Hora de Córdoba
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Cómica consecuencia de
la histeria del calentamiento

Por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC
Mayo 22, 2009

Las histerias son irracionales, y la que existe por el presunto calentamiento global lleva a conse-cuencias que producen daños irreparables a la humanidad. Una de las primeras es la adopción de leyes y regulaciones que pretenden impedirlo, sin que nadie haya podido demostrar que tendrán algún efecto apreciable.

Todas las industrias y actividades productivas del hombre se ven afectadas por esta histeria que parece fuera de control, y la elevación de los costos de producción y de los impuestos sin sentido –que son trasladados al consumidor y a los contribuyentes- quita recursos esenciales para otros proyectos de mucha mayor importancia, como la salud, la educación, y el desarrollo de las naciones aún en estado neocolonial.

Pero a veces, esas regulaciones absurdas tienen consecuencias cómicas que causarían la hilaridad de la gente si no fuese que todo el fondo de la cuestión es demasiado trágico. Hay demasiada gente en el mundo que sigue muriendo por la falta de agua potable, las disentería y diarreas que esto producen; la infestación por parásitos horribles que van de la malaria, dengue, fiebre amarilla, a las amebiasis histolíticas, esquisto- y anquilostomiasis; las decenas de enfermedades producidas por la desnutrición y su efecto sobre el sistema inmunitario, desde la gripe común, neumonía, tuberculosis –que son computadas estadística y erróneamente como SIDA. Pero la gente ha sido cegada por el brillo deslumbrante de la apabullante propaganda emitida por los medios sobre el CO2 como gas tóxico y perjudicial para la salud –aberración científica escandalosa de la EPA, fomentada por Mr. Obama y su gabinete de “luminarias” científicas que lo asesoran.

Donde este aspecto de las regulaciones tendientes a reducir las emisiones de gases de invernadero resulta más evidente, es en el campo de la industria del automóvil, que desde hace ya una década o más, se ve cada día más constreñida y forzada por las regulaciones a producir automóviles que produzcan emisiones cero. Una imbecilidad que sólo ha conseguido hacer que los automóviles sean cada vez más caros y dece-nas de cosas para que funcionen mal y pasemos largas temporadas en el taller de reparaciones.

La tendencia actual es la de adoptar ciegamente lo que se llama, el automóvil “híbrido”, una costosa mezcla de motor convencional y motor eléctrico alimentado por enormes, caras y contaminantes baterías. En una página web del Tomes Online de Londres, el periodista Jeremy Clarkson tiene desde hace años su sección de revisión de las características de automóviles de épocas pasadas (una delicia) y de los automóviles que todos años salen al mercado. Clarkson es un personaje brillante, de aguda percepción sobre todo lo que tiene visos de estafas, y por ello es un escéptico del calentamiento. Entre sus “reviews” de autos deporti-vos aparece su comentario del Alfa Romeo Brera Coupé,V6 de 2005, donde el 70% del artículo es un comen-tario sobre la tontería fraudulenta del calentamiento global y sólo habla del Alfa Romeo en el último 30% de la nota. Vale la pena leerlo, no sólo por lo referente al cambio climático, sino porque sabemos del Alfa Brera V6, un auto excelente.

La situación cómica a la que me refiero está en el “híbrido” Honda Insight 1.3 IMA SE producido por la casa Honda, que cuando quiere hace autos fantásticos como el Lexus y las líneas Corrolla y Accord. El artículo de Jeremy Clarkson es una excelente pieza de comicidad que no tiene desperdicio, ni para los escépticos del clima ni para los conocedores de lo que un automóvil debería ser.

Honda Insight 1.3 IMA SE Hybrid

Times Online Auto Section

Jeremy Clarkson

Mucho se ha escrito acerca del Insight, el nuevo híbrido de Honda de bajo precio. Se nos ha contado cuánto dióxido de carbono produce, cómo su tablero de instrumentos alienta una conducción frugal brillando de color verde cuando uno no oprime demasiado el acelerador, y como es el amanecer de muchas cosas. El comienzo de una era.

Hasta ahora, sin embargo, no le han contado lo que es como auto; como una herramienta para transportarle, a usted, sus amigos y sus cosas de un lugar a otro.

