Hora de Córdoba
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James Hansen, el Zombi Mayor,
planea nueva protesta en Gran Bretaña

Por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC
Lunes, Marzo 16, 2009

Y aquí vamos otra vez … por favor, que alguien lo despida de la NASA!

El Telegraph de Londres informa:

Planean Día de Protesta Contra el Cambio Climático

Activistas del ecologismo mantendrán esta semana un día de protesta, en un intento de persuadir al gobierno de abandonar los planes para una nueva estación de electricidad que usa carbón y una tercera pista en el Aeropuerto Heathrow.

La protesta, que será liderada por un influyente científico de la NASA, viene días después de una advertencia sin precedentes de 2500 líderes científicos en una cumbre de la semana pasada en Copenhague. Dicen que a menos de que se tomen de inmediato drásticas medidas para recortar las emisiones de carbono, el mundo enfrentará “cambios irreversibles del clima.”

En esta corta emisión de información más tóxica para la humanidad que las emisiones de CO2, merece ser disecada con el bisturí de la realidad y los hechos comprobados.

El “influyente” científico de la NASA es, como no podía ser de otra manera, James Hansen, que en realidad hace más de 20 años que abandonó la ciencia verdadera para dedicarse al activismo político usando su pri-vilegiado puesto dentro de una organización poderosa, a la que la gente está dispuesta a creerle cualquier cosa. ¿Por qué no creerle? Después de todo la NASA llevó astronautas a la Luna, envió sondas a Marte y a los confines del espacio. Debe de ser una organización seria. Lo es, pero sólo en lo que se refiere a su sección dedicada a la exploración espacial y cohetería. Sus otras secciones han demostrado tener muy poca confiabilidad, y son efectivas herramientas de penetración ideológica y propaganda política.

Luego, como siempre, leemos el sempiterno latiguillo de la frase “sin precedentes”, aplicada a lo que venga, siempre que sirva para seguir dándole impulso y un soplo de vida a la Ciencia Zombi practicada por los “calentadores”. ¿Pero, qué es la "Ciencia Zombi.”

Ciencia Zombi

De acuerdo con la tesis de Bruce Charlton, del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Newcastle, G.B., es la ciencia que está muerta pero no quiere ser enterrada. Sigue haciendo gestos y morisquetas y vagando por los alrededores de manera que, desde cierta distancia y con los ojos medio cerrados, la ciencia zombi se parece mucho a la original. Pero el hecho es que el zombi no tiene vida propia, está animado sola-mente por el incesante bombeo de fondos. Si la “ciencia zombi” no es científicamente usable, ¿cuál es su función? En pocas palabras, la ciencia zombi es apoyada e impulsada a seguir su marcha tambaleante por-que es una útil propaganda para desplegar en campos como la retórica política, la administración pública, el gerenciamiento, las relaciones públicas, el mercadeo y en general en los medios de prensa masivos. Persua-de, convence, construye tabúes, respalda los intentos retóricos de dar forma a la opinión pública.

Por cierto, la ciencia zombi a menudo aparece en los medios de prensa como siendo más plausible que la verdadera ciencia; y es precisamente esta plausibilidad superficial el único y suficiente propósito de la Ciencia Zombi, en especial la que es ampliamente usada en casi todos los terrenos relacionados con la ecología, el clima, y la supervivencia del hombre en la tierra. Pero hay más actividad de los Zombis en Londres, según el The Telegraph:

El Dr. James Hansen, director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, dijo que era correcto que los científicos tomen una postura política fuerte. Él planea estar entre los que el jueves próximo lideren la manifestación en Coventry, que los campañistas han bautizado como e Día de la Acción del Cambio Climático. “No podemos seguir permitiendo que los políticos y los negocios retuer-zan e ignoren a la ciencia,” le dijo el Dr. Hansen al Sunday Times.

No puede ya quedar alguna duda de que Hansen ha abandonado la ciencia para dedicarse al activismo polí-tico, usando la Ciencia Zombi de sus modelos y predicciones del clima como una herramienta de propaganda para favorecer los negocios de su asesorado amigo Al Gore. Quizás haya sido decisivo para su abandono de la ciencia real el tremendo fracaso de sus modelos computados y de su endeble teoría del efecto calentador del CO2 en la atmósfera. Dado que, como decía Julian Huxley, “La realidad tiene la fea costumbre de arrui-nar las teorías más hermosas,” Hansen ha visto su amada teoría destrozada por una muy fea realidad, como se ve en el clásico gráfico de las temperaturas profetizadas por el IPCC y los modelos de Hansen y sus amigos, y las que realmente se han registrado en los últimos años.

