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El Espectro de la Extinción de las Especies
¿Diezmará el Calentamiento Global a la Biosfera de la Tierra?

por Sherwood, Keith y Craig Idso
Center for the Study of Carbon
Dioxide and Global Change


VIII. Nuestra Evaluación de los Estudios
de Parmesan y Yohe (2003)



Los estudios de Parmesan y Yohe son muy similares a los de Root et al. Comienzan con el mismo filtrado inicial de la información – Parmesan y Yohe dice que su “análisis ignora a las especies clasificadas como estables – una vez más, arreglando el mazo de naipes para tener éxito, como ellos lo definiría. Luego proceden a examinar minuciosamente a dos tipo de datos, al revés de Root et al, que examina a cuatro tipos: aquellos que tratan con cambios fenológicos y los que tratan de cambios del ámbito de fronteras o, como lo describen alternativamente, cambios en distribución/abundancia.

Con respecto a esta última categoría, que es una de pertinencia a la Hipótesis de Extinción causada por el CO2 del calentamiento global (HECO2, en adelante), Parmesan y Yohe (PY) dicen que ellos condujeron una evaluación cuantitativa que cubría a >1.046 especies.” Aunque esta descripción de su trabajo hace sonar a su trabajo como increíblemente completo, sólo se refiere al contenido de apenas 19 artículos científicos. Seis de estos artículos fueron incluidos en el Grupo 1 de Root et al (G1.1, G1.4, G1.5, G1.7, G1.9, G1.11), mientras que otro fue incluido en el Grupo 2 (G2.5). Por ello, analizaremos a continuación los 12 artículos adicionales de PY que tuenen una potencial pertinencia en la misma manera que hicimos con los de Roo tete al, es decir, en el orden en que PY los listan en sus referencias.



IX. Estudios Adicionales de Parmesan y Yohe.


PY.1 - Smith et al. (1999)


Los autores revén lo que se conoce sobre la sensibilidad de los ecosistemas marinos al cambio climático en la península Antártica, haciendo foco sobre las poblaciones de pingüinos. Notando que “los pingüinos Adelie son habitantes obligados de bloques de hielo, mientras que sus congéneres, los pingüinos 'chinstrap' se dan casi exclusivamente en aguas libres de hielo,” ellos describen casi los mismos desplazamientos de los hábitat de estas especies (y en conse-cuencia, de sus poblaciones) como lo hacen Emslie et al (1998) en el estudio G2.1. De allí, con una península Antártica actualmente calentándose, pero el resto del continente Antártico enfrián-dose, los autores de este estudio hallan que “las condiciones óptimas del hielo para los pin-güinos Adelie no existen más en la región de la Península Antártica occidental y las pobla-ciones continúan decreciendo, mientras que en la región del Mar de Ross las condiciones óptimas del hielo no han ocurrido todavía y las poblaciones están aumentando.”

Entonces, ¿que han aprendido los autores? Las diferentes poblaciones de pingüinos de la Antár-tida tienden a seguir las condiciones climáticas que les vienen mejor, claramente evitando la extinción y reemplazando de manera alternativa uno y otro hábitat a medida de que el clima se calienta o se enfría. Así ha sido siempre, y así lo seguirá siendo.

PY.2 -- Grabherr et al. (1995)

Los autores de este capítulo en un libro dedicado al estudio de la biodiversidad Ártica y Alpina, presentan básicamente la misma información como es discutida por Grabher et al, (1994) y Pauli et al. (1996) en los estudios G1.7 y G1.8. Aunque su informe está lleno con horrendas prediccio-nes de extinción de especies, y dicen que las tasas de emigración ladera arriba de especies de plantas “podrían no resultar adecuadas para mantener el ritmo del calentamiento global,” de manera que “en áreas de alta montaña podría ocurrir una extensa reducción de biodiversidad, ” su propia información del mundo real muestra que está ocurriendo exactamente lo opuesto.

Con respecto a la varias montañas de los Alpes Europeos, ellos informan que “la riqueza de especies se ha incrementado en la mayor parte de las cimas”; y que “la mayor parte de las especies han aumentado en abundancia,” que es exactamente lo que hemos predicho que ocurriría en respuesta al actual aumento de la temperatura y concentración del CO
2. En verdad, la vida está proliferando y la biodiversidad local está creciendo, gracias al constante aumento del CO2 en la atmósfera y de las temperaturas.

