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Paralelos Históricos en nuestro tiempo:
Matanza de ganado versus carbón

por David Deming
WattsUpWithThat.com
Junio 20, 2009

Prólogo de Anthony Watts

Desde nuestra perspectiva como una sociedad moderna, las acciones de los Xhosa parecerían una tontería, y hasta una locura. Déjenme decirles que no estoy en contra de las energías alternativas, o mejoradas, o aún una tecnología diferente.

Caramba, yo mismo manejo un automóvil eléctrico y he realizado dos proyectos de energía solar. Pero la ley Waxman-Markey, si se implementa, será el equivalente de matar a todo nuestro ganado de inmediato. Nos ha llevado 100 años llegar hasta donde estamos, y no podemos esperar cambiar de la noche a la mañana; debe ser gradual. Si James Hansen de la NASA puede ser un abogado de los verdes, entonces yo bien puedo sugerirles que envíen esta historia a su representante federal electo y a sus diarios locales, como es nuestro derecho en esta república Constitucional Democrática – Anthony Watts



Este monumento recordatorio está situado cerca de Bisho, en el Cabo Oriental de Sudáfrica. Conmemora la matanza masiva de ganado ocurrida en Eastern Cape en los años de 1850. Una profetiza Xhosa había transmitido un mensaje de los antepasados diciendo que los Xhosa debían matar a todo su ganado (riqueza) para así poder resurgir nueva-mente después de la derrota ante los coloniales ingleses, y una muerta masiva de su ganado causada por una enfer-medad pulmonar. Obedeciendo al mensaje, unos 40.000 Xhosa murieron de hambre. La inscripción reza: "Aquí yacen hombres, mujeres y niños –víctimas inocentes de la catastrófica matanza de ganado de 1856/57".
Muerte de una Civilización

David Deming

Durante los últimos años hemos sabido de pequeños grupos de personas que se embarcan en el suicidio masivo. En 1978, 918 miembros del 'Templo de Dios' liderado por Jim Jones perecieron después de beber 'Koolaid' envenenado. En 1997, 39 miembros del culto 'La Puerta del Sol' murieron después de drogarse y atarse alrededor de sus cabezas bolsas de plásti-co. Desgraciadamente, la historia también demuestra que es posible que una civilización entera cometa suicidio intencio-nalmente destruyendo sus medios de subsistencia.

A principios del Siglo 19 los británicos colonizaron el sudeste de Sudáfrica. Los nativos Xhosa resistieron pero sufrieron repetidas y humillantes derrotas a manos de las tropas ingle-sas. Los Xhosa perdieron su independencia y su tierra nativa se convirtió en colonia británica. Los británicos adoptaron la política de 'occidentalizar' a los Xhosa. Debían convertirse al Cristianismo, y su cultura nativa y religión debían desapare-cer. Bajo el estrés de ser confrontados por una tecnología superior e irresistible, los Xhosa desarrollaron sentimientos de inadecuación e inferioridad. Entonces, apareció un profeta.

En abril de 1856, una joven de 15 años llamada Nongqawuse escuchó una voz diciéndole que los Xhosa debían matar todo su ganado, dejar de cultivar sus campos, y destruir sus almacenes de granos y alimentos. La voz insistía en que los Xhosa también debían destruir sus arados, ollas de cocina, y todo utensilio necesario para el mantenimiento de la vida. Una vez que estas cosas fuesen cumplidas, un nuevo día amanecería mágicamente. Todo lo necesario para la vida surgiría de manera espontánea de la tierra. Los muertos serían resucitados. Los ciegos volverían a ver y los viejos tendrían su juventud restablecida. Nueva comida y ganado aparecerían en abundancia, brotando de manera espontánea de la tierra. Los británicos serían barridos al mar, y los serían restaurados a su gloria anterior. Lo que se prometía era nada menos que la instalación del Paraíso sobre la Tierra.

Nongqawuse le contó esta historia a su tutor y tío, Mhlakasa. Al principio el tío fue escéptico. Pero se convir-tió en un verdadero creyente después de acompañar a su sobrina al sitio donde ella oía las voces. Aunque Mhlakaza no oía nada, se convenció de que Nongqawuse escuchaba la voz de su difunto padre, y que las instrucciones tenían que obedecerse. Mhlakaza se convirtió en el profeta en jefe y líder del movimiento de matanza de ganado.

