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Malaria: el Asesino que Pudo
Haber Sido Derrotado

Un conocido entomólogo documenta la manera en que los activistas antipesticidas de los Estados Unidos detuvieron al DDT, el pesticida que pudo haber impedido que la malaria siguiese matando millones de personas en todo el mundo.

por Dr. J. Gordon Edwards

J. Gordon Edwards, profesor emérito de entomología en la San Jose State University de California, ha enseñado allí biología durante más de 44 años. Es un antiguo miembro del Sierra Club y de la Audubon Society y un antiguo miembro de la Academia de Ciencias de California. Es el autor de muchos artículos sobre ornitología publicados por la Audubon Society y otros grupos ambientalistas.


(Este artículo fue publicado en la revista 21st Century Science & Technology
Summer 1993, Vol. 6, No. 2) y traducido al Español por Eduardo Ferreyra.


La malaria, que podría haber sido derrotada hace 20 años, es todavía la enfermedad tropical más importante, y un mayor obstáculo para el desarrollo económico y social de vastas áreas del mundo. Antes del descubrimiento del insecticida DDT a principios de los años 40s, había cuando menos 300 millones de casos anuales de malaria, y más de tres millones de muertos a consecuencia de ella. Gracias al pesticida DDT, millones de vidas fueron arrancadas de las garras de la malaria en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Se tenía entonces la esperanza de que el DDT pudiese eliminar a este asesino masivo, de una vez para siempre.

Pero no sucedió, porque se lanzó en los Estados Unidos una irracional campaña, a través del libro "Primavera Silenciosa" de Rachel Carson. Actualmente, más de 2.000 millones de personas – 40% de la población mundial – vive en países maláricos; 270 millones de ellos están infectados; y se estima que hay ahora más de 100 millones de casos clínicos cada año (unos 300,000 nuevos casos por día). Esta enfermedad impone hoy una amenaza mayor para los viajeros de países tropicales que todas las demás enfermedades combinadas. La malaria siguie matando millones de personas todos los años, más que cualquier otra enfermedad tropical, y la mayoría de las víctimas son niños. África es la más castigada, con casi el 85% de los casos del mundo. Más del 30% de las muertes infantiles son causadas directamente por la malaria.

La malaria es llamada merecidamente "la reina de las enfermedades". Su cosecha de muertes es estremecedora: en 1923, la gran epidemia de malaria de Rusia causó más de 5 millones de casos y 600,000 muertes. En Egipto, en 1942, inmediatamente después de que el mosquito Anopheles gambiae invadiese el fértil Valle del Nilo, 135,000 personas murieron de malaria. En los años 30s, en los Estados Unidos aún habían de 6 a 7 millones de casos todos los años. Miles de personas se atragantaban al ingerir diariamente las amargas pastillas de quinina para protegerse de los temblores y fiebres que acompañan a la enfermedad. Cuando se descubrió el DDT, uno de sus primeros triunfos fue la erradicación de la malaria de los Estados Unidos.

El DDT Declara la Guerra a la Malaria
(haga click aquí para saber qué es la Malaria)


En 1943, el DDT se hizo disponible para combatir a los mosquitos, vectores de la malaria y de la fiebre amarilla, del piojo transmisor del tifus, las pulgas transmisoras de la plaga bubónica, y muchas otras plagas de insectos. Su descubrimiento cambió rápidamente al mundo y dió a sus habitantes una nueva esperanza. Después de 1945, el Centro de Enfermedades Transmisibles del Servicio de Salud Pública de los EEUU, asumió la responsabilidad de administrar el programa nacional de erradicación de la malaria en 18 países, apoyado directamente por la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID) del Departamento de Estado. Por ejemplo, un programa de control dió comienzo en Grecia en 1946, y en trse años el número de casos cayó de 2 millones de casos a cerca de 50,000.

Sin embargo, la malaria seguía aún asolando a millones. En 1955, 10 por ciento de la población mundial tenía un ataque de malaria, y alguien moría cada 10 segundos. James Wright, jefe del control de vectores de la Organización Mundial de la Salud (WHO), hizo notar que cada año la malaria era contraída por 300 a 400 millones de personas, y que mataba a 3 o 4 millones de ellos. Ese año, la Asamblea de la Organización Mundial de la Salud anunció una guerra mundial contra la malaria. Ese objetivo fue incorporado por el Congerso a la política de los Estados Unidos en 1957, bajo el Acto de Seguridad Mutua.

La mayor arma contra el mosquito Anopheles (el único género que transmite la malaria), era el DDT. El programa también trataría de eliminar de la sangre humana a los protozoos Plasmodium causantes de la malaria, usando una variedad de drogas antimaláricas.

Entre 1953 y 1962, se usaron 147,590,000 libras de DDT en los programas de control de la malaria. En 1963, 130 millones de libras se usaron en el interior de las casas, junto a 8 millones de libras de dieldrin y un millón de libras de lindane. Estos dos últimos productos fueron discontinuados muy pronto porque los mosquitos desarrollaron una rápida resistencia a ellos.

Para 1969, casi 1,500 millones de personas vivían en áreas que habían sido maláricas, pero de las que el DDT había erradicado la enfermedad. Para 1969, de los 146 países originalmente clasificados como maláricos, la erradicación se había cumplido en 36; 53 estaban dedicados a programas de erradicación; y 27 estaban llevando a cabo significativo programas para controlar la malaria. En Pakistán, por ejemplo, hubo 7 millones de casos en 1961, but pero sólo 9,000 en 1967. . La Agencia para el Desarrollo Internacional (AID) de los EEUU le dió al gobierno Pakistaní $25,3 mil millones y le prestó a Pakistán $35 millones más para financiar el uso del DDT.," dijo el U.S. Centers for Disease Control. "El DDT provee la única y económicamente factible medida para erradicar a la malaria hoy en día."

