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Más evidencia para el cambio
climático inducido por el sol

Por Sherwood, Keith and Craig Idso
Fuente: CO2Science.org
Volumen 12, Número 8: Febrero 25, 2009

Nir Shaviv (2008) comienza un muy intrigante estudio notando, como material de antecedentes, que “las variaciones climáticas sincronizadas con las variaciones solares existen, ya sea a lo largo del ciclo solar o durante escalas de tiempo más extensas,” citando numerosas referencias que apoyan a este hecho, muchos más de los que se pueden hallar bajo el encabezamiento general de Efectos Solares en nuestro Índice de Temas.

Sin embargo para algunas personas les resulta difícil (como a los alarmistas del clima) aceptar las deriva-ciones lógicas de este hecho, es decir, que las variaciones solares están produciendo granes cambios climáticos, siendo el primer problema que las variaciones medidas o reconstruidas en la irradiancia solar total parecen ser demasiado pequeñas los cambios climáticos observados.

Una manera potencial de resolver este dilema sería descubrir algún mecanismo de amplificación; pero la mayoría de los intentos de descubrir uno estuvieron plagados con dificultades y se toparon con muchas críticas. En este punto en particular, Nir Shaviv construye un buen caso en por lo menos la existencia de ese amplificador, y él apunta en la dirección de un sensible candidato para ocupar ese rol.

El curso de acción de Shaviv fue “usar los océanos como calorímetros para medir las variaciones en los forzamientos radiativos asociados con el ciclo solar” vía “el estudio de tres registros independientes: el flujo neto de calor recibido por los océanos durante más de 5 décadas, la tasa de cambio del nivel del mar basada en registros de altura de las mareas durante el Siglo 20, y las variaciones de la temperatura de la superficie del mar,” cada uno de los cuales puede ser usado “para derivar de manera consistente el mismo flujo de calor oceánico.”

Al seguir este camino, Shaviv demuestra que “hay grandes variaciones en el contenido de calor de los océanos junto al ciclo solar de 11 años.” Además, él informa que “los tres grupos de datos independientes “muestran consistentemente que los océanos absorben y emiten un orden de magnitud más calor [las itálicas son nuestras] de lo que se podía esperar de sólo las variaciones en la irradiancia solar total,” implicando de esa forma, como lo describe él, “la necesaria existencia de un mecanismo de amplificación, aunque sin apuntar a cuál sería.”

Encontrando dificultad para resistirse a apuntar a alguno, sin embargo, Shaviv reconoce su afinidad por la hipótesis del flujo de rayos cósmicos (FRC) modulado por el viento solar que fue sugerida por Ney (1959), discutida por Dickenson (1975), y elevado al rango de campeón por Svensmark (1998). Basado en las “correlaciones entre las variaciones del FRC y la cobertura nubosa, “las correlaciones entre las variaciones no-solares del FRC y la temperatura a lo largo de escalas de tiempo geológicas, como también resultados experimentales mostrando que la formación de pequeños núcleos de condensación podrían sufrir un cuello de botella por el número de densidad de iones atmosféricos,” este concepto, según Shaviv, “predice el correcto desequilibrio observado en las variaciones en la cobertura nubosa” que es necesario para producir la magnitud del flujo neto de calor en los océanos asociado con el ciclo solar de 11 años.

Concluye así Shaviv que la hipótesis del FRC modulado por el viento solar es “un candidato favorable” para ser el principal instigador de todos los muchos fenómenos climáticos descrito en la sección Efectos Solares de nuestro Índice de Temas. Y tendemos a estar de acuerdo con esta caracterización: “Todavía no proba-do, pero pintando bien.”

Sherwood, Craig y Keith Idso

Referencias