
El Gobernador de Nueva York, George Pataki, se unió recientemente a un creciente coro que exige un futuro renovable. “Dentro de 10 años,”, dijo Pataki en su discurso Estado del Estado, “por lo menos el 25 por ciento de la electricidad comprada en Nueva York provendrá de fuentes de energía renovables como las solares, eólicas, o celdas de hidrógeno.”

Y en un
artículo especial "Estado del Estado" en la revista
Atlantic Monthly, Ricardo Bayon de la New American Foundation, un
respetado instituto de política pública, hace un apasionado
llamado a moverse en dirección de la economía del hidrógeno,
reclamando la necesidad de desprender a la economía de los EEUU y a
la del mundo también, del petróleo. Y la manera de hacerlo es
alentando el desarrollo comercial de una tecnología llamada la celda
de combustible de hidrógeno."
A pesar de estas afirmaciones y predicciones, la ciencia de la energía
renovable nos dice que existen signficantes obstáculos para concretar
los sueños de estos apoyadores.
"Hubiésemos
Deseado Que Esto Hubiese Resultado Diferente'
La producción de electricidad a partir de los recursos del viento no
emiten dióxido de carbono, un gas de invernadero, directamente al aire.
Y esos nichos de energías renovables pueden tener sentido con una demanda
a pequeña escala en áreas ricas en viento y sol, y lejos de
la red eléctrica convencional, o donde los generadores de electricidad
movidos por combustibles fósiles emitirían polución local.
Sin embargo, en las aplicaciones a gran escala, tales como las requeridas
para alimentar a las celdas de combustibles, o para suministrar electricidad
a una comunidad entera, la elelctricidad eléctrica no sólo son
caras, sino que son también potencialmente destructivas del ecosistema.
El viento y el Sol son gratis, pero dominarlos y generar electricidad con
ellos tiene costos elevados. Ambos, el viento y el Sol, son difusos e intermitentes,
haciendo que el envío de electricidad de buena calidad, disponible
sobre demanda, sea más difícil que para las instalaciones de
carbón, hidroeléctricas o nucleares. El Sol y el viento son
también fuentes difusas de energía, de modo que requieren de
vastas áreas de terreno para recoger la energía. Dada su naturaleza
intermitente necesitan ser suplementadas por fuentes convencionales de energía,
esperando en reserva para el momento en que el viento no sopla, o el Sol no
brille.
El costoso impacto ambiental y falta de confiabilidad de las energías
eólicas y solares son conocidas desde los días del frenesí
de la energía solar de los años 70. Pero sus proponentes afirman
que las nuevas tecnologías harían a estas fuentes más
baratas y disminuirían su impacto ambiental.
Desgraciadamente, la nueva tecnología no ha ayudado mucho. Los investigadores
de la Universidad Cornell recientemente han vuelto a reinstalar el hecho que,
a pesar de los avances en ingeniería que hacen a las energías
más atractivas de lo que eran décadas atrás - con más
elevadas eficiencias de colección de los paneles fotovoltaicos, o más
grandes, más aerodinámicamente eficientes hélices de
las turbinas, por ejemplo - los recursos solares o eólicos permanecen
siendo pobres fuentes de energía.
"Hubiésemos deseado que esto resultase diferente - realmente lo
deseamos - pero es muy difícil luchar contra los hechos,"
dice el principal autor del estudio, Profesor D. Pimentel, de Cornell.
California, Adiós
Tan duros hechos de la ingeniería ponen a la promesa de las fuentes
renovables de energía en su ade-cuada perspectiva. Como ejemplo, considere
si el viento podría proporcionar energía para las celdas de
combustible para el transporte. El sector se basa casi exclusivametne en los
productos del petróleo. ¿No serían las celdas de hidrógeno,
que emiten solamente vapor de agua durante la operación, una buena
manera de reducir las importaciones de petróleo extranjero y cortar
la emisión de CO2?.
Las celdas de combustible de hidrógeno funcionan a partir de elemento
más común en el Universo. El Sol, por ejemplo, tiene una composición
que es 90% hidrógeno. La desilusión es que no hay pozos de hidrógeno
en la Tierra - el hidrógeno es tan liviano que escapa a la atracción
de la gravedad del planeta.
Sin embargo, exiten dos átomos de hidrógeno en cada molécula
de agua, y los océanos de la Tierra contienen gigantescas cantidades
de agua.
El plan sería usarla energía de las turbinas de viento para
disociar, o dividir, a los átomos de hidrógeno de los átomos
de oxígeno. El hidrógeno sería enviado a, y ubicado en
celdas de combustibles para impulsar vehículos. La emisión de
una celda de hidrógeno en operacion es energía - y vapor de
agua.
Lo primero que hay que notar es que el ingreso y el egreso del agua en el
sistema significa que hay un gasto neto de energía que lo hace funcionar.
Hay otros costos de energía - manufactura, envío, etc. Pero
por el momento supongamos que suficientes turbinas de viento pueden construirse
para tomar cuenta de los costos del sistema "océanos-a-ruedas".
A causa de que no existe tal sistema de combustible en una escala suficientemente
grande para tener una estimación firme, supongamos groseramente a nivel
del área más pequeña que sería ocupada por las
turbinas de viento en esa situación. Vamos a suponer un sistema de
generosa eficiencia (algunas celdas de hidrógeno pueden convertirlo
directamente a corriente continua a una eficiencia del 40% - es decir, son
bastante eficientes), y los altos costos de los vehículos de celdas
de hidrógeno (estimados actualemente en $q00.000 dólares) y
los de la energía eólica, serán ignorados.
A continuación, supongamos que hay disponibles óptimas ubicaciones
para las turbinas de viento, ricas en recursos de viento. Por ahora, ignoremos
el transporte del hidrógeno y la pérdida durante la carga de
las celdas (pero recuerde que estas pérdidas aumentarán la necesidad
de más recursos renovables).
Si damos por supuesto que las turbinas que cargan a las celdas de hidrógeno
pudiesen reemplazar la energía de un tercio del petróleo usado
para transporte, eso se traduce a aproximadamente 10% de la demanda total
de energía de los Estados Unidos.
Para generar esa cantidad de energía, las turbinas de viento tendrían
que ocupar un área de aproxima-damente 543.000 kilómetros cuadrados.
Eso es 25% más que el tamaño de California (asumiendo que toda
California fuese adecuada como asentamiento para recursos eólicos -
que no lo es).
Es verdad, las turbinas tendrían que estar espaciadas de manera que
viento fluya libremente a través de las hélices, dejando lugar,
más allá del espacio requerido por las torres, para algún
uso limitado. De modo que, en algún sentido, California no estaría
completamente cubierta de molinos de viento. Pero ya no habría lugares
silvestres, tampoco, debido a las líneas de alta tensión, edificios
de servicio y caminos que surcan el paisaje. Además, habría
desprendimientos de palas, caída de torres, atalyas destruidas, y significante
matanza de aves en peligro de extinción, tal como las rapaces.
En el pasado, la tecnología ha conseguido solucionar los problemas
enfrentados por la sociedad, y lo seguirá haciendo. Pero ese entusiasmo
por la tecnología necesita cimentarse en la realidad científica.
Y desear que la energía eólica soporte muy pronto a las modernas
y pujantes economías no lo hará.
Usted es el visitante No.:
desde Enero de 2002
FastCounter by bCentral