Las noticias de la profecía se esparcieron rápidamente, y en pocas semanas el rey Xhosa, Sarhili se convirtió en un creyente más. Ordenó a los Xhosa matar su ganado y, en un acto simbólico, mató a su buey favorito. Cuando la histeria se extendió, otros Xhosa comenzaron a tener visiones. Algunos vieron las sombras de los muertos resucitados saliendo del mar, parados en los rápidos de los ríos, o flotando en el aire. A cualquier parte que le gente mirase hallaban evidencia que apoyaba lo que ellos querían que fuese verdad.

Los creyentes comenzaron su tarea con entusiasmo. Enromes cantidades de granos fueron sacadas de los graneros y desparramados en el suelo para que se pudrieran. El ganado fue asesinado a tan gran escala y tan rápidamente que los buitres no podían acabar con toda la carroña en los campos. El número final de ganado que los Xhosa mataron era de 400.000 cabezas. Después de matar a su ganado, los Xhosa construyeron nuevos y más grandes 'kraals' [corrales] para guardar a las maravillosas nuevas bestias que anticipaban que brotarían de la tierra. El ímpetu del movimiento se tornó irresistible.

Se predijo que la resurrección de los muertos tendría lugar en la luna llena de Junio 1856. Nada sucedió. El profeta jefe del movimiento para la matanza de ganado, Mhlakaza, movió la fecha a la nueva luna llena de Agosto. Pero otra vez la profecía no se cumplió.

El movimiento de matanza de ganado comenzó a ingresar en una mortal fase final, que su propia lógica inter-na dictaba como inevitable. El fracaso de la profecía se culpó al hecho de que la matanza de ganado no había sido completa. Muchos creyentes habían mantenido algún ganado, principalmente vacas lecheras que proveían una constante e inmediata fuente de alimento. Peor aún, había una pequeña comunidad de escép-ticos no creyentes que se rehusaban a matar a su ganado.

La estación otoñal de siembra vino y se fue. Los creyentes arrojaron sus palas y arados en los ríos y no sembraron ni una semilla en el suelo. Para Diciembre 1856, los Xhosa comenzaron a sentir los dolores del hambre. Escarbaron los campos y los bosques buscando frutos y raíces, e intentaron comer corteza de los árboles. Mhlakaza estableció la nueva fecha del 11 de Diciembre para el cumplimiento de la profecía. Cuando el esperado evento no ocurrió, se culpó a los incrédulos.

La resurrección fue nuevamente reprogramada para Febrero 16, 1857, pero los creyentes fueron desilusiona-dos otra vez. Aún tan tarde, el creyente promedio todavía tenía tres o cuatro cabezas de ganado vivas. El repetido fracaso de las profecías sólo podía significar que los Xhosa no habían cumplido con todos los reque-rimientos de matar hasta la última cabeza de ganado. Ahora, ellos comenzaron a cumplir hasta el final con el proceso de matanza. No sólo se mató al ganado, sino que también corrieron la misma suerte gallinas y ca-bras. Cualquier medio de subsistencia debía ser destruido. Cualquier ganado que podía haber escapado a las anteriores matanzas era ahora despedazado para comida.

Una grave hambruna comenzó a fines de la primavera de 1857. Toda la comida había desaparecido. La pobla-ción muriendo de hambre irrumpió en los establos y comían el alimento de los caballos. Recogían huesos es-parcidos en el campo que se blanqueaban al sol y trataron de hacer sopa. Comieron pasto. Enloquecidos por el hambre algunos recurrieron al canibalismo. Debilitados por la hambruna, los miembros de las familias a me-nudo tenían que tenderse en el suelo y contemplar a los perros comiendo los cadáveres de sus cónyuges o hijos. Quienes no murieron directamente de hambre cayeron presa de las enfermedades. Hasta el final, los verdaderos creyentes jamás renunciaron a su fe. Simplemente murieron de hambre culpando a los escépticos e incrédulos por el fracaso de la profecía.

Para fines de 1858 la población Xhosa había disminuido de 105.000 a menos de 26.000. Ente 40.000 y 50.000 personas murieron de hambre, y el resto emigró a otras partes. Con la civilización Xhosa destruida, la tierra quedó limpia para el asentamiento de los blancos. Los Ingleses encontraron que los Xhosa que sobrevivieron eran dóciles y útiles sirvientes. Lo que el Imperio Británico no había podido conseguir en más de 50 años de agresivo colonialismo, los Xhosa se lo hicieron a ellos mismos en menos de dos años.