PY.3 -- Sagarin et al. (1999)

Los autores documentaron cambios en la abundancia de especies macroinvertebradas en una comunidad rocosa inter-mareas en la estación marina Hopkins, pacific Grove, California, entre relevamientos conducidos en 1931-33 y 1993-96, intervalo en el que la temperatura promedio del agua de la línea costera aumentó en 0,8º C. Los científicos descubrieron que “la mayor parte de las especies sureñas (10 de 11) aumentaron en abundancia, mientras que la mayoría de las especies norteñas (5 de 7) disminuyeron.” Las especies cosmopolitas, por otra parte, “no mostraron ninguna tendencia clara, con 12 en aumento y 16 en disminución.”

Aunque estas observaciones sugieren claramente que el calentamiento regional fue responsable de los cambios en abundancia de las especies en el sitio y al momento del estudio, obviamente no nos dicen nada acerca del bienestar general de la especie estudiada. Por lo tanto resultan absolutamente irrelevantes para apoyar a la HECO2.

PY.4 -- Beaugrand et al. (2002)

Los autores “proveen evidencia de cambios a gran escala en la biogeografía de los crustáceos 'cioepod' calanoides en el Océano Atlántico Norte oriental y los mares de la plataforma conti-nental de Europa” durante el período 1960-1999. En particular, ellos notan que al este de los 20ºW encuentran “un significante movimiento en dirección al polo de las especies cálidas, asociado a una clara disminución en el número de especies subárticas y árticas en el norte.” Sin embargo, al oeste de la cresta en la mitad del Atlántico, especialmente en el mar del Labra-dor, ellos informan que “la tendencia es la opuesta y el número de especies del Ártico han aumentado claramente,” confirmando un “desplazamiento de los ecosistemas marinos en dirección a un equilibrio dinámico más frío el círculo subártico.” Los autores notan, entonces, que los varios desplazamientos de ámbito que ellos identifican parecen estar correlacionados con cambios concomitantes en la temperatura. Nuevamente, la información nos dice muy poco acerca de la salud en general de las especies estudiadas, o e tamaño total de sus poblaciones. Todo lo que se descubre es que tanto las especies adaptadas al calor como las adaptadas al frío tienden a seguir los cambios de temperaturas, algo que cualquiera se lo podría haber dicho antes del estudio.

PY.5 -- Hersteinsson y Macdonald (1992)

Los autores describen las distribuciones geográficas de los zorros rojos y los árticos en las tundras de Norteamérica y Eurasia, notando que a principios del siglo 20 “los zorros rojos expandieron el límite norte de su s distribuciones hacia latitudes y altitudes más altas,” empujados primariamente, en opinión de los autores, por las consecuencias positivas del calentamiento de ese período para la disponibilidad de las presas del zorro rojo. La consiguiente competencia que impuso la invasión del zorro al zorro ártico dio por resultado que esta especie se desplazara hacia el norte el límite sur de su hábitat, pero que no fue obligado a retraerse más, sin embargo, que la extensión hacia el norte del límite norte del zorro rojo. Por ello, y como el previo estudio (PY.4), este estudio suministra evidencia para el desplazamiento del hábitat inducido por el clima, pero ninguna indicación de que esos cambios fueran de ninguna manera perjudiciales para la vitalidad general de ninguna de las especies involucradas.

PY.6 -- Holbrook et al. (1997)

Los autores estudiaron cambios en cardúmenes de peces en arrecifes cercanos a las costas, en la ensenada de la California del Sur durante el período 1973-93. Cerca del comienzo de este período, durante 1976-77, la temperatura media de la superficie de la región creció casi 1º C por encima de la media de los 15 años anteriores, coincidente con un cambio en el estado básico del sistema climático atmósfera-océano del Océano Pacífico Norte. En consecuencia, “la dominación cambió de las especies afines al frío a aquellas con afinidad por aguas más cálidas”, a medida de que “la abundancia de las especies norteñas disminuyó y aumentaron la de las especies sureñas.”

Este “descubrimiento” es muy similar al de muchos de los demás estudios que ya hemos conside-rado. Las especies tienden a “seguir la corriente” de las cambiantes condiciones climáticas (en especial las especies marinas), desplazando sus ámbitos y a menudo creando nuevas asocia-ciones bióticas con otras especies. En todos los casos, sin embargo, no hay ninguna indicación que podría apoyar a la HECO2, porque el desplazamiento del hábitat no lleva a ninguna desapa-rición de ninguna de las especies involucradas como tampoco, en la mayor parte de los casos, ni siquiera a la disminución de sus poblaciones.