De modo que aquí va. Es terrible. Bíblicamente terrible. Posiblemente el peor auto que su dinero pueda comprar. Es el primer auto que por primera vez he considerado chocar contra un árbol, a propósito, así no tendría que seguir manejándolo más.

El problema más grande, y me ha llevado tiempo darme cuenta, porque todos los demás proble-mas son tan vastos y tan cancerosos, es la caja de cambios. Por razones sólo conocidas por ella, Honda ha provisto al Insight con algo llamado “transmisión constantemente variable” o [CVT, en inglés].

No funciona. Hunda su pie sobre el acelerador en cualquier auto normal y las revoluciones suben parejas con la velocidad. En un auto con CVT, las revoluciones se van para arriba al instante y luego la velocidad se iguala lentamente. Se siente como que el embrague está patinando. Se siente horrible.

Y el sonido es peor todavía. El motor a gasolina del Honda es uno muy afeitado, construido para economía, baja fricción de 1.3 litros, que a plena potencia hace un ruido peor que el bebé de alguien llorando en un cine. Es peor que el sonido de su paracaídas cuando se niega a abrirse.

[FAEC: Como viejo paracaidista, les aseguro que hay pocos sonidos tan desagradables…].
Realmente, para tener una idea de los espantoso que es, uno debería sentar a un perro en una cortadora de fiambre.

De manera que usted está ahí sentado con el motor aullando como loco, y sus oídos sangrando, y usted está haciendo apenas 39 kilómetros por hora porque esa es más o menos la velocidad máxima, y usted piensa que no puede ponerse peor –cuando comienza andar sobre un camino de ripio.

Porque el Honda tiene dos motores, uno funcionando con gasolina y el otro con baterías, es más caro de fabricar que un auto con un solo motor. Pero como todo el asunto es que este auto puede venderse por mucho menos que un Toyota Snugmobile, los ingenieros han simple-mente pelado los componentes de la suspensión hasta el hueso. El resultado es un viaje que implora ser creído!

Hay más. Normalmente los Honda se sienten como que han sido montados y atornillados por cirujanos de ojos. Este, sin embargo, se siente que ha sido construido con acero tan delgado que usted podría leer a través suyo. Y los asientos, terminados en 'peblon', han sido específica-mente diseñados para arruinarle el esqueleto. Esto es ecologismo de baja estofa en su peor versión.

Sin embargo, como resultado de todo esto los precios comienzan a £15.400 –eso es, unas £3000 menos que el costo de un Toyota Prius. Pero al menos con un Toyota no hay ninguna indicación de que usted está manejando un auto con dos motores. En el Insight a usted se le recuerda en todo instante que está manejando un auto con dos motores. En el Insight se le está recordando eso, no sólo por el estúpido tablero de instrumentos, que le muestra hojitas creciendo de un árbol (!) cuando no oprime mucho el acelerador (por favor pasen la bolsita para vomitar), sino por el ruido, el andar y los asientos. Y también por el sistema híbrido insta-lado por Honda.

En un Prius, el motor eléctrico puede, aunque casi nunca lo hace, impulsar al auto por sí mismo. En el Honda el motor está diseñado para “asistir” al motor a gasolina, dándole más “pique” si es que surge la necesidad. El resultado neto es este: en un Prius la transformación de electricidad a gasolina es sutil. En el Honda hay toda clase de sacudidas y 'clunks'.

¿Y todo para qué? Seguro, usted puede obtener 60 o más galones por milla si fuese cuidadoso. Y eso no es malo para un espacioso auto de cuatro puertas. Pero por el mismo dinero usted puede comprar un Golf diesel que es aún mucho más económico. Y que no ha sido construido con papel de arroz para bajar los costos.

Por supuesto, estoy muy conciente de que hay muchas personas en el mundo que cree que quemar combustibles fósiles un día matará a todos los Holandeses y que algo debería hacerse. Ellas verán el pobre andar, la horrible performance, el horrible ruido y los asientos que le dobla la columna como un precio que vale la pena pagar. ¿Pero que hay de los eco-costos de construir este auto, en primer lugar?

Honda ha construido un gráfico que parece sugerir que hacer el Insight es marginalmente más consumidor de energía que hacer un auto normal. Y la ligera diferencia es más que negada por los resultados ahorros en combustible.

