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    Ignorancia más agendas anti-desarrollo
    llevan a la imbecilidad activa

    Eduardo Ferreyra
    Presidente de FAEC

    Enero 1º, 2017

    ¿Cómo la ciencia cuestionable se convierte en aceptable? Sólo publíquela.

    Los activistas anti transgénicos y pseudo científicos están cuestionando cada vez más el status de inocuidad del glifosato a pesar de décadas de investigación que así lo han demostrado.

    En el sitio web de Infobae aparece la increíble noticia: “Buscan prohibir el uso de agrotóxicos por ser posible causante de cáncer y malformaciones,” donde informan que el fiscal federal Fabián Canda, del fuero Contencioso Administrativo de Capital Federal, solicitó a la Sala III de la Cámara Contencioso Administrativa Federal el dictado de una medida cautelar que busca suspender el uso del agrotóxico glifosato para fumigaciones aéreas. Y también solicita la prohibición total del glifosato en toda la Argentina. Sus argumentos no resisten los pocos minutos necesarios para leer las conclusiones de todos los organismos científicos y técnicos del mundo dedicados a la protección de la salud de la población. Sería recomendable que las autoridades judiciales de la nación analicen la posibilidad de iniciar un juicio político a este fiscal por mal desempeño en su función pública. O simplemente aconsejarle, amigablemente, que se informe de manera adecuada antes de lanzarse a pedir que se cometan dislates de ese calibre.

    En el ambiente académico existe un acuerdo tácito: La publicación de un extenso y profundo estudio indicando que una sustancia química o un producto comercial es seguro será ignorado por el mundo. Pero publicar uno que apenas sugiera que una sustancia o producto mata a la gente y el autor se convierte en un héroe del folclore ecologista. De inmediato aparecerán en Youtube cientos de videos con pretendida autoridad científica que convencerá a los ingenuos de que las empresas están matando y prácticamente despoblando al planeta. Y le llaman "genocidio".

    Stephen Duke, un científico del Departamento de Agricultura de Estados Unidos lo pone bien en perspectiva: “Las malas noticias son las mejores noticias.” Duke es conocido en el mundo por sus conocimientos y experiencia con el glifosato. “Publicar estudios sobre la ausencia de efectos de alguna sustancia no es la manera de ganarse la reputación de buen científico.”

    Stephanie Seneff es una ingeniera electricista del Instituto de Tecnología de Massachusetts y profesora de ciencias de la computación. Publicó un trabajo que demuestra que el cinismo viene del lado de los académicos alarmistas. En abril de 2011 Seneff y Anthony Samsell publicaron un estudio sobre los daños del glifosato en la revista Entropy, una publicación que les cobra dinero a los autores por publicar estudios que otras revistas científicas rechazarían en dos segundos. Por supuesto, no tienen revisión de los pares, o “peer review”. Si alguien quiere publicar un estudio demostrando que la Tierra es plana y sostenida por cuatro elefantes parados sobre una tortuga, lo hará sin sonrojarse.

    En la revisión de la literatura científica, según Seneff, ella llega a la conclusión de que los residuos de glifosato sobre los cultivos de soja, maíz, remolacha, y trigo son una lista larga de males para los humanos tales como autismo, depresión, obesidad, enfermedades cardíacas, cáncer, infertilidad, y mal de Alzheimer. Aunque su título es en ingeniería electricista, la señora Seneff se desvía de su especialidad e incursiona en la nutrición, la medicina y la salud humana.

    A pesar de las cuestionables o nulas calificaciones de Seneff para opinar sobre el tema, un reportero de la agencia de noticias Reuter, que levantó la noticia de la revista Entropy, escribió su historia sobre el glifosato como si la Sra. Seneff fuese una toxicóloga que había estudiado los agroquímicos durante décadas. Por supuesto, la historia de la agencia Reuters le dio al estudio de Seneff y Samsell una credibilidad que no merecía, y miles de bloggeros, sitios web de ONGs verdes e instituciones levantaron la historia y la repitieron millones de veces dándole al movimiento anti-desarrollo ecologista munición para sus campañas destructoras.

    En contraste con el paper de Seneff, los medios ignoraron en 2012 a dos científicos norteamericanos cuando publicaron una revisión toxicológica del glifosato con la conclusión de que el gifosato era perfectamente seguro. John DeSesso y Amy Williams, toxicólogos en Expoent, una firma consultora científica americana, revisaron los efectos del glifosato en humanos y animales en el Journal of Toxicology y Environmental Health, publicación con severa revisión de los pares. El estudio determina, como lo hicieron numerosos previos estudios, que cuando se revisan las tasas realistas de exposición al producto el herbicida no afecta de manera adversa a los procesos de desarrollo de embriones o reproductivos. Porque acá reside casi todo el problema: la tasa de exposición a las sustancias y a la dosis efectiva recibida.

    ¿Cómo se hacen los estudios para determinar efectos de sustancias químicas?

