciares gigantes del Himalaya se están derritiendo con tanta rapidez que dentro de cinco años docenas de lagos de glaciares podrían romper sus riberas matando a decenas de miles de personas en su paso, advierte un informe de las naciones Unidas. Investigadores del Programa del Ambiente de la ONU, que han estado monitoreando los glaciares durante los últimos 15 años, están profundamente alarmados por la velocidad con la que muchos lagos se están llenando, a medida que los glaciares se encogen debido al calentamiento global.” Nótese el remate. “debido al calentamiento global”. Otras coberturas en el resto del mundo se hicieron eco del mismo asunto. Mas tarde, en el mismo artículo, el director del Programa del Ambiente de la ONU se hace presente, argumentando que la amenaza de inundar a las aldeas valle debajo de estos glaciares hace imperativo que se comience a reducir las emisiones de dióxido de carbono. (Afortunadamente, los ingenieros en Nepal están siendo más prácticos al reducir los niveles de los lagos valle arriba.) De manera que allí está la afirmación: T-Rex está haciendo que los glaciares se derritan.

Con toda seguridad, las temperaturas de lugares como Miami o Berlín, que contribuyen al T-Rex, no tienen nada que ver con los glaciares en el Himalaya. ¿Recuerda al cubo de hielo al lado de la estufa? ¿Qué tienen que ver la situación de los glaciares con el promedio global de las tempera-turas?

Los glaciares están justo en el medio de la baja troposfera. Usted puede ver los registros de las temperaturas de la baja troposfera en el sitio de Internet del Global Hydrology and Climate Center, en www.ghcc.msfc.nasa.gov/temperature/. En el mapa del mundo, use su cursor para trazar un cuadrado alrededor de los Himalayas, aproximadamente de 26.25ºN a 33.75ºN y 86.25ºE a 91.25ºE. El programa Java le mostrará un promedio de la temperatura del aire en esa región desde 1979. la “anomalía” promedio en 1980 fue de +0,18º Blips, y en el 2001 fue de -0,07 Blips, y entre estos años no hubo ninguna tendencia creciente, de manera ninguna! Epa! No hay calentamiento global ocurriendo allí en el promedio. Quizás la temperatura hace Blips para arriba, escapando a los promedios entre mediciones, provocando un rápido derretimiento cuando los instrumntos no estaban mirando.

Odiaríamos ver a los aldeanos Nepaleses y otros en el camino de los lagos glaciares sufriendo daños como resultado de súbitas inundaciones. Pero si ocurre, no será a causa de alguna subida de las temperaturas promedio porque este promedio no está subiendo, y no lo ha hecho durante las dos últimas décadas!

Puede ver usted porque nos hemos vuelto escépticos de los grandes paneles de la ONU y de sus pronunciamientos alarmistas. Ellos hacen unas observaciones del aumento de nivel en lugares elevados en Nepal - Crash!, saltan a la conclusión de que los glaciares se derriten a causa de la subida del promedio de temperaturas - Bang! otro salto a la conclusión de que los “gases de invernadero” están provocando todo esto, - Kapow! y finalmente saltan al anuncio que necesita-mos reducir el uso de los combustibles fósiles. Sin embargo no se molestaron en descubrir que el campo de temperaturas alrededor de los glaciares no muestra ninguna señal de estar aumentan-do en el promedio. Los glaciares son cosas complicadas, No son buenos termómetros.

Una Bestia Extraña

No podemos llamar al Figura 4.1 “temperatura global” porque no hay temperatura global. Tampo-co podemos llamarla “promedio global de temperaturas”, porque una vez que se promedian las temperaturas, ya no son más temperaturas sino meramente estadísticas.

¿Podríamos llamarla un “índice de temperaturas”? Tampoco, porque falla en el ensayo de ser un índice! Las reglas para armar un índice no podrían ser más simples: arroje dentro de la licuadora todo lo que se le ocurra, y mézclelo de la manera que más le guste. La única condición estipula-da es que, cualquier regla que haya aplicado el año pasado, la tiene que aplicar este año, el año que viene, y todos los años que vendrán después.

Pero en cuanto a las temperaturas se refiere, las reglas aplicadas en 1902 no son nada parecidas a las que se aplican ahora en el 2001. Las temperaturas que se recogen hoy son se hacen en diferentes lugares y de diferentes maneras, usando métodos diferentes que los usado siquiera hace 10 años. Los pesos en el promedio de temperaturas cambian de manera regular, reflejando las diferentes densidades de termómetros en cada región a lo largo del tiempo. Aún si la continui-dad del índice podría decirse que se mantuvo desde 1900 hasta, digamos, 1970, se rompió en 1990. En verdad, hay muchos lugares en las series donde la continuidad está comprometida. Por consiguiente la figura 4.1 no es un “índice de temperaturas”, sino que en el mejor de los casos es una secuencia de diferentes índices de temperatura, todos pegados, que debieron haber sido terminados repetidamente.

Al final este no es realmente un problema. Nadie se preocupa realmente por el T-Rex. No vivimos en una temperatura promedio más de lo que un cubo de hielo se derrite en "una temperatura". Lo que a la gente le preocupa en conexión con el clima no son los promedios de la temperatura, nadie se le importa si la temperatura sube unos pocos grados en la media.

La gente se preocupa por las inundaciones, sequías, tormentas y otras catástrofes que se les ha profetizado. Pero esto no es nada nuevo. Los riesgos de estas cosas siempre han preocupado a la gente, aun mucho antes de que el “calentamiento global” viniese a nuestras vidas. Nadie ha hecho ninguna conexión significativa entre el promedio no físico que es T-Rex y estas cosas. Hay mucho temor de que haya una conexión, pero no hay ninguna ciencia que hayamos podido hallar que pueda mantenerse firme en la investigación.

Bajo esa luz, usted puede llamar a T-Rex como más le guste y hacer con él lo que quiera. Pero en cuanto a nosotros se refiere, el T-Rex es una extraña bestia que muy poco tiene que ver con el clima que actualmente experimentamos todos.


Referencias:

1) El Hadley Centre, Gran Bretaña: www.met-office.gov.uk/research/hadleycentre/obsdata/globaltemperature.html

2) Christy, John R., David E. Parker, Simon J. Brown, Ian Macadam, Martin Stendel and William B. Norris. ”Differential Trends in Tropical Sea Surface and Atmospheric Temperatures since 1979.” Geophysicul Reseurch Letters 28(1), 2001, 183 – 86.

3) El método satelital es introducido en Spencer, Roy y John R. Chrsity. “Precise Monitoring of Global Temperature Trends from Satellites.” Science 247, 1990, 1558 – 62. Información actualizada se encuentra en: http://vortex.nsstc.uah.edu/data/msu/t21t/t21tglhmam.d.

4) Ver Ebbesmeyer, C.C., D.R. Cayan, D.R. McClain, F.H. Nichols, D.H. Peterson y K.T. Redmond. “1976 Step in Pacific Climate: Forty Environmental Changes Between 1968 – 1975 and 1977 – 1984.” En J.L. Betancourt y V.L. Tharp, editores. Proceedings of the 7th Annual Pacific Climate (PACLIM) Workshop, April 1990. California Department of Water Resources: Interagency Ecological Study Program Technical Report 26, 1991, 1 15 – 26.

5) Estamos agradecidos a Joe D'Aleo, un meteorólogo en Intellicast Corp., que recupero los datos del GHCN, los analizó y compartió los resultados con nosotros.


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