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Clima, Alerta y Precaución

Por Willis Eisenbach
WattsUpWithThat.com
Enero 1º, 2010

Uno de los argumentos aplicados con frecuencia en el debate del clima es que el “Principio Precau-torio” requiere que tomemos acción para reducir al CO2. Sin embargo, esta es una mala comprensión del Principio Precautorio que significa otra muy diferente de la clase de precaución que nos hace llevar un paraguas cuando amenaza lluvia. Algunas personas llevan al Principio Precautorio dema-siado lejos…


Figura 1. Paraguas exhibiendo un Exceso de Precaución

La naturaleza del Principio Precautorio está ampliamente malentendida. Permítanme comenzar con el nacimiento del Principio Precautorio (lo llamaré PP en adelante), que viene de la Declaración de Río de Janeiro de las Naciones Unidas en la Cumbre de la Tierra de 1992. Esta es su formulación original:

“Para proteger al ambiente, el acercamiento precautorio será aplicado por los Estados de acuerdo con su capacidad. Donde haya amenazas de serios o irreversibles daños, la ausencia de certeza científica no será usada como una razón para posponer medidas costo-efectivas para prevenir la degradación ambiental.”

Esta es una excelente declaración del PP, ya que lo distingue de cosas como llevar un paraguas por si llueve, negar un préstamo bancario, aprobar al Protocolo de Kioto, invadir Afganistán, o usar cinturones de seguridad.

Las tres partes claves del PP son (énfasis mío):

  1. La amenaza de un daño serio o irreversible.
  2. Ausencia de totalcerteza científica (en oras palabras, la existencia de evidencia científica parcial pero no concluyente.
  3. La disponibilidad de medidas costo-efectivas que sabemos que impedirán el problema

Aquí van algunos ejemplos de la manera en que estas partes claves operan en la práctica:

Tenemos la total certeza científica de que los cinturones de seguridad salvan vidas, y que usar un paraguas nos mantiene secos. Por eso, usarlos no es un ejemplo del PP, es simplemente actuar razonablemente basados en principios científicos que son totalmente ciertos.

No hay principios científicos o evidencia que podamos aplicar a la cuestión de invadir Afganistán, de manera que tampoco se puede aplicar allí al PP.

Los préstamos bancarios no son serios ni irreversibles, como tampoco haya una comprensión científica parcial de ellos, de modo que tampoco califican para el PP.

El Protocolo de Kioto está tan lejos de ser costo-efectivo que hasta produce carcajadas. El PP puede verse como una especie de póliza de seguros. Nadie pagaría $200.000 por una póliza cuyo reembolso en caso de un accidente grave sean sólo $20, y sin embargo esta es la clase de relación costo-beneficio –costo de la prima/valor del reem-bolso- que Kioto involucra. Hasta sus mismos proponentes dicen que si los Estados involucrados alcanzan sus metas, reduciría la temperatura en tan sólo una décima de grado en 50 años... no es una buena relación costo/ beneficio.

Finalmente considere al CO2. La afirmación es que en 50 años nos lamentaremos si no detenemos la producción de CO2 ahora. Pero no sabemos si el CO2 causará algún daño grave dentro de 50 años, mucho menos si el daño será serio o irreversible. Tenemos muy poca evidencia de que el CO2 causará un calentamiento “peligroso”, fuera de las fantasiosas predicciones hechas por modelos computados, sin ensayos, no verificados, sin validación alguna que no han sido sujetos a ningún control de verificación de seguridad, calidad y confiabilidad de su software.

No tenemos absolutamente ninguna evidencia de que un mundo más cálido será un mundo peor; puede ser un mundo mejor. Se estima que el costo de los remedios propuestos asciende a la suma de un billón de dólares anuales... difícilmente un costo/efectivo bajo cualquier análisis. Tampoco tenemos ninguna certeza de que los remedios propuestos impedirán al proyectado e hipotético problema. De modo que disminuir al CO2 fracasa en calificar en los tres criterios del PP.

En el otro lado de la ecuación, un buen ejemplo de cuándo deberíamos usar al PP involucra a las extinciones locales. Tenemos una buena comprensión científica de que retirando a un importante depredador de un ecosistema altera gravemente las cosas. Mate a los pumas y los ciervos aumentarán demasiado y habrá un sobre-pastoreo y se reducirán las plantas, el suelo comenzará a erosionarse, se desequilibran, y así a lo largo de la línea.

Ahora, si estamos viendo un nuevo ecosistema que no ha sido científicamente estudiado, no tenemos la certeza científica de que removiendo al principal predador realmente causará daños serios o irreversibles al ecosistema. Sin embargo, si hay método costo-efectivo de evitar remover al depredador principal, el PP dice que deberíamos hacer-lo. Cumple con los tres requisitos del PP –existe una amenaza de daño serio o irreversible, tenemos una certeza científica parcial, y existe una solución costo-efectiva, luego debemos actuar.