PY.7 -- Sturm et al. (2001)

En julio de 1999 y 2000, los autores volvieron a fotografiar 66 sitios ubicados entre el Brooks Range y la costa Ártica de Alaska que había sido fotografiada entre 1948 y 1950. En la mitad de estas ubicaciones ellos encontraron “nítidos y, en algunos casos, dramáticos aumentos en la altura y diámetro de arbustos individuales, áreas de relleno que anteriormente tenían un diseminado de arbustos achaparrados, y expansiones de chaparrales en áreas previamente libres de ellos.”

Los científicos atribuyeron este desplazamiento de los chaparrales hacia el norte al significativo simultáneo calentamiento de la región. Es también posible que la marcha hacia el norte de las plantas leñosas pudiese haber sido ayudada por el concomitante aumento del contenido del CO
2 en el aire, como lo describe Idso (1995), quien recolectó una enrome abundancia de citas en la literatura científica describiendo la invasión de praderas por parte de plantas leñosas en todos los continentes del globo (excepto la Antártida, por supuesto) y explicó por qué tales eventos deberían ser esperados en respuesta al aumento del CO2 atmosférico. En cualquier evento, ya sea empu-jado por el aumento del CO2 en el aire, su temperatura, o ambos fenómenos, es claro que la expansión del ámbito de las plantas leñosas descritas en este estudio son respuestas oportunís-ticas al cambio ambiental, que de ninguna manera implican la inminente defunción de las espe-cies en migración que se predice en la HECO2.

PY.8 -- Smith (1994)

Los autores informan que los datos obtenidos por numerosos investigadores durante un período de 27 años, durante el cual la Península Antártica experimentó un calentamiento rápido y signifi-cativo – han revelado “un significativo y relativamente rápido aumento en el número de indivi-duos y poblaciones en dos localidades muy separadas en el Antártico marítimo,” de “las dos únicas plantas vasculares nativas de la Antártida, de la especie (Colobanthus quitensis y Deschampsia antarctica).“ Esta observación suministra una prueba más de respuesta oportu-nística de las plantas al calentamiento regional, que en este caso parecería ser la absoluta antítesis de la inminente extinción.

PY.9 -- Parmesan (1996)

Citando a una cantidad de fuentes científicas, el autor dice que en respuesta al calentamiento global, “el rango de las especies debería moverse en dirección a ambos polos en latitud, y hacia arriba en elevación.” Probando esta hipótesis pertinente a la mariposa de mota cuadri-culada de Edith (Euphydryas editha), Parmesan dice que ella “censó 115 sitios con registros históricos para clasificar su actual estado como extinto o intacto, y para 36 sitios adicionales determinó su actual status.”

Con respecto al desplazamiento potencial del ámbito latitudinal, ellas encontró “una impactante pendiente en netas tasas de extinción,” con poblaciones locales previamente viables, en un México más mucho caliente, con cuatro veces más posibilidades de estar actualmente extintas que aquellas en el Canadá, mucho más frío, lo que tendría que esperarse en un mundo en calentamiento. Sin embargo, es importante notar que han ocurrido extinciones locales a lo largo de todo el rango latitudinal investigado, que se extiende desde cientos de kilómetros en México hasta cientos de kilómetros en el Canadá.

Aún más importante era el hecho que las poblaciones vivas de la mariposa fueron halladas dispersas a lo largo de la misma gran distancia, indicando que ellas pueden – y lo hacen! Sobrevivir y reproducirse a lo largo de un rango de condiciones térmicas realmente ancho. Por ello, aún cuando las concusiones de Parmesan fuesen correctas – lo que es ampliamente debatible, basado en estas últimas observaciones – sugeriría que el límite sur de la mariposa, definido por el calor, no podría nunca moverse con la rapidez suficiente, o lo bastante lejos, para alcanzar a su límite norte en un mundo en calentamiento, que es lo que sería necesario para la extinción total de la especie, que es profetizada por la HECO2.

Pero, ¿Qué hay del desplazamiento potencial en el rango de elevación, en donde distancia mucho menores separan a las fronteras cálidas de las frías? Aquí, Parmesan fue forzada a informar que “aunque un resultado previsto del calentamiento del clima es un aumento de la tasa de extinción en las elevaciones muy bajas,
en nuestros datos no aparece esa tendencia.” [las negritas son nuestras]. En consecuencia, su aseveración de que su trabajo de campo y análisis representa “el primer estudio que provee de evidencia para el predicho desplazamiento de ámbitos,” es inmensamente exagerada. En verdad, fracasa estrepitosamente en uno de sus dos ensayos (la respuesta en elevación) y está muy lejos de convencer con la segunda (la respuesta en latitud.)