Hmmm… Yo no acusaría a Honda de contar chanchaditas. Eso sería tonto. Pero no puedo ver cómo hacer un auto con dos motores es lo mismo, en términos de recursos, que hacer un auto con uno solo.

El níquel de las baterías tiene que venir de alguna parte. Canadá, usualmente. Tiene que ser transportado a Japón, y no en un barco a vela, presumo. Y luego tiene que ser convertido, no en una casita en el árbol, en una batería y esa batería debe transportarse, no en carros con bueyes, a la planta de producción del Insight en Susuka. Y luego el auto terminado tiene que ser transportado, no en la balsa Kon-Tiki, hasta la Gran Bretaña, donde debe ser llevado, no por el viento, hasta la casa del hombre con barbita que piensa que le está haciendo un favor al mundo.

¿Por qué simplemente no compra un Range Rover, que está hecho con componentes locales, calle abajo? No, realmente, los 'barbas-raras' compran carne y verduras producidas localmente por razones ecológicas. Entonces, ¿por qué no aplicar la misma lógica a los autos?

En este punto usted probablemente desechará lo que digo como el desvarío de un cabeza-de-petróleo, y pensará que tengo la cabeza hundida en la arena. Eso no es correcto. Mientras todavía tienen que convencerme de que el 3% de contribución del hombre a los gases de inver-nadero afectan al clima, reconozco que el petróleo es un recurso finto y a medida de que se haga más escaso, las ramificaciones políticas se harán más oscuras. Por eso definitivamente acepto la urgente necesidad de combustibles de alternativa.

Pero permítanme aclararles que los autos híbridos han sido diseñados para ordeñar los genes de culpabilidad de los ingenuos autocomplacientes y los tontos. Y que los auto eléctricos puros, como el G-Wiz y el Tesla no funcionan para nada porque so simplemente demasiado inconve-nientes.

Desde alrededor de 1997 la industria automovilística no tuvo una revolución tecnológica –a diferencia de, digamos, el mundo de las comunicaciones y las imágenes. Nunca hubo un momen-to 3G en Peugeot como tampoco una necesidad de abrazar al DVD en Nissan. No hubo una ba-talla VHS/Betamax entre Fiat y Renault. Los fabricantes de autos han tenido casi un siglo para desarrollar y afilar los principios de, chupar, estrujar, bang y soplar. Y se han vuelto muy bue-nos en ello.

Pero ahora viene la necesidad de arrojar por la borda al corazón de la bestia, el motor de com-bustión interna, y comenzar de nuevo. Y, críticamente, el primero de los nuevos autos con los nuevos sistemas de potencia tienen que ser mejores que los viejos. O nadie los comprará. Esa es una tarea enorme. Eso es como arrastrar a la cancha a la selección de fútbol de Uganda y esperar que juegue mejor que la de Brasil.

Y este es el punto: eso es exactamente lo que ha hecho Honda con su otro eco-auto Clarity. En lugar de usar un motor de gasolina para recargar las baterías del motor eléctrico, como sucede con el Insight, el Clarity usa hidrógeno, el gas más abundante en el universo.

El único producto residual es agua. El auto se siente como un auto. Y, lo mejor de todo, la energía que produce es tan enorme que puede usarse durante el día para andar a 200 kmph y de noche alimentar todos los artefactos eléctricos de su hogar. Esto no es ciencia ficción. Hay una flota de Clarity andando hoy por California.

Hay problemas que superar. Hacer hidrógeno es un proceso hambriento de energía, y no existe infraestructura para ello. Pero Alexander Fleming no miró al hongo y pensó: “Oh, querido, nadie se meterá eso en la boca,” y se dio por vencido.

Yo habría esperado, en consecuencia, que Honda hubiese desviado cada centavo que tiene en hacer funcionar al hidrógeno en lugar de detenerse a un costado del camino para hacer una casita medio “trucha” para tontos y orates.

La única esperanza que tengo es que hay suficiente tontos y orates en la calle que comprarán un Insight para lucirse como santificados a las puertas de las escuelas. Y que el dinero de con-tado que esto genere sea usado para desarrollar algo más constructivo.



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