La civilización occidental está ahora al borde de repetir la experiencia de los Xhosa. Desde el advenimiento de la Revolución Industrial a fines del siglo 18 Europa y Estados Unidos gozaron de la mayor prosperidad jamás conocida sobre la Tierra. La expectativa de vida se duplicó. En poco más de doscientos años cada medida objetiva del bienestar humano aumentó más que durante todo el resto de la historia humana.

Pero la civilización humana está impulsada por el ímpetu recibido de nuestros antepasados. No hay casi nadie vivo en Europa o América que hoy crea en la superioridad de la sociedad occidental. La culpa y la vergüenza cuelgan de nuestros cuellos como ruedas de molino, arrastrando a nuestra cultura hasta el borde de la auto-inmolación. Cualquiera sean las faltas cometidas por los constructores del Imperio Británico fueron, por cierto, sólo de ellos solamente y no son culpa de las actuales generaciones.

Nuestros abuelos construyeron una civilización tecnológica basada en la energía provista por el carbón y los combustibles fósiles. Sin la barata y confiable energía provista por el carbón, petróleo y gas natural, nuestra civilización colapsaría muy rápidamente. Los profetas del calentamiento global quieren ahora que hagamos precisamente eso.

Como el profeta Mhlakaza, Al Gore promete que si dejamos de usar energía basada en el carbono, las nuevas tecnologías de energía “limpia” brotarán mágicamente por todos lados. Las leyes de la física y la química serán repelidas por el voluntarismo político. Alcanzaremos la prosperidad mediante la destrucción de todos los medios que nos llevaron a la prosperidad.

Mientras que la civilización occidental permanece confundida, lisiada con dudas y culpas, los Chinos están construyendo una civilización tecnológica de energía intensiva. Tienen unas 2000 plantas generadoras de energía quemando carbón, y construyen nuevas plantas a un ritmo de una por semana. En China más gente cree en la economía del libre mercado que en los Estados Unidos. Nuestros amigos asiáticos están a punto de ser nominados por historia como los nuevos portadores de la antorcha del progreso humano.

David Deming
Profesor asociado de Artes y Ciencias en la Universidad de Oklahoma.

Copyright © 2009 by LewRockwell.com. Se autoriza con placer el permiso de reimprimir totalmente o en parte este material, mientras que sea acordado el crédito total a su fuente original.



Comentario de Eduardo Ferreyra: Los Xhosa fueron víctimas de una disfunción cognitiva. Ahora está impactando sobre los occidentales. Aún cuando las evidencias científicas, geológicas, físicas, químicas, as-tronómicas, paleoclimáticas, etc, se han ido acumulando de manera abrumadora para desmentir la hipótesis de un cambio climático causado por la humanidad y sus actividades, los partidarios de la Hipótesis Antropo-génica del calentamiento global han comenzado a mostrar inequívocas señales de una disfunción cognitiva.

El famoso psicólogo social Leon Festinger, desarrollador del concepto de disfunción cognitiva, condujo los primeros estudios sobre este fenómeno. La disfunción cognitiva explica que su extraña creencia tiene que convertirse en parte de la identidad de la persona afectada, su propio yo, y que la información contradictoria con el sistema de creencia está vista como un ataque personal sobre el “yo”. Así, surgen la rabia y la hosti-lidad cuando a los que sufren del síndrome de “disfunción cognitiva” (DC) se les muestra las evidencias de que la temperatura del planeta estuvo disminuyendo al mismo tiempo que los niveles de dióxido de carbono estaban creciendo –falsificando de tal modo a la creencia central de la hipótesis del cambio climático.

Esto explica por qué los afectados de DC pueden ser tan totalmente resistentes, absolutamente impermea-bles, a toda información que contradice su arraigado sistema de creencias. El libro de Festinger, “Cuando las Profecías Fracasan” cuenta de un grupo de creyentes en el Apocalipsis que predijeron el fin del mundo en una fecha particular; pero que los creyentes serían salvados por un OVNI. Cuando esos eventos no sucedieron como habían sido profetizados, los creyentes se convencieron más aún de que estaban en lo cierto. Se hicie-ron más gritones y buscaron seguidores de su fe de manera mucho más agresiva después de que su profecía había sido totalmente refutada por la realidad.