PY.10 -- Payette et al. (1989)

Los autores investigaron la respuesta de la vegetación a cambios de largo plazo en el clima en el norte del Canadá, basados en análisis de anillos de árboles y forma de crecimiento en subfósiles del abeto rojo (spruce). Su información sugiere, en sus palabras, que “la respuesta de la vegeta-ción al calentamiento global no son tan claras como uno podría esperar.” De manera específica ellos notan que, “aunque reciente información del clima indica un sostenido calentamiento global durante este siglo, no se ha podido identificar ninguna evidencia concluyente de una respuesta de positiva de la vegetación en estos lugares de líneas de árboles expuestos.” Es muy difícil de comprender la razón por la que Parmesan y Yohe han citado a este estudio como evidencia para su aseveración de que el aumento de la temperatura del siglo pasado “ya está afectando a los sistemas vivientes.”

PY.11 -- Ross et al. (1994)

Los autores comenzaron su estudio notando que Alexander (1976) interpretó la presencia de troncos de pinos muertos en pantanos de manglares en los Cayos Bajos de la Florida como evidencia de la suba del nivel del mar en el siglo 20, que se presumió que mató a los pinos. Luego ellos extienden y actualizan el trabajo de Alexander examinando fotografías aéreas y evidencia de campo “para comprender cómo la suba de 15 cm en el nivel del mar local durante los últimos 70 años habían afectado la distribución de los pinos.” Su conclusión final era que “la salinización del agua del suelo y el subsuelo que ocurre cuando el nivel del mar asciende es un gran factor en la reducción de los bosques locales de pinos.”

Ero, ¿qué hay del calentamiento, los efectos directos que supone que son responsables de los “cambios en distribución /abundancia” que Parmesan y Yohe aseveran que son evidentes en los sistemas vivientes? En las palabras de Ross et al., “durante los periodos de registro (temperatura 1850-1986; precipitación 1886-1986) no hubo una tendencia direccional en ninguno de los parámetros climáticos. [el texto en rojo es nuestro].

En términos de ascenso del nivel del mar, por supuesto, no es el calentamiento regional sino el global el que es pertinente; y la tierra en verdad se estuvo calentando, en promedio, desde la mitad del Siglo 19 (Esper et al. (2002). Pero la migración para escapar al ascenso del nivel de los mares no es el mecanismo sobre el que la HECO2 se basa. Otra vez más, este estudio es irrelevante para cualquier intento de validar ese concepto.

PY.12 -- Johnson (1994)

El autor, “usando como línea de base la literatura distribucional de fines de los años 50, principios de los 60,” dice que él “compiló registros de 24 especies de aves de las Notas de Campo de la Audubon, de Aves Americanas [Audubon Field Notes, y American Birds), y otras fuentes que documentan una colonización masiva y expansiones a gran escala de distribuciones de anidados durante las últimas tres décadas en los Estados Unidos contiguos.”

De manera específica, él informa haber hallado “cuatro especies norteñas que han extendido sus rangos hacia el sur, tres especies del este que se han expandido hacia el oeste, 14 especies sureñas o mexicanas que se han movido hacia el norte, una especie de la Gran Bacía-Meseta de Colorado que se ha expandido radialmente, y dos subespecies Gran Bacía-Montañas rocosas que se han expandido hacia el oeste.”

¿Qué es responsable de estas expansiones de rango en todas direcciones? Jonson concluye que “aunque el calentamiento climático esté probablemente involucrado, especialmente para aquellas especies del sur que están invadiendo hacia el norte, probablemente no sea ni la única causa ni tampoco la primaria para el ajuste de rangos entre las especies en expansión como grupo.” Como causa alternativa él sugiere que “muchos de estas especies están respondiendo primariamente a décadas de aumento de las lluvias veraniegas en regiones más allá de sus antiguos ámbitos.” Una vez más, uno se pregunta cuál será la causa de que Parmesan y Yohe han citado las conclusiones de este estudio como evidencia para su reclamo de que le calentamiento global del siglo pasado “ya está afectando a los sistemas vivientes.”