    Aaron Wildavsky, era profesor de Ciencias Políticas y Políticas Públicas en la Universidad de California, en Berkeley, y había investigado mucho sobre sustancias peligrosas. Ha descrito a fondo la naturaleza y magnitud del problema, en cuanto se relaciona al uso de los tests de cáncer en animales para determinar los riesgos de cáncer para los humanos.

    Debido a la defectuosa metodología de los tests para cáncer en los animales, «los resultados no serán lo suficientemente buenos para ser considerados una base válida para predecir el cáncer en los seres humanos. El simple hecho es que los humanos raramente - si es que alguna vez - encontrarán en la vida real las altísimas dosis de sustancias sospechadas de ser cancerígenas que les son administradas a los animales de laboratorio.»

    Extrapolaciones ridículas

    Para extrapolar ensayos sobre animales a los seres humanos, deben hacerse una serie de suposiciones. Se supone, sin confirmación hasta hoy, que:

    1. La biología de los animales de ensayo es similar a la de los humanos;
    2. Que se puede hacer un ajuste para la enorme población humana comparada al limitado número de animales en ensayo;
    3. Y que las vastas diferencias en la dosificación dada a los animales - comparadas con la real exposición humana- no invalidarán los resultados.

    Dependiendo de las suposiciones imaginadas y los modelos estadísticos que se derivan de ellas, los resultados pueden variar inmensamente. Wildavsky hizo notar que si después de este ejercicio, todo lo que sabemos es que la exposición a una sustancia química dada a las ratas es miles de veces más grande que la exposición humana, recibida en la vida real. Entonces no sabemos nada de valor. Y las regulaciones basadas en tales resultados no tiene mucho sentido, excepto para proveer con un espectacularmente elevado – e innecesario - margen de seguridad.

    Hace notar, además, que hay muy pocos beneficios para la salud al eliminar minúsculas cantidades de residuos químicos sintéticos, cuando se tiene en cuenta la capacidad del organismo humano para manejar los bajísimos niveles de cancerígenos naturales a los que estamos expuestos todos los días en nuestra dieta. Al referirse a las maneras de reformar las regulaciones, Wildavsky sugiere que las sustancias químicas deberían ser discutidas en términos de dosis tóxicas o cancerígenas, en vez de etiquetarlas simplemente como tóxicas o cancerígenas. Además, no existen garantías de que una dosis de alguna sustancia será absolutamente segura. Sin embargo, podemos hacer muy buenas estimaciones acerca de cuáles dosis serían insignificantes comparadas con otros factores.

    «¿Cómo puede un ciudadano decir cuál es la diferencia entre seriedad y tontería?». Es mi convencimiento que una persona que esté dispuesta a invertir cierto tiempo en la lectura de la literatura científica puede llegar a entenderlo. Añado que si clubes, grupos de productores agrícolas, jubilados o gente en ONGs no fundamentalistas estudiasen los diferentes asuntos - calentamiento global, DDT, o cualquier otra cosa - y se transforman en "expertos ciudadanos", podrían convertirse en poderosas usinas generadoras de conocimiento útil.

    La Agenda Ecologista es Insanía

    Básicamente, los argumentos de Wildavsky pueden desarrollarse como sigue:

    Una taza de café tiene, groseramente, mil sustancias químicas. De éstas, sabemos algo acerca de unas 25 o 27 de ellas. Se ha calculado que cada taza de café ­ como las dos que bebí esta mañana ­ tiene unos 15 mg de cancerígenos o material venenoso. ¿Cuánto son 15 mg? Es aproximadamente el equivalente a lo que todos y cada uno de nosotros obtendría de los residuos de pesticidas, de la industria, de la cadena alimentaria en un año entero.

    ¿De modo que ustedes, ONGs verdes, quieren hacernos la vida más fácil? ¿Quieren demostrar compasión por los pobres infelices que están contrayendo un cáncer cada 13 segundos? Entonces aconséjenle a la gente que beban una taza menos de café por año!

    La cantidad de cancerígenos naturales ­ en cualquier cosa que crece y espera sobrevivir en la evolución (la mayoría de las plantas son fábricas de sustancias químicas), comparadas a la cantidad de sustancias químicas sintéticas que recibimos de la industria, es ínfima. La relación entre ambos cancerígenos, naturales y los sintéticos, es de aproximadamente:

    99,99999 a 1.

    Puesto de otra manera, los cancerígenos naturales son de 10 a 15.000 veces más, por peso y potencia por día, que los cancerígenos sintéticos. La primera pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Qué demonios estamos haciendo?

    Todo el asunto de las regulaciones es una bestialidad, del principio al fin. No hay ninguna verdad en ellas porque no existe ningún perjuicio en los muy bajos niveles de nuestra preocupación. En lo que usted debe concentrar su atención y nunca quitarle el ojo de encima ­en este juego de las cáscaras de nuez­ es el asunto técnico llamado evaluación de riesgos o criterio. Es el criterio lo que importa. Si pudiésemos alterar de manera sensible el criterio que emplea las agencias reguladoras como la EPA norteamericana para regular, todo lo demás encajaría en su lugar con facilidad.