Aparece Rachel Carson

Que estos "beneficios sin paralelo" fuesen detenidos más tarde, fue el resultado de los escritos de Rachel Carson y las mentiras con las que mobilizó al naciente movimiento ecologista para terminar con el uso del DDT.

En 1962, Rachel Carson publicó Silent Spring, un libro que sostenía falsamente que el DT estaba causando gran daño a los seres humanos, animales domésticos, y al ambiente. La histeria generada por Rachel Carson y sus discípulos forzó las prohibiciones contra el DDT que dieron por resultado decenas de millones de muertes humanas – y sufrimientos para las poblaciones más allá de lo que las estadísticas pueden revelar.

La campaña lanzada por Carson golpeó fuerte a la guerra contra la malaria, provocando su caída. En 1967, la Organización Mundial de la Salud cambió su meta de "erradicación mundial" de la malaria a "control de la enfermedad, donde ello fuese posible." Unos 63 países participantes, que habían gastado enormes sumas en la lucha, simplemente abandonaron la batalla.

En la 22ava sesión de la Asamablea de la OMS en el Sudeste de Asia en 1969, se aprobó una resolución urgiendo a los fabricantes de DDT a "continuar fabricando al insecticida salvador de vidas, de manera de poder seguir protegiendo a los ciudadanos de la malaria." Sostuvieron que una prohibición del DDT en los Estados Unidos negaría el uso del DDT a la mayoría de los países maláricos del mundo. El resultado directo de esa negativa sería "descargar sobre los países afligidos cientos de millones de casos de malaria, y millones de muertes humanas en la próxima década."

A pesar de la evidencia científica que demostraba que el DDT era inofensivo para los humanos, William Ruckelshaus, el administrador de la EPA, (Agencia de Protección del Ambiente de los Estados Unidos), prohibió al DDT en 1972. (Ver: EPA).

Desgraciadamente, cuando los programas de control de mosquitos fueron detenidos, ocurrió una recurrencia de la malaria, con niveles de la enfermedad mucho más altos que antes, a causa de la presencia de una densidad de población mayor en las áreas que habían sido previamente maláricas. (más gente se había mudado a esas áreas, bajo la protección del DDT). Para 1976, los casos anuales de malaria se habían disparado hasta 800 millones de casos anuales, con más de 8 millones de muertes cada año. Un mirada a sólo dos ejemplos, India y Ceilán, nos da una imagen del asunto:

La India tenía más de 100 millones de casos anuales de malaria en los años 40s y 2.5 millones de personas morían de malaria cada año. Después de la implementación de un progarma contra la malaria, la tasa de casos cayó a menos de 100,000 casos y menos de 1,000 muertes. El gobierno de India había estado gastando el 60% de todo su presupuesto de salud en el control de la malaria, y dió sus resultados. Funcionarios del gobierno comentaron más tarde que "Nostros pensamos que la malaria había sido erradicada"

La ola se revirtió a fines de los años 60s, como resultado de Rachel Carson y la campaña de terror de los pseudo ecologistas contra el DDT. para 1972, hubo nuevamente 1 millón de casos, la cantidad escaló a 4 millones en 1974, y a más de 8 millones en 1976 (la mayor parte de las autoridades creyeron que el número era en realidad cercano a los 12 millones). Con la ayuda del DDT fabricado en Sri Lanka y Bangladesh, el gobierno de la India está hoy ganando la partida, pero todavía tiene por delante una tremenda tarea.

Ceilán (hoy Sri Lanka) había sufrido en los años 50s 3 millones de casos de malaria cada año, con más de 12,000 muertes. El rociado con DDT comenzó en 1946, y para 1962 hubo solamente un total de 31 casos, y el próximo año sólo 17 (sin muertes). Cuando se detuvo el rociado después de que se publicara el aterrante libro de Rachel Carson y la oposición pública la DDT se desarrolló, los casos de malaria subieron otra vez: se informaron 308 casos de malaria en 1965; 3,466 en 1967; 17,000 en Enero de 1968; y 42,000 en Febrero de 1968. Entre 1969 y 1970 se reportaron millones de casos.

Para 1991, más del 40% de la población en unos 100 países estaban expuestoa a la malaria. Casi 200 millones de personas, la mayoría en países del África tropical, vivían en áreas de alto riesgo, virtualmente sin programas antimaláricos. "En sólo una noche de dormir en un área rural no protegida, una persona puede ser picada por más de 100 mosquitos infectados", decía un informe. En tales lugares, todo lo que se puede hacer es recomendar el uso de redes contra los mosquitos impregnadas con insecticidas como la permetrina.

El costo del cuidado de la salud más la pérdida de recursos humanos debido a la malaria, sólo en África, será de unos $213,000 millones de dólares para 1995. La malaria está empeorando, con 2,000 millones de personas expuestas, en por lo menos 25 países, dice la Organización Mundial de la Salud.