Porque yo no comparto esta visión sobre la inaplicabilidad del principio precautorio al CO2. A menudo soy acusado de no querer hacer algo acerca de una posible amenaza. Hay personas que dicen que yo ignoro algo que podría causar problemas en el futuro. No es el caso. Yo no abogo por la inacción. Abogo por el uso de acciones “sin lamentos” en respuesta a esta clase de posibles peligros.

La regla del concepto “sin lamentos” es muy simple: haga cosas que provean un beneficio real, inmediato, de bajo costo y tangible aunque la amenaza no sea real. De esa forma no habrá lamentaciones por sus acciones.

Estos son algunos ejemplos de respuestas “sin lamentos” a las amenazas predichas por el aumento del CO2 en la atmósfera. En Perú los villorrios en las colinas encima de Lima son muy secos, y es un problema que se supone que se hará peor si el mundo se calienta. En respuesta al problema la gente está instalando “redes de neblina”. Estas redes capturan el agua de la neblina proveyendo de agua dulce a los villeros.

NOTA DE FAEC: El mismo sistema se aplica desde hace mucho años en la región desértica del norte de Chile, en Chungungo, al sur de Iquique, en Hawaii, en África del Sur, Croacia, la India, etc, antes de que el miedo del calentamiento global fuese la histeria que es hoy. Aunque en Iquique no llueve más de 5 mm al año, la intensa humedad que proviene del océano Pacífico es arrastrada durante la noche tierra adentro, subiendo los vientos por las colinas arenosas donde hay instaladas grandes barreras de telas sintéticas de trama muy abierta (en Argentina son conocidas como “media sombra”), donde la espesa neblina se condensa en gotas de agua y cae en canales que llevan al agua obtenida hasta grandes reservorios.


En la región India de Ladakh tienen el mismo problema: escasez de agua. De modo que han comenzado a construir “glaciares artificiales”. Son poco profundos estanques hacia donde desvían el agua durante el invierno. El agua se congela y es liberada lentamente a medida de que el “glaciar” se derrite durante el transcurso de la siguiente tem-porada de cultivos y cosechas.

Estas son la mejor respuesta a una posible amenaza por el CO2. Son baratas, resuelven hoy un problema real en lugar de medio siglo en el futuro, y están dirigidas a los pobres del mundo.

Estas respuestas revelan también lo que llamo el “secreto sucio” de la muchedumbre del “todos vamos a morir en 50 años por el CO2”. El secreto sucio de sus pronósticos de un masivo e inminente Apocalipsis es que las amena-zantes catástrofes de las que nos advierten hace rato que ya están aquí.

Todos los diferentes tipos de destrucciones relacionadas con el clima, que tanto le preocupa y asusta a la gente para dentro de 50 años, están sucediendo ahora. ¿Sequías? Las tenemos, desde hace siglos. ¿Inundaciones? Tenemos de sobra, y las tuvimos durante milenios. ¿Ascenso del nivel de los mares? Seguro. ¿Enfermedades trans-mitidas por insectos? ¿Nombre cualquiera –las tenemos. ¿Tornados y tormentas extremas? Las tenemos todo el tiempo. ¿Hambrunas, gente muriendo de hambre? ¿Cuántas quiere que le nombre? ¿Las 7 plagas Bíblicas de Egipto? Si quiere le añadimos moscas.

Olvídese de lo que sucederá dentro de 50 años. Toda posible catástrofe climática está ocurriendo ahora, y lo estuvo haciendo durante siglos, milenios.

De manera que is usted está interesado en esos problemas, haga algo hoy. Contribuya con organizaciones que desarrollan variedades vegetales resistentes a la sal. Invierta dinero en enseñar las medidas tradicionales de resistencia contra las sequías en África. Apoye el uso de mini plantas hidrológicas para la energía de pequeñas localidades. Las posibilidades son interminables.

De esa manera, ya sea que los profetas del Apocalipsis estén en lo cierto o no sobre lo que sucederá dentro de 50 años, la gente entonces y ahora, estarán mejor preparadas y serán más capaces de enfrentar los problemas cau-sados por los desagradables caprichos del clima. Luchar contra el CO2 es tremendamente costoso, hasta la fecha ha sido totalmente inútil, será muy perjudicial para la gente más pobre, y no hay ninguna certeza de que producirá los resultados prometidos. Esta es una combinación muy mala.

Yo no creo que el CO2 causará esos escenarios apocalípticos. Pero soy nadie más que yo, y me equivocado antes. Si a usted le preocupa el COo2 cree que el “el Demooonio”, usted debería salir a promover su opción favorita de “sin lamentos.” Porque ya sea que el CO2 sea o no un peligro como la gente afirma, si usted hace eso podrá estar seguro de que no estará derramando dinero dentro de un agujero sin fondo con muy pocas chances de éxito. Ese es el verdadero Principio Precautorio.



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