X. Discusión de los Resultados de
    Estudios Adicionales de Parmesan y Yohe


De los doce estudios analizados por Parmesan y Yohe, por encima y más allá de aquellos anali-zados por Root et al., dos parecen refutar directamente la Hipótesis de Extinción por CO2, o HECO2 (PY-2 y PY-9). El primero de estos estudios describe migraciones oportunísticas ladera arriba de plantas que no desplazan a especies de las alturas mayores y por consiguiente terminan aumentando la riqueza de especies en las montañas. El segundo estudio describe las distribu-ciones latitudinales y en elevación de una especie de mariposas que no está imposibilitada de vivir a lo largo de un rango de temperaturas comparables a las halladas a cientos de kilómetros al sur de la frontera de los Estados Unidos con México, y a cientos de kilómetros al norte de la frontera con Canadá.

Tres estudios describen extensiones oportunísticas de ámbitos limitados por el frío en respuesta a un calentamiento regional (PY-5, PY-7, y PY-8). El primero trata de zorros en Norteamérica y Eurasia, el segundo con arbustos y chaparrales en Alaska, y el tercero con plantas vasculares en la Antártida. Todas las extensiones de los ámbitos parecen haber beneficiado a las especies en cuestión, y ninguna parece haber amenazado a otras especies con la extinción, aunque una especie de zorro forzó a otra especie de zorro a moverse un poco más hacia el norte, a medida que invadió su territorio.

Sin embargo, a medida de que el clima de la Tierra se calienta y enfría alternadamente, en ciclos naturales, este desplazamiento del ámbito determinado por la competencia es nada más que otra parte del esquema natural de las cosas; y como ha sido considerablemente más caliente durante gran parte del actual interglacial de lo que es ahora – de hecho en por lo menos 2º C a 6º C (Taira, 1975; Porter y Orombelli, 1985; Huntley y Prentice, 1988, Korotky et al, 1988) – la simple existencia de ambas especies hoy es la prueba viviente de que hasta la más adaptada al frío de ellas puede “aceptar el calor” de un gran calentamiento del clima.

Cuatro estudios documentaron desplazamientos de rangos de especiesen respuesta a cambios en el clima (PY-1, PY-3. PY-4, PY-6). El primero trata de poblaciones de pingüinos Adelie y pingüinos de barbijo (o 'chinstrap') en la Antártida que siguen las condiciones climáticas que les vienen mejor, reemplazándose alternadamente entre ellas en diferentes ubicaciones a medida de que el clima se calienta o se enfría.

El segundo estudio trata con macro-invertebrados en una comunidad intermareas rocosa, apenas fuera de la costa de California, donde el calentamiento de las aguas entre 1931-33 y 1993-96 condujo al reemplazo de muchas especies “norteñas” con espcies “sureñas”.

El tercer estudio trata con ciertos crustáceos en el Océano Atlántico Norte oriental y los mares de las plataformas de Europa, algunas de las cuales se desplazaron hacia el norte en partes de la región que se enfrió durante el mismo período.

El cuarto estudio trata de pesquerías de arrecifes cercanos a la costa en la ensenada del sur de California, (o Southern California Bight) en donde la dominación se desplazó de las especies con afinidad con aguas frías a las especies afines al agua más cálida, después de un calentamiento de 1º C del agua, centrado en 1976-77. En los cuatro casos, no hay indicaciones de que ningu-na especie haya sufrido como resultado del desplazamiento de rangos causado por la tem-peratura; simplemente ellas parecen haberse mudado de un ámbito a otro.

Los tres estudios finales revisados por Parmesan y Yohe son una bolsa mezclada de rarezas. Aunque se sabe que el planeta se ha calentado sustancialmente durante el siglo pasado, un estudio de líneas de árboles expuestos en Canadá (PY-10) no pudo encontrar “evidencia concluyente de una positiva respuesta de la vegetación.” En otro estudio (PY-11), se pudo determinar que los pinos de las islas de los Cayos Bajos de Florida (o Lower Florida Keys) murieron a consecuencia de “la salinización del agua del suelo y subsuelo que ocurre cuando asciende el nivel del mar.”

Por consiguiente, con respecto a la HECO2 inducida por el calentamiento global que dice que las crecientes temperaturas forzarán a las especies a emigrar más rápido de lo que son capaces de hacerlo, estas investigaciones tienen muy poca relevancia. Finalmente, el estudio de Johnson (PY-12), describe especies de aves que han extendido el rango de su hábitat en todas direcciones imaginables en el oeste de los Estados Unidos, y concluye que el calentamiento climático no es la causa primaria de la extensión de los rangos, haciendo que uno se pregunte cómo este y los demás estudios citados por Parmesan y Yohe podrían ser usados para apoyar los miedos irracionales de inminentes extinciones impulsadas por el calentamiento inducido por el CO2.

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