Del mismo modo hemos visto que a medida que las evidencias científicas en contra de las “esperanzadas pro-fecías” del IPCC, Hansen y Al Gore se hacían abrumadoras, su fe y su creencia irracional se acentuaron más. Los creyentes lanzaron desde los medios masivos de información una campaña mediática plagada de estudios –sin una adecuada revisión de los pares- que, a pesar de haber sido refutados científicamente hasta su des-trucción total, han servido para mantener viva la fe en una ciencia climática hoy catalogada como Zombi: un muerto que camina impulsado nada más que por ingentes cantidades de dinero.

Tenemos que seguir esperando la llegada de más y más defensas extremas, opacas, extrañas e irracionales de la absurda teoría del cambio climático provocado por el hombre. Por ejemplo, se ha llegado a afirmar, con toda seriedad, que el actual enfriamiento global es causado por el calentamiento global!

Quienes sufren del síndrome del DC toman al hecho verificable de la disminución de la temperatura, el enfria-miento de los océanos, el freno en el ritmo de crecimiento del nivel del mar, la severa y preocupante dismi-nución de la actividad solar y su innegable relación con la repetición de los ciclos observados en la historia de la Tierra, no como una razón para revisar y repensar su hipótesis, sino como un ataque personal con su “yo”, su ego, y su status público en la sociedad. Han tomado una postura irrevocable, y han hecho saber que cualquier cosa que sucede en el tiempo y el clima del mundo es prueba de que están en lo cierto. Es una apuesta a los 37 números de la ruleta.

Pero, cuando su hipótesis se ha visto falsificada y destrozada, se han lanzado a pregonar abierta e histéri-camente que el fin del mundo esta más cerca que nunca, y hacen sonar cada vez más fuerte la campana del Apocalipsis Climático… mientras que el planeta mismo les está demostrando que su creencia es una fantasía: mientras el CO2 aumenta, el clima se enfría.

En lugar de repensar su hipótesis, los creyentes en el calentamiento global antropogénico se vuelven cada vez más cerrados a la razón, como los creyentes del OVNI del Dr. Festinger que, cuando el OVNI no llegó en la fecha indicada, movieron los postes del arco y cambiaron la fecha de su llegada en vez de llegar a la conclusión de que no habría ningún OVNI arribando. Lo hemos visto de manera repetida: Primero fue el “enfriamiento global” de la década del los 70, que se transformó súbitamente en “calentamiento global”, que luego se convirtió en “cambio climático” porque nadie veía que el mundo se calentaba peligrosamente. Ahora, los postes del arco han sido movido otra vez: un misterioso y no detectado calor está “en la cañería” explica por qué el planeta se enfría aunque el CO2 aumenta.

El hecho concreto de que tal misterioso calor no ha sido hallado en ninguna parte sólo hace que los afecta-dos por la Disfunción Cognitiva busquen otras maneras de seguir corriendo para adelante, hasta el infinito, los postes del arco. Lo único que los afectados por la DC harán jamás será arribar la obvia conclusión de que el CO2 tiene mucho menos efecto sobre la temperatura de lo que su teoría sostiene. Y como consecuencia de su disfunción cognitiva los impuestos que todos deberemos pagar seguirán creciendo y creciendo, todo se hará más caro, las fábricas irán desapareciendo, el desempleo seguirá aumentando, y la espiral hacia la deca-dencia de la civilización occidental se hará más pronunciada y acelerada.

Del mismo modo que los Xhosa, los creyentes en el calentamiento global no pueden admitir que están equivo-cados, y seguirán creyendo que destruyendo la base de la generación de energía en las sociedades moder-nas, y con ello a las industrias del mundo, el Paraíso será, como los Xhosa creían, mágicamente instalado sobre la Tierra.

El gran problema es que quienes no somos tan ingenuos ni tan enfermos como para creer en profecías de niñas de 15 años, o cantos de sirena de Al Gore, James Hansen y el resto de la pandilla del IPCC, no podemos decir, “Vayan ustedes al abismo si así lo quieren, nosotros preferimos quedarnos aquí, gozando lo que nues-tros abuelos nos legaron,” porque ellos tienen, por el momento, la sartén política por el mango y nos van a arrastrar a todos los demás al abismo que están proponiendo –y a punto de conseguir.

¿No hará usted algo para impedirlo?

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC



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