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Saliendo al Cruce de la Ciencia Basura

por Iain Murray


(Publicado en el Washinton Times, el 1º Julio, 2003)

Los activistas del ecologismo y sus aliados en los medios, tales como el New York Times, estuvieron atacando a la última señal de sentido común de la administración Bush. Durante el curso de una revisión normal, la Casa Blanca alteró un estudio de la Agencia de Protección del Ambiente (EPA) para quitar las referencias a estudios desacreditados sobre el cambio climático y borrar una frase que podría haberse convertido en un mantra sagrado del lobby ecologista.

Esto llevó a gritos de “censura” y aún de “ciencia basura” por parte del lobby ecologista, y sus aliados mediáticos, cuando en realidad son ellos quienes promueven la censura a la verdadera ciencia mientras que promueven la ciencia basura. Sin embargo, al no moverse con rapidez para respaldar sus acciones, la administración perdió una oportunidad de señalar quienes son los que realmente promocionan a la ciencia basura en este debate.

Esto es lo que sucedió: los expertos en clima de la Casa Blanca se cansaron de que la EPA repitiese constantemente lo que se ha convertido en sabiduría popular sobre el calentamiento global. Se ha dado por supuesto y aceptado que las acciones de la humanidad están calentando al mundo hasta un nivel inaceptable que podría resultar catastrófico. Sin embargo, no es esto lo que la verdadera ciencia nos dice. Aunque probablemente esté ocurriendo un cierto grado de calentamiento, ni siquiera existe la seguridad de que esto no sea parte importante de la variabilidad natural del clima. Mientras que la influencia humana sobre el clima podría ser discernible, esto o significa que estemos destruyendo al mundo.

De hecho, el aumento de la temperatura media global ocurrida en los últimos 100 años es de alrededor de 1 grado Fahrenheit, lo que es menos que la variabilidad anual en Norteamérica. En otras palabras, la temperatura cambia de manera natural de un año para otro más que el efecto del hombre sobre clima en un siglo, suponiendo que el hombre sea el responsable de todo el cambio, lo que es muy improbable.

Más allá de ello, sabemos muy poco. Todas las aterrorizantes predicciones que escuchamos co tanta frecuencia están basadas en un serie de “si”, encerradas en los modelos computarizados e improbables suposiciones. Además, desde el último informe del IPCC, el escenario científico se ha vuelto aún más nublado. Toda la acumulación de investigaciones científicas apuntan a una incerteza cada vez mayor sobre lo que se conoce acerca del cambio climático.

De modo que la frase borrada en la que los ecologistas hacen foco, “el cambio climático tiene consecuencias para la salud humana y el ambiente,” era al mismo tiempo carente de sentido y peligrosa. Está en un nivel de simple perogrullada – el cambio climático cambia otras cosas. Sin embargo, cuando la clara implicación es que las consecuencias son negativas (cuéntenle eso a la selva lluviosa del Amazonas, donde la vegetación ha crecido de manera abundante durante la última década) o que el cambio es principalmente inducido por los humanos, entonces debe ser reemplazado por una declaración más clara sobre el estado de la ciencia. Eso fue lo que la administración hizo cuando hizo notar que “las complejidades ... hacen que el documentar el cambio sea un reto científico, diagnosticar sus causas y desarrollar proyecciones útiles [del cambio climático].”

También fue algo interesante que los medios condenaron el agregado de nueva y más confiable ciencia al desactualizado informe. El New York Times sugirió que la referencia a un estudio había sido criticada sólo para ser reemplazada por un estudio respaldado por la industria del petróleo. De hecho, el estudio de 1999 que fue borrado es ciencia basura de la peor clase – basado en modelos que es consenso general que no predicen el clima mejor que las tablas de números aleatorios – por lo que el Competitive Enterprise Institute ha peticionado a la administración que deje de diseminarlo.

El estudio que lo reemplazó es una investigación mucho más actualizada sobre todo lo que conocemos sobre la variabilidad natural de la temperatura, que sugiere que la Tierra ha sido mucho más caliente que ahora (durante el “Período Cálido Medieval”, cuando Groenlandia fue colonizada y las viñas crecían en Inglaterra). Es interesante que, de todas las agencias que financiaron al estudio, el New York Times sólo notó al América Petroleum Institute, que proveyó la pequeña cantidad necesaria para finalizar y publicar el estudio. El noventa por ciento de la financiación provino en realidad del gobierno – de la Oficina de la Fuerza Aérea para Investigaciones Científicas, la NASA, y la Administración Nacional de Océanos y la Atmósfera (NOAA).

Aunque la administración siguió los pasos correctos al sugerir cambios en el informe, no respondió bien al reto de las comunicaciones. Parte de la razón por la que el lobby ecologista fue capaz de hacerse escuchar alto y claro es que la administración no emitió una completa defensa de sus acciones basada en la ciencia. La Casa Blanca podría hacerlo ordenando a las agencias que cesen la diseminación de informes desacreditados y listar las razones por las cuales no son una base confiable para la toma de decisiones políticas. La administración debería declarar muy claramente que salir al cruce de las ciencia basura no es censurar a la ciencia, sino promoverla.
    
    Iain Murray es un miembro senior del Competitive Enterprise Institute



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