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Un Calentamiento Llamado Simone
por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC – Fundación Argentina de Ecología Científica

Hace poco fue estrenada Simone, una película actuada por Al Pacino, notable por las valiosas enseñanzas que se pueden obtener de ella. Aunque se toma algunas licencias argumentales y técnicas, situaciones un tanto inverosímiles resueltas con demasiada facilidad y otras, como la acusación de asesinato, que no podría haberse sostenido por la ausencia del “corpus delicti”, nos enseña los extremos a que puede llegar la unión entre la intención de “vender” un producto que no existe, un programa de computación hábilmente diseñado, la acción de una prensa interesada sólo en el escándalo y la primicia, y la credulidad innata de la gente. Aparte de las licencias mencionadas, es una película entretenida y agradable de ver. Pacino actúa bien; Simone como un ladrillo encantador.

Son notables los paralelismos que existen entre lo que sucede en la película y lo que ocurre en el mundo de la climatología y otros campos de la ciencia donde se usan modelos computados. Simone es un personaje virtual, una imagen producto de un extraordinario programa computado de diseño gráfico tridimensional, que puede conectarse a un operador, Víktor, el personaje que interpreta Al Pacino, e imitar sus movimientos, expresiones y emociones –lágrimas incluidas- traduciendo en tiempo real lo que habla, al tono de voz de una mujer de belleza y “charme” increíbles. Las imágenes resultantes se funden digitalmente con escenas filmadas con actores reales y de esa forma se da la impresión que la hermosa actriz, Simone, realmente existe –aunque nadie la haya visto jamás en persona. La prensa, en su avidez de producir primicias inventa historias, con fotos de la niñez de Simone cuyo nombre, muy sugestivamente, es el resultado del aféresis de Simulation One (Simulación Uno) convertido a Sim-ulation One.

Los paralelismos que podemos ver son: Víktor, representando a los grupos interesados en vender su producto –un inexistente calentamiento catastrófico– usando programas computados de extraordinaria complejidad, como el IPCC y la legión de técnicos en su nómina de pago; los medios de comunicación que en la película actúan de manera sensacionalista y fraudulenta, tal como lo hacen en la vida real, y la gente que, como siempre, está dispuesta a creer en cualquier cosa que los medios les presentan, siempre que sean lo suficientemente misteriosos y catastróficos, y les infundan esos miedos que parecen ser tan necesarios para continuar viviendo: “menos mal que no me ha sucedido a mí”.

No interesa si las FARC de Colombia, o los Palestinos, o los Chechenos, o la ETA ponen bombas que matan a cientos de inocentes. El televidente de la mayoría de los países donde esos atentados no ocurren (todavía) se “horroriza”, pero en su fuero íntimo experimenta un secreto gozo y piensa: “menos mal que le ocurrió a otros”. Y lo mismo sucede con las denuncias y alertas de las organizaciones ecologistas internacionales y vernáculas. Nadie ha comprobado en su persona los efectos de los terrores populares como el Agujero del Ozono, ni ha visto que su ciudad se haya calentado este año mas que lo que estaba hace cinco, diez o treinta años atrás. Por el contrario, han comprobado que en algunas vastas regiones, como el norte de Europa, los Estados Unidos y Canadá, los inviernos llegan con semanas de anticipación, con temperaturas de congelamiento y duración récords. Cree que las catástrofes están ocurriendo en otras partes del mundo y que ello no llegará al puerta de su casa.

Sin embargo, aunque nadie haya visto a Simone, la gente cree que existe porque la prensa lo afirma, y las Relaciones Públicas de Víktor siguen proporcionando pruebas “virtuales” de su existencia: una larga secuencia de ceros y unos, bit y bytes vomitados por gigantescas computadoras operadas por equipos de hábiles y muy bien pagados programadores. Al fin de cuentas se comprueba que el calentamiento global no es el resultado de la interacción del dióxido de carbono y la energía solar, sino de la interacción de los medios de prensa y las Relaciones Públicas de los dueños de la Simulación Climática: el IPCC y los intereses geopolíticos que, como le Dr. Frankenstein, dieron vida a un monstruo.

Simone, quiero que conozca a Calglo, alias Simcli, su hermana gemela.


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