Viendo los últimos desarrollos en la política del clima de la Unión Europea, queda muy claro que son muy negras las perspectivas para recortar en Noviembre próximo las emisiones de CO2 de las industrias al nivel exigido por los zombis (por el descalabro total que ya han comprobado los gobiernos que causarían), las po-tenciales ganancias de Al Gore en el mercado de venta de “créditos de carbono", o “permisos de emisión,” o esquemas de “cap and trade” (que ya no implementará el aprendiz de Barack Obama), corren el terrible riesgo de esfumarse como los dineros que los contribuyentes dan a sus gobiernos para mejorar sus condi-ciones de vida.

Se está ingresando en los últimos tramos de la gran batalla que los zombis están librando contra la realidad del clima. Y la están perdiendo porque la realidad avanza más rápido de lo que ellos creían. No podían imagi-nar (como podrían si no tienen ni idea de la ciencia que estudia al Sol y sus ciclos variables?) que el Sol les jugaría una mala pasada catastrófica. El último batallón que han enviado al frente –y ya no les queda nada más- son la avalancha de informes y pseudo estudios que tienen titulares apocalípticos con los que intentan aterrar, de una vez por todas, a la gente y a los políticos.

Por otro lado es norma de los calentadores acusar a los escépticos de estar financiados por las petroleras o, un absurdo, las compañías tabacaleras. Sin embargo, cuando sus congresos y actividades o sus investigaciones son financiados por grupos que obtendrán claros beneficios de las nuevas regulaciones propuestas, miran para otro lado y callan. Por ejemplo, ¿quiénes son los patrocinantes de la conferencia de Copenhague? De acuerdo con la página web de la misma conferencia ellos:

Los Patrocinantes Estrellas del Congreso son:

Fuente: http://climatecongress.ku.dk/sponsors/star_spponsors/

¿No estamos viendo a una petrolera, una compañía de energía, y a una fábrica de turbinas de viento financiando el evento? ¿Sacarán algún beneficio de las políticas que se quieren forzar?

Y los “Socios en los Medios” son nada menos que:

Time, Scientific American, National Geographic, Earthscan, Energy and Environment, y Wissenschaft Aktuel.

Y otros patrocinantes son:

Se presentan como los "salvadores del planeta", los "buenos de la película", y el negocio es parte funda-mental de su actividad. Conflicto de intereses? Usted decide.

Los “científicos" de la cumbre de Copenhague

Y el tema grave es que los 2500 científicos reunidos en Copenhague, que supuestamente han emitido tan severa advertencia, se reducen a los mismos 2500 científicos del IPCC que en realidad son 52. Pero esta vez son mucho menos. Son apenas los organizadores de esa conferencia y que ya tenían preparada la de-claración final (la “advertencia sin precedentes”) mucho antes de siquiera enviar las invitaciones al Con-greso del Cambio Climático de Copenhague.

Por eso es vital escuchar la palabra sensata de un científico inglés que presidió una de las sesiones del congreso de cambio climático –y se trata de un “calentólogo” reconocido que no puede ser acusado de “escéptico” o estar comprado por las petroleras. Sólo algunos extractos importantes de su comentario sobre lo que vio y escuchó en la conferencia de Copenhague.

¿De qué se trató la Conferencia del
Cambio Climático en Copenhague?

Fuente: Prometeus – El blog de ciencia política de la Universidad de Colorado, USA:

Por el Profesor Mike Hulme
Escuela de Ciencias Ambientales
Universidad de East Anglia, Gran Bretaña

La conferencia más grande que se haya dedicado al tema del cambio climático terminó ayer en Copenhague. Entre 2000 y 2500 investigadores atendieron los tres días del encuentro donde se hicieron 600 presentaciones sobre diversos tópicos.

Yo asistí a la conferencia, presidí una de las sesiones, escuché muchas presentaciones, leí docenas de posters y conversé con docenas de colegas de todo el mundo. […] Pero lo que más me intrigó, sin embargo, fue la declaración final de la conferencia emitida ayer, una declaración redactada por el Equipo de Escritura Científica. Contenía seis mensajes claves que fueron enviados al Primer Ministro Danés Mr. Anders Fogh Rasmusson.
[. . . ]
La conferencia y la declaración final han sido ampliamente informadas como una donde los científicos del mundo enviaron una advertencia final a los negociadores sobre el cambio climático acerca de la necesidad de llegar a un poderoso acuerdo sobre el cambio climático durante la COP15. … Los men-sajes claves incluyen declaraciones que “las trayectorias del peor escenario del IPCC (o aún peores) se están cumpliendo”, que “no hay excusa para la inacción,” que “la influencia de intereses que aumentan las emisiones,” debe ser reducida, y que “a pesar de lo peligroso que pueda ser definido el cambio climático”, se hace necesario una sostenida y efectiva mitigación para evitar llegar a ello.

Hay una gran cantidad de “maternidad y pastel de manzana” involucradas en la declaración de 600 palabras. […] Pero hay dos aspectos de esta declaración que son notables y sobre los que deseo reflexionar: “¿La visión de quiénes representa la declaración?”, y “¿Cuáles son las acciones que se reclaman?”

La Conferencia de Cambio Climático de Copenhague no era el IPCC. Este no ha sido un proceso inicia-do y conducido por los gobiernos del mundo, no hubo una sistemática síntesis, evaluaciones ni revi-siones de los pares de los estudios de los investigadores, como se hace en el IPCC, y ciertamente no hubo un proceso colectivo para los 2500 investigadores reunidos en Copenhague para considerar los borradores de los seis mensajes claves, u ofrecer sus propias sugerencias para lo que los políticos necesitan escuchar.

De hecho, la conferencia no fue convocada por ninguna academia de ciencias o cuerpos profesiona-les. […] …esta conferencia fue organizada por la Alianza Internacional de Universidades de Investiga-ción (IARU), una desconocida coalición lanzada en 2006 consistente de 10 autoproclamadas “universi-dades de elite”, incluida la Universidad de Copenhague, por supuesto.

El IARU no rinde cuentas a nadie y no tiene membresía profesional. No rinde cuenta a los gobiernos, a las asociaciones científicas profesionales, como tampoco a las organizaciones científicas internaciona-les que operan bajo el paraguas de las Naciones Unidas. La declaración de la conferencia simplemente lleva el peso del Secretariado de esta conferencia Ad Hoc, dirigida y conducida por diez universidades auto-elegidas. Los seis mensajes claves no son la voz colectiva de 2500 investigadores, como tampo-co la voz de cuerpos establecidos como al Organización Meteorológica Mundial. Ni tampoco son los mensajes que surgen de un entorne colectivo de expertos, por ejemplo, a través de un considerado proceso de filtrado, síntesis y revisión del conocimiento presentado en Copenhague esta semana.

En vez de todo eso, son un conjunto de mensajes redactados por el comité organizador con mucha anticipación al comienzo de la conferencia, colándose a través de investigaciones que ellos ven sur-giendo en el mundo e interpretándolas para un audiencia política. […] Hasta la misma presidenta de la conferencia, Profesora Catherine Richardson, ha descrito a los mensajes como políticamente motiva-dos. Todo bien claro.

Tenemos entonces que ser claros sobre la autoridad que tienen estos mensajes. Tienen la autoridad de las personas que los redactaron –y nada más. No la autoridad de 2500 expertos reunidos en la conferencia. Y por cierto no la autoridad colectiva de la ciencia global. […] Entonces se muestra como problemático cuando esos activos y bien informados debates –aunque aún no resueltos- entre una sustantiva cohorte de los investigadores en el cambio climático quedan reducidos a seis mensajes claves, mensajes que por un lado llevan la urgencia, precisión y autoridad científica –“no hay excusa para la inacción”- y sin embargo al mismo tiempo son tan imprecisos como para resolver algo en tér-minos políticos.
[…]
Una reunión de científicos e investigadores que no ha resuelto nada sobre las políticas del cambio cli-mático. Pero, ¿por qué debería hacerlo? Todo lo que podría decirse –y ciertamente debería decirse- es que el cambio climático trae nuevos y cambiantes riesgos, que esos riesgos pueden tener un rango de significativas implicaciones bajo diferentes condiciones; que existe una serie de consideraciones políti-cas que deben tomarse en cuenta cuando se juzga lo que es necesario hacer; y que hay un portafolio de poderosas, aunque no probadas, medidas políticas que debería ser intentadas.

El resto es todo política. Y deberíamos dejar que los políticos decidan sin ser emboscados por una quimera de autoritarias exigencias disfrazadas de (falsa) unanimidad científica.

El profesor Hulme no pudo ser más claro. A pesar de ser él un partidario del calentamiento global antrópico, sabe cuando le quieren meter gato por liebre. Hay muchos científicos de la honestidad, ética y entereza de Hulme, que no dudan en expresar su opinión aunque ello arriesgue sus carreras o sus puestos de trabajo. Ojalá hubiese más científicos decentes como el profesor Hulme.

De manera que la tan mentada unanimidad de 2500 científicos es tan raquítica como la mentada unanimidad de 2500 –que son 52 redactores- que participaron en el Informe de IPCC AR4 de febrero 2007. Si la gente no ha comenzado a darse cuenta de que le están metiendo el dedo en la boca con el cuento de la catástrofe que se avecina, es tiempo de que lo haga. Cuando tengamos encima un Gobierno Único Mundial, al estilo de 1984 de Orwell, que nos dirá cuántas veces al día podremos respirar para no emitir más CO2 de la cuenta, o que se terminaron los asados de fin de semana, y las vacaciones a la playa, o que el césped cortado del jardín lo debemos comer como ensalada, la vuelta atrás será imposible sin que se produzca una rebelión masiva y brutal a nivel mundial, y los ecologistas sean cazados como antes se hacía con las brujas.
Pero esa predicción no figura en ningún modelo computado del clima. Sólo en la imaginación de la gente con sentido común.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC



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