Los Beneficios del DDT

Antes de que la OMS comenzara su programa mundial de erradicación de la malaria, la India producía menos de 25 millones de toneladas de trigo anuales, y las hambrunas se extendían por todo el país. Para 1968, una población más saludable estaba en condiciones de producir más de 100 millones de toneladas de trigo por año. Ese mismo tipo de éxito se repitió en cada país – después de que la malaria había sido controlada. La gente desnutrida y enferma no puede realizar el trabajo pesado necesario en los campos para producir mucha comida. También pueden tener perjudicada la síntesis de anticuerpos y dificultades en su sistema inmunológico. La deficiencia de proteínas causa condiciones tales como marasmo y "kwashiorkor", y en los países subdesarrollados, los niveles de desnutrición proteica más benignos afectan a casi la mitad de todos los niños menores de 20 años. La debilidad resultante conduce a un gran aumento de las enfermedades infecciosas como la hepatitis, tuberculosis, disentería, absceso hepático amebiano, esquistosomiasis, y fiebre tifoidea.

La escasez de agroquímicos esenciales y el resultado de las actividades antipesticidas han contribuido también mucho a la cosecha de enfermedades humanas y muertes, como resultado de dietas inadecuadas. Más de 40,000 niños mueren de hambre cada día, de acuerdo a la Agencia para el Desarrollo de los Estados Unidos. Eso se suma a las 15 millones de muertes horribles cada año. Los niños mal nutridos quizás nunca desarrollen la capacidad total de sus cerebros, lo que presagia grandes dificultades en los años venideros para las naciones con persistente escasez de alimentos.

De acuerdo a la OMS, el segundo más importante beneficio médico del DDT, después del control de la malaria, fue el programa del control de la mosca tsetsé. Las moscas tsetsé Africanas, chupadoras de sangre, (Glossina) transmiten protozoos flagelados que provocan la mortal enfermedad del sueño humana, y la letal nagana del ganado. Antes del DDT, según la OMS, la mosca tsetsé le negaba 40 millones de millas cuadradas a los asentamientos humanos.

Otra seria peste del norte de África y de América Central es la pequeña mosca negra (Simulium), que transmite los áscaris parásitos que causan la "ceguera del río" (onchoserciasis) en los seres humanos. Antes del DDT, 20,000 africanos eran ciegos, incluyendo a más del 30% de la población de algunas aldeas. La larva de la mosca vive en arroyos rápidos y por muchas décadas fueron imposibles de controlar. Un feliz accidente trajo al DDT a la batalla contra la mosca negra. Una mula que cargaba DDT en polvo a un proyecto de rociado en la cuenca del Río Volta, en los años 50s, se resbaló al cruzar un arroyo y derramó su carga en el agua. Las larvas de la mosca negra murieron a lo largo de una milla río ababajo, pero otras vidas acuáticas no fueron perjudicadas. Muy pronto, muchos ríos fueron rociados con DDT desde aviones, y se produjo una gran reducción del número de gente afectada por la mosca negra.

El DDT en polvo también proveyó de un excelente control del piojo corporal en la Europa de 1944, impidiendo así la difusión del tifus. Durante la Primera Guerra Mundial, las tropas y los civiles estaban invadidos por igual por piojos que transmitían el tifus rickettsiae, y unos 3 millones de Rusos y millones de otros Europeos murieron de tifus como resultado de ello. El DDT fue desarrollado justo a tiempo para impedir epidemias similares durante la Segunda Guerra. Cuando era espolvoreado en los cabellos y dentro de las ropas de los civiles o soldados, rápidamente mató al 100% de los piojos. La mortal plaga bubónica, o Peste Negra, mató la cuarta parte de toda la población de Europa, y dos tercios de la población de Inglaterra durante el Siglo 14. Ya había matado a casi 100 millones de personas en epidemias anteriores. Desde 1940, se descubrió que el DDT era tóxico para las pulgas que transmitían el bacilo de la peste de los roedores a los humanos. Se espolvoreó en madrigeuras y corredores de los roedores y mantuvo a la peste bajo control.

El Producto Químico que Más Vidas Humanas Salvó

Muchas otras enfermedades fueron también prevenidas por el uso del DDT, incluyendo tres tipos de leishmaniasis que son transmitidas por pequeños "jejenes" del género Phlebotomus. Los casos de leishmanisasis se hicieron prácticamente desconocidos en áreas donde se realizaban programas para el control de la malaria. También hubo micho menos problemas con chinches y otras plagas dentro y cerca de las casas rociadas.

La comunidad científica de todo el mundo ha reconocido su aprecio por el DDT. "El DDT provee todavía el método más efectivo, barato y seguro de abatir y erradicar la malaria, y esto sigue siendo cierto a pesar del desarrollo de la resistencia al DDT, lo que no es insuperable", como dijo el director de la OMS, concluyendo con que:

Es tan seguro que no se han observado síntomas entre los 130,000 rociadores o los 535 millones de habitantes de las casas rociadas. No se observó toxicidad en la vida silvestre de los países participantes de las campañas contra la malaria. Por lo tanto, la OMS no tiene tiene bases para abandonar este producto químico que ha salvado a millones de vidas, cuya discontinuación daría por resultado miles de muertes humanas y millones de enfermedades. Le ha servido a 2 mil millones de persons en el mundo sin haberse perdido ni una sola vida humana por envenenamiento por DDT. La discontinuación del DDT sería un desastre para la salud mundial.

La OMS también hizo notar que "El DDT no ha causado ningún efecto secundario entre los animales domésticos."