    “¿A qué debemos prestar atención?” Ponga atención al criterio elegido

    En los momentos actuales, la EPA usa el criterio siguiente: regula 374.000 veces por debajo de cualquier daño comprobado a los humanos o a los roedores. Fíjense en la tasa de accidentes, morbilidad y mortalidad para los últimos 100 a 120 años. Podrá ver un increíble ejemplo de progreso. Para blancos y negros, hombres y mujeres, es un progreso ascendente y avanza de una manera notable. Hemos estado haciendo algo correcto… muy correcto.

    Conclusión: El grueso de las regulaciones gubernamentales ­ muy por encima del 90% ­ están basadas en tests de cánceres de animales realizados sobre roedores. Mi posición es muy clara y no quiero que nadie se equivoque al respecto. Estos tests no tienen ningún valor ­ absolutamente, sin misericordia, son total y definitivamente inútiles. Además, dentro de muy pocos años, verán ustedes que la opinión científica se moverá irremediable e irrevocablemente en contra de ellos.

    La mayoría de ustedes han oído hablar de algunas de las fallas de estos tests, de modo que las mencionaré, aunque no me internaré en grandes tecnicismos.
    • Sabemos que los animales de ensayo son alimentados con las máximas dosis que puedan tolerar. Se conoce como la “Dosis Máxima No Letal.” Esto es muy importante, porque cuando comparamos una rata a un hombre, ella es muy pequeña y nosotros somos muy grandes. Las ratas reciben dosis gigantescas ­ a veces decenas de miles de veces mayores que las que ingerimos nosotros ­ de modo que es necesario tener un control sobre ello. Porque estas son ratas especialmente criadas, que desarrollan cánceres con una gran facilidad, diseñadas para acotar los muy caros tiempos de experimentación.. Los reguladores consideran, de manera estúpida, que “un tumor benigno es lo mismo que un tumor canceroso maligno, porque el benigno podría volverse canceroso -quizás.”

    Pero ello no es la esencia del asunto. La esencia del asunto reside en el argumento estadístico. Para poder extrapolar de un ratón a un ser humano, es preciso controlar la dosis y el tamaño. Existen varias docenas de modelos estadísticos, pero a menos que ustedes sepan cómo se produce el cáncer, a menos que se tenga una explicación de la mecánica involucrada en las causas del cáncer, no existe ninguna manera de elegir un modelo estadístico.

    ¿Qué diferencia hace el modelo que se elija? A «grosso» modo, esta es la diferencia: Una vez que se hayan completado estos tests (de 1 a 3 millones de dólares por test), y se hayan seguido los procedimientos puntillosamente (lo cual no es nada fácil porque es necesario sacrificar a los animales, poner sustancias en las platinas, y es muy largo, tedioso, caro, y posiblemente lleno de errores), aún después que todo esto ha sido hecho, ¿qué es lo sabemos? Les daré mi traducción: sabemos, entre 4.000 y 4 millones de veces, lo que puede estar correcto. Ese es el margen de error. Así es como manejamos de la manera más estúpida a las incertidumbres.

    Pero a pesar de todos los razonamientos y argumentos sensatos que nos dan miles de científicos, los activistas, las alarmistas y los científicos que trabajan para ellos, están cuestionando la seguridad de herbicidas como el glifosato, desechando todas las evidencias que acabamos de enterarnos recién. Así fue el que científico francés Gilles Seralini elevó la presión del debate transgénicos-glifosato publicando un estudio con fotos de horribles tumores en ratones alimentados con maíz transgénico; estudio que tuvo que ser retirado de la publicación por los numerosos errores de metodología incurridos en su diseño y desarrollo.

    También se aferran los ecologistas argentinos al famoso estudio del Dr. Carrasco que pretendía demostrar que el glifosato causaba tumores y deformaciones a las ranas. Pero hasta el mismo organismo de investigación científica del estado, el CONICET lo desautorizó de manera categórica por contener errores científicos imperdonables. Inyectar cualquier sustancia directamente a los embriones de cualquier especie animal causará desarrollo anormal y monstruoso al animal gestado. Aunque la sustancia sea Coca-Cola o aspirina. Además, jamás demostró el Dr. Carrasco cómo hace el glifosato para introducirse en el embrión de ranas, animales o seres humanos, atravesando la barrera placentaria.

    Una cantidad de científicos puede ser –y de hecho lo son- deshonestos, pero la mayoría tienen buenas intenciones. Unos pocos pueden pervertir sus resultados para ganancia personal de dinero o una fama que le facilitará ganar más dinero, pero a esa clase de personas las encontramos en todos los campos, sea en la ciencia, el negocio de autos usados, o la venta de medicinas alternativas.

    Pero que un oscuro fiscal con cero capacitación en epidemiología, estadísticas, toxicología, y otras necesarias ramas de la ciencia, recomiende la prohibición en Argentina de una sustancia que no está prohibida en ninguna otra parte del mundo, basándose solamente en dimes y diretes provenientes de las ONGs ecologistas anti-desarrollo, es algo que escapa al campo de la racionalidad e ingresa en el gigantesco y estéril campo de la estupidez.

    Eduardo Ferreyra
    Presidente de FAEC



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