En 1970, la Academia Nacional de Ciencias dijo en una 'declaración oficial':

Sólo con muy pocos productos químicos tiene el hombre una deuda tan grande como con el DDT. Se estima que, en poco más de dos décadas, el DDT previno 500 millones de muertes humanas, debidas a la malaria, que de otra manera hubiesen sido inevitables"

A pesar de estas evaluaciones científicas, se temía hacia 1972, durante las audiencias de la EPA, que William Ruckelshaus intentase prohibir al DDT sin considerar los resultados de las audiencias. Era evidente que la prohibición del DDT dentro de los Estados Unidos tendría repercusiones sobre las campañas internacionales para la erradicación de la malaria, al provocar temores infundados en otros países. Prohibir al DDT en los Estados Unidos, en efecto, sería forzar a otros países a no usarlo para luchar contra la malaria –con las trágicas consecuencias que vendrían de tal decisión.

Como se temía, Ruckelshaus pasó por encima de su propio juez examinador, Edmund Sweeney, y arbitraria y unilateralmente prohibió el uso del DDT en Estados Unidos, efectivo en Enero de 1972. (los abominables detalles de esto puede encontrarse en los Registros del Congreso, Julio 24, 1972, pp. S11545-46, introducido por el Senador Goldwater.) Aunque Rueckelshaus admitió en una carta al presidente de la American Farm Bureau Federation (Abril 26, 1979) que "la prohibición del DDT fue una decisión política, más que una decisión científica.", esa caprichosa prohibición todavía se mantiene vigente en los Estados Unidos.

No Hay Substituto

En 1969, la OMS anunció los resultados de su estudio sobre posibles substitutos del DDT para la lucha contra la malaria. Después de años de ensayos, involucrando a más de 1,400 insecticidas, la OMS encontró sólo a cuatro que se acercaban a la efectividad del DDT – carbaryl, aprocarb, fenitrothion, y fenthion. Todos estos productos eran más peligrosos para los seres humanos que el DDT; ninguno era tan eficiente contra los mosquitos anofeles, y costarían de 4 a 20 veces más que el DDT. El aprocarb y el fenitrothion fueron usados más tarde en el 1% del programa y eventualemente se aplicaron grandes cantidades de malathion. Por desgracia, los substitutos del DDT persistían sólo la mitad del tiempo que el DDT en las paredes interiores de las casas, de manera que era necesario aplicarlos dos o tres veces más frecuentemente que al DDT, para proveer la misma protección, y pueden tener efectos adversos para la gente y para el ambiente.

En los años 50s, usando DDT costaba 17 centavos salvar una vida humana. En 1972, costaba 21 centavos por vida humana salvada, y la OMS pagó $72,000 por el DDT. El costo de usar Malathion para reemplazar al DDT hubiese sido de $371,000, y el costo del Carbaryl hubiese sido de $1,300,000. En 1973-74, el embargo petrolero provocó aumentos absurdos en el precio de los insecticidas. Obviamente, los países que no podían costear el suficiente DDT para combatir la malaria, no podían darse el lujo de usar insecticidas más caros para sus programas anti-malaria. Antes del DDT, las larvas del mosquito eran controladas derramando aceite sobre la superficie del agua, espolvoreando pantanos con arsénico (Verde de París), o alterando físicamente el ambiente (drenando el agua de las depresiones o rellenándolas con tierra). La gente evitaba a los mosquitos adultos poniendo telas mosquiteros en las casas, trabajando bajo sombreros con mosquitero, durmiendo bajo mosquiteros, y usando grandes cantidades de aceite de citronella como repelente.

Actualmente, por desgracia, no hay un método práctico para controlar las larvas del mosquito en los Estados Unidos sin violar las previsiones del Acta del Agua Limpia, el Acta del Aire Limpio, varias regulaciones sobre humedales, o el Acta de Especies en Peligro de Extinción (o complicándose con la Cláusula Delaney del Acta de Alimentos, Drogas y Cosméticos, que prohibe cualquier rastro de pesticidas en productos o en el ambiente).

El Factor Maltusiano

El principal propósito del controvertido libro de 1962 de Rachel Carson, Primavera Silenciosa, era desacreditar a los pesticidas, en particular al DDT. Tenía docenas de serios errores, distorsiones, y omisiones de hechos en casi todos los capítulos, y alarmó y aterrorizó a miles de crédulos lectores. [1] Peor aún, antiguas y responsables organizaciones ambientalistas repitieron esas falsedades para atraer más donaciones de un público atemorizado, a escala mundial.

Carson dedicó muy astutamente su libro a "A Albert Schweitzer, quien dijo, 'El hombre ha perdido su capacidad para prever y precaverse. Terminará por destruir a la Tierra'" Dado que el tema principal del libro era detener el uso de los pesticidas, como peligros para el ambiente y la salud humana, los lectores supusieron que Schweitzer se oponía a los pesticidas. Pero en la página 262 de su autobiografía, el gran humanitario escribió: "¡Cuánto trabajo y pérdida de tiempo nos causan estos pérfidos insectos ... pero un rayo de esperanza, con el uso del DDT, se extiende ahora hacia nosotros" [2]

El presidente de una destacada organización científica Inglesa observó más tarde que, "Si se diese una prohibición mundial del DDT, entonces Rachel Carson y su libro 'Primavera Silenciosa' estarían ahora matando cada año más gente que la que mató Hitler en todo su Holocausto" Quizás no fuera esa la intención de la Srta. Carson, sin embargo, el efecto de sus escritos sobre la salud mundial ha sido, por lo menos, tan severo.

Algunas personas que vivían en las llamadas naciones desarrolladas temieron que el DDT salvarse tantas vidas que resultaría en una peligrosa sobrepoblación de la Teirra, centrada en los países subdesarrollados. Como Rachel Carson, procuraron detener el uso del DDT prohibiéndolo en los Estados Unidos, declarándolo un peligro mundial, y tratando de impedir legalmente que otros países usaran pesticidas para proteger la salud pública, o incrementar la producción agrícola.

Algunas autoridades de la salud hicieron escuchar voces sobre que el amplio control de la malaria abriría una caja de Pandora y desataría una explosión mundial de población. Las pastillas para el control artificial de la natalidad no estaban todavía disponibles en los años 50s, y muchos sintieron que no había otra alternativa para controlar el crecimiento de la población que asegurar que la malaria matase hasta el 40 por ciento de la población infantil de los países atrasados. Como lo expresó un funcionario de AID: "Mejor muertos que reproduciéndose de manera descontrolada."[3]

Las principales organizaciones ecologistas se pusieron del lado del mosquito y de los microorganismos que transmitía. La National Audubon Society explícitamente se opuso a la campaña antimalaria, y en julio de 1969 distribuyó 17.000 panfletos urgiendo a los miembros apoyar la posición que "El DDT debería ser prohibido en todo el país y prohibida su exportación" Una falta similar de preocupación por la mortalidad de millones de seres humanos no-blancos en las naciones pobres fue revelada por Michael McCloskey, director del Sierra Club, quien dijo en febrerode 1971 que: "... el Sierra Club quiere una prohibición de los pesticidas, aún en países donde e DDT ha mantenido a la malaria bajo control ... Usando DDT reducimos la tasa de mortalidad en los países subdesarrollados, sin considerar la manera de mantener el aumento de población."

El Dr. Alexander King, cabeza del Maltusiano Club de Roma, que está activo en más de 40 países en cinco continentes, emitió una opinión similar en un libro de 1990, La Disciplina de la Curiosidad (Elsevier Science Publishers, p. 43). King había ayudado a introducir al DDT para sus uso en la 2a Guerra Mundial, según escribió, y estaba impresionado por "la gran cantidad de vidas que había salvado. Mi propias dudas vinieron cuando el DDT fue introducido para uso civil. En Guyana, en sólo dos años, casi había eliminado a la malaria, pero al mismo tiempo la tasa de nacimientos se había duplicado. De manera que mi principal disputa con el DDT, mirando hacia atrás, es que había contribuido enormemente al problema de la sobrepoblación".

En cuanto al Environmental Defense Fund, (EDF) que usó al DDT para convertirse en una acaudalada organización nacional, el Congresista John Rarick informó en una audiencia del Congreso, sobre el Acta Federal de Control de Pesticidas, el 3 de marzo de 1971, las siguientes declaraciones del científico en jefe del Fondo, Dr. Charles Wurster, cuando un reportero le preguntó "si una prohibición del DDT daría por resultado el uso de pesticidas mucho más tóxicos", y Wurst había contestado: "¿Y qué importa? La gente es la causa de todos los problemas. Hay demasiado gente. Debemos deshacernos de algunos de ellos, y esta es una manera tan buena como cualquiera..." [4]

Después de la prohibición del DDT, los activistas ecologistas aumentaron su campaña para prohibir la exportación de pesticidas. Desde 1974 a 1976, el U.S. Export-Import Bank financió más de $ 3.000 millones en exportación de pesticidas, que salvaron millones de vidas humanas en países tropicales. En 1976, la Audubon Society y el Natural Resources Defense Council (NRDC) demandaron en los tribunales federales para que se obligase al Ex-Im Bank a detener la financiación de la compra de pesticidas para uso en los paises subdesarrollados. El Centro Legal Nacional para el Interés Público se opuso a dicha demanda, y en 1980 la corte falló en contra de los pseudoecologistas. Como lo expuso el vocero del Centro, "La orden de la corte federal significa que las exportaciones Americanas no serán restringidas, y que nuestra nación no practicará el imperialismo ambiental".

En 1977, los grupos ecologistas iniciaron otro juicio, buscando forzar a la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (AID) para que suministrase estudios de impacto ambiental para todos los pesticidas, antes de que pudiesen ser embarcados a los paises subdesarrollados. Tal requerimiento habría detenido, durante semanas o meses, el envío de productos químicos que se necesitaban con urgencia, mientras que miles de víctimas de la malaria morían a causa del retraso.

En los años 80s, los pseudoecologistas indujeron a George Brown, de California, a Patrick Leahy, de Vermont, a Howard Metzenbaum, de Ohio, y a William Proxmire, de Wisconsin, para introducir leyes requiriendo que el Departamento de Estado notificase a los gobiernos extranjeros cuando se retirasen pesticidas del mercado norteamericano, voluntariamente o de otra manera. Leyes propuestas por los representantes Cecil Heftel, de Hawaii, y Michael Barne, de Maryland, habrían incrementado las restricciones a las exportaciones, y endurecido las normas para residuos de pesticidas en alimentos importados por los Estados Unidos. Estas leyes hubiesen detenido, indirectamente, el uso de insecticidas en países que dependían de ellos para la protección de la salud pública, como también para la producción agrícola, porque sus exportaciones podrían contener restos minúsculos de esos productos químicos.

Un daño más directo, tanto para la salud como para el bienestar económico, fue causado cuando los Estados Unidos suprimieron el apoyo para el control de enfermedades y control de la langosta, de cualquier país que usara pesticidas prohibidos o restringidos en los Estados Unidos. En África se produjeron extensas hambrunas, después de las inmensas pérdidas de cosechas causadas por las mangas de langostas –que podrían haber sido detenidas por el DDT.

Sin embargo, los grupos ecologistas continuaron en sus esfuerzos para lograr la prohibición de todas las exportaciones de pesticidas. En 1986, la Agencia para el Desarrollo Internacional respondió al Acta de Política Ambiental Nacional emitiendo las "Directivas de Regulación 16.". El Secretario de Estado Ceorge Shultz, basándose en dichas directivas como su autoridad, telegrafió órdenes a todas las Embajadas de los Estados Unidos que, "Los Estados Unidos no pueden, repito: no pueden, como materia de política a largo plazo, participar en programasque usen los siguientes pesticidas: (1) lindane; (2) BHC; (3) DDT; y (4) dieldrin." Los países que no pudiesen sostener sus programas de control de plagas sin la ayuda financiera de los Estados Unidos, quedaban privados de significantes esfuerzos para proteger la salud y bienestar de sus sufrientes pobladores.

Los lectores de las hábiles publicaciones que emanan de las organizaciones ecologistas se deleitan con las coloridas fotos de animales en ambientes tropicales. ¿No se se dan cuenta de que nunca hay ninguna señal de simpatía por los humanos que viven cerca de esos animales? Los seres humanos que están enfermos, lisiados, ciegos, o muriendo de malaria, peste, tifus, enfermedad del sueño, y leishmaniasis no son mostrados.Tampoco mencionan esas publicaciones las millones de personas que están desnutridas o muriendo de hambre como resultado de las campañas ecologistas. Sin ser perturbados por las enfermedades y muertes que ocurren como resultado de sus actividades antipesticidas, las revistas ecologistas dedican, por otro lado, mucho espacio para mostrar el daño causado por la gente en las selvas lluviosas, y se lamentan de la disminución del número de elefantes y de otras especies silvestres –para que fotografíen los turistas.

Hace 20 años, el Dr. L. J. Bruce-Chwatt comentó en la publicación médica inglesa The Lancet:

"Las noticias de que la Agencia de Protección del Ambiente de los EEUU han impuesto una prohibición casi total para el uso del DDT puede ser bienvenida por los partisanos del movimiento antipolución, pero le provocará inquietud a los trabajadors de la salud bien informados, ya que aumenta la dificultad para controlar varias enfermedades tropicales transmitidas por insectos. Los países ricos, preocupados con sus propios problemas ambientales y enfermedades degenerativas relacionados con su opulencia, deberían recordar que las viejas plagas no han sido erradicadas del mundo, y que cualquier movimiento aparentemente beneficioso puede tener un inesperado rebote y poner en peligro lo que se ha ganado en salud durante los años." [5]

No Tóxico Para los Seres Humanos

El uso del DDT en las campañas antimaláricas con insecticidas en el sector de los países en desarrollo era simple y eficiente. Se rociaban con DDT las paredes interiores de las casas en regiones maláricas, una o dos veces al año, para matar al mosquito Anopheles cuando se posaba en las paredes antes y después de haber ingerido sus dosis de sangre. Los rociadores aplicaron de 100 a 200 miligramos (mg) del ingrediente activo por cada pie cuadrado de las paredes interiores. (Una medida de whiskey –42 cm3– cubre una pared de 4 x 4 metros, matando a los mosquitos durante seis meses) Los insecticidas aplicados de ese modo no ingresaron al ambiente y por ello no contribuyeron significativamente al desarrollo de variedades "resistentes" de mosquitos.

Si no se encontraba indicación de transmisión de malaria por lo menos durantre un año, y si había menos de un caso por cada 100.000 habitantes por año, el rociado de DDT en las paredes era discontinuado, y se consideraba que el programa entraba en su fase de "consolidación". Se requerirían, entonces, frecuentes inspecciones, para asegurarse de que no se desarrollaran nuevos casos de malaria en los próximos dos o tres años. Sólo después de ello se podría declarar la región libre de malaria.

El DDT er usado como una solución al 70% de "polvo mojable". Era fácil empacar al polvo seco y llevarlo por mula a regiones remotas, luego agregarle el agua necesaria para convertirlo en un solución rociable que fuese fácil y segura de aplicar. No se necesitaban máscaras o vestimentas protectoras porque el DDT es notoriamente no-tóxico para los seres humanos, ya sea aplicado sobre la piel, o cuando se inhala o se ingiere. No hubo enfermedades causadas en más de 130.000 operarios que lo aplicaron, o en ninguno de los millones de habitantes que vivían en las casas rociadas.

El DDT es metabolizado en productos de desomposición que se segregan en la orina, y no existe una significante "magnificación biológica" hacia arriba, en la cadena alimentaria, como se sostenía en un principio. Para apreciar la no toxicidad del DDT en los seres humanos considere lo siguiente: Ensayos realizados por el Dr. Wayland Hayes, para el Servicio de Salud Pública de los EEUU involucraba alimentar a seres humanos voluntarios con tremendas cantidades de DDT, para ver si se desarrollaban algunos efectos adversos. Los hombres ingirieron hasta 35 mg en sus comidas, cada día, durante 18 meses, y no tuvieron dificultades ya sea en el momento, o en los siguientes 6 a 10 años que permanecieron en observación. [6] Durante los años de mayor uso del DDT, el cidadano promedio de los EEUU estaba ingiriendo menos de 13 mg por año, y el DDT era tan seguro que hasta la comida envasada para bebés le era permitida contener 5 partes por millón de DDT. (Esta es una concentración sumamente pequeña; el equivalente a 1 parte por millón es una sola moneda de 1 centavo sacada de una pila de monedas que suman $10,000.)

El Dr. Bruce Ames, un bioquímico aclamado internacionalmente, nos recuerda que cada uno de nosotros ingiere cada día cientos o miles de partespor millón de cancerígenos "naturales" (no hechos por el hombre) que ocurren en cualquier dieta saludable. Tenemos muy poco que temer de cantidades infinitesimales de los productos químicos, ya sean naturales o sintéticos.

Nota de FAEC: Para saber más sobre los estudios y hallazgos del Dr. Bruce Ames y la Dra. Lois Gold sobre este tan interesante tema, lea los artículos de este mismo sitio: Pesticidas Naturales y Sintéticos - Toxicidad Química -

¿Inhibe el DDT al Cáncer?

Los trabajadores en la Montrose Chemical Company, que producía al DDT, no usaban guantes o ropas protectoras de ninguna clase, y estaban inhalando el polvillo de DDT el día entero. El Dr. Edward R. Laws, del U.S. Public Health Service examinó a los trabajadores de Montrose y descubrió que habían acumulado 38 a 647 partes por millón de DDT y sus isómeros en sus tejidos grasos, pero no habían experimentado efectos adversos. En ese tiempo, el nivel de DDT en los tejidos grasos de la población en general era sólo 5 o 6 partes por millón. En una publicación en la American Medical Association, Laws afirmó: "Es notable que [después de 10 a 20 años en el trabajo] no se desarrollaron casos de cáncer entre estos trabajadores, durante una exposición de 1.300 años/hombre, un evento estadísticamente improbable." [7]

Más tarde, Laws realizó experimentos con roedores alimentándolos con DDT a proporciones 10,000 veces más altas que la dosis ingeridas por seres humanos, y luego transplantó tumores malignos directamente en los cerebreos de los animalitos. Sin DDT en sus dietas, hubo un 100 por ciento de mortalidad, pero los cánceres desaparecieron de los cerebros de 22 de las 60 ratas que habían sido alimentadas con DDT durante seis meses.

Otros científicos informaron de resultados similares. Los Drs. Charles Silinskas y Allan E. Okey descubrieron que el DDT en las dietas inhibía la leucemia mamaria inducida químicamente en las ratas. Ellos declararon que, "Si las estimaciones se prueban correctas, de que el 80-90% de los cánceres humanos son producidos por substancias químicas (como lo sugieren muchos expertos) el propuesto mecanismo protector del DDT en las ratas también puede aplicarse al hombre." [8]

Escribiendo en el The British Medical Bulletin en 1969, el Dr. A.E. McLean, un prominente patólogo, y sus coautores, citaron la inducción de enzimas en el hígado de los animales que habían ingerido DDT. La aguda toxicidad de la aflatoxina (un potente cancerígeno producido por los mohos comunes de granos y otras semillas) se incrementaba en alto grado en las ratas con deficiencias proteicas, según dijeron, "pero el efecto se revertía si los animales habían comido cantidades moderadas de DDT..." Los autores concluyeron: "Parece muy posible que la aflatoxina B1 y quizás otras aflatoxinas, que están entre las substancias cancerígenas más potentes conocidas, son convertidas a metabolitos no tóxicos en el hígado por medio del sistema de hidroxilación. [9]

El DDT en los cuerpos de los residentes de África y la India, deficientes en proteínas, pueden así inhibir el desarrollo de tumores y cánceres. También, la explosión de población de las aves comedoras de semillas, después de los programas de rociado con DDT podría ser el resultado de la ingestión de DDT.

Resistencia a los Pesticidas

Se ha estudiado extensamente el desarrollo de "resistencia" a los insecticidas por parte de los insectos. Los insectos no pueden desarrollar resistencia de manera individual. Ellos son tan fácilmente muertos tanto después de haber sido expuestos al DDT, como antes de dicha exposición. Pero algunos mosquitos (quizás 1 en 1.000), no mueren después de haber sido rociados, porque producen enzimas que descomponen al DDT. Otros mosquitos tienen enzimas que descomponen otros insecticidas o heredan rasgos de comportamiento que les permiten evitar enemigos o condiciones que amenazan su supervivencia. La habilidad de producir enzimas es heredada, y los genes responsables de destruir DDT probablemente regulan funciones de otra clase (esto es, esos rasgos ya eran útiles antes, y no estaban esperando el desarrollo del DDT y otros insecticidas).

Si un mosquito que tiene el gen para una enzima que detoxifica al DDT se acopla con otro mosquito que posee el mismo gen, es muy posible que sus crías hereden ese gen. Si la población es rociada con frecuencia con DDT, sobrevivirá una creciente proporción de insectos que tienen ese gen. Aquellos que carecen del gen morirán antes de poder reproducirse. En el tiempo, la población sobreviviente será genéticamente diferente de la población original, y será "resistente" al insecticida.

El DDT en las paredes del interior de las casas rociadas causaron la muerte de la mayoría de los mosquitos que se posaban en esas paredes. Si un único mosquito era "resistente" al DDT, podría no morir, pero era altamente improbable de que encontrase otro mosquito resistente para aparearse, especialmente uno del sexo opuesto (los machos no se alimentan de sangre, por lo tanto no son atraídos por los humanos o animales). Sin embargo, si se desarrollaba una resistencia al DDT, se aplicaba otro insecticida sin relación, para matar a los mosquitos resistentes al DDT – si algún otro insecticida efectivo fuese todavía disponible.

Desgraciadamente, el DDT era tan barato que también era usado en los campos cercanos a las casas de las víctimas de la malaria. Como resultado, se desarrolló una resistencia al DDT entre algunas poblaciones de mosquitos Anopheles y se tuvieron que usar otros insecticidas para continuar el control de los mosquitos. Este no era un problema enorme: en 1970, el director general del la OMS (Organización Mundial de la Salud) , escribió: "Las áreas en donde surgieron problemas técnicos (resistencia), representan sólo el 1 por ciento de todo el territorio donde se aplicaron medidas de erradicación pero (a causa de la propaganda adversa) esas áreas tuvieron una gran influencia en el programa mundial, fuera de toda proporción con su tamaño." De los 107 países maláricos, 62 informaron resistencia en poblaciones de uno o más especies Anopheles a uno o más insecticidas comunes.
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La Falacia de la Efectividad del Control Biológico

Los grupos ecologistas gustan de promover lo que se llama "control biológico" natural contra las plagas de insectos. Sin embargo, por más de 20 años, y con muy poco éxito, la OMS ha estado investigando las medidas de "control biológico" que podrían ser efectivas para controlar a los mosquitos. Además de la construcción de zanjas, desecado, y rellenado de las fuentes de agua, buscaron desarrollar controles genéticos e incompatibilidad citoplasmástica. Estudiaron la efectividad de los insectos predadores (Odonata, Hemiptera, y Coleoptera); introdujeron a pequeños peces de los géneros Gambusia en lagunas; y experimentaron con una gran variedad de virus, bacterias, hongos, protozoos, y nemátodos que podrían destruir a la larva del mosquitos.

En 1977 se descubrió que una subespecie del Bacillus thuringiensis, llamado israelensis, conocido usualmente como BTI, era efectivo para matar las larvas de mosquitos. Los bacilos tienen endotoxinas que realizan la matanza en las tripas de la larva, pero la endotoxina tiene vida muy corta en el calor y al sol, y sólo es efectiva por pocos días. Los virus matan a las larvas de los mosquitos en los campos, pero todavía no se pueden producir masivamente en el laboratorio. Los nemátodos ascárides (Romanamermis) dieron resultados inconsistentes, salvo en pequeñas charcas. Varias clases de hongos dan señales promisorias, en especial los de los géneros Coelomomyces, Metarrhizum, Beauveria, Lagenidium, y Culicinomyces, pero ninguno ha sido producido en cantidad suficiente como para ser liberados como potenciales agentes de control. También se hicieron intentos de utilizar protozoos microsporidium, pero sin mucho éxito.

Hasta 1993, ninguno de esos métodos –excepto la remoción del agua– ha reducido la cantidad de mosquitos en ningún hábitat natural. Si esos controles biológicos vivos fuesen liberados en el ambiente acuático, podrían resultar potencialmente peligrosos para otras formas de vida; y por ello su uso futuro sería impopular entre muchos "ecologistas". (De manera similar, el uso del Bacillus thuringiensis rociado en árboles para controlar la plaga de orugas ha dado como resultado la tremenda reducción de otros insectos "no apuntados", en especial otros tipos de polillas y mariposas.)

Norteamérica está poblada de muchas especies de Anofeles que son excelenes vectores de los parásitos de la malaria. Se han prohibido muchos insecticidas que podrían controlar esos mosquitos pero, aún si estuviesen hoy disponibles, no podrían ser aplicados en los hábitats acuáticos donde viven las larvas del mosquito. En los Estados Unidos, esos lugares no pueden ser tratados con pesticidas ni aceites de ningún tipo, a causa de las rígidas restricciones del Acta del Agua Limpia, cuyas violaciones pueden ser causa de sentencias en la cárcel y enormes multas.

También está restringido el uso de químicos como el Altocid, que destruye a los artrópodos al interferir en su crecimiento y metamorfosis, pero son muy amplios en su acción. No hace mucho tiempo, el Verde de París (un compuesto de arsénico), se aplicaba en pantanos a razón de 1 libra por acre y diezmaba las poblaciones de mosquitos. Tal uso del arsénico ha sido puesto fuera de la ley. Los aceites larvicidas también dieron buen control, pero ya no pueden ser usados. Cuando se aplicaban a razón d hasta 25 galones por acre (100 litros) estos aceites podían controlar a los mosquitos, pero debían reaplicarse cuando menos dos veces por semana, y esto era demasiado caro. Los parientes sintéticos del piretro (Permetrina y Resmetrina, por ejemplo), duran mucho más tiempo y se pueden aplicar con éxito en el exterior, pero son demasiado caros para aplicarlos en grandes áreas. La permetrina aplicada en las redes mosquiteras es sumamente efectiva para proteger a los durmientes.

El Acta del Agua Limpia ha sido groseramente abusada, y ciertamente impedirá el agregado de casi nada a los hábitats naturales. Hace dos años ocurrió una situación desusada cuand se dió una confrontación a causa de que se estaba permitiendo que demasiada agua dulce y fresca fluyese en los pantanos alrededor de la Bahía de San Francisco; supuestamente, los pantanos estaban siendo "contaminados" por agua pura!

En los Estados Unidos, los lugares de crecimiento de la larva del Anofeles ya no pueden ser alterados por zanjas, secados, o rellenado de esos hábitats, a causa de las rígidas políticas de los "humedales". Aún cuando el nivel de las aguas no suba hasta más allá de 30 centímetros por debajo de la superficie del terreno, el área puede ser actualmente definida como "humedal", y manipular dichos terrenos ha enviado gente a la cárcel. Campos que han sido cultivados durante generaciones han sido calificadas recientemente como "humedales", y ya no pueden ser trabajadas nunca más.

El "Acta de Especies en Peligro"

Encima de todo, las tradicionales medidas para controlar a los mosquitos están siendo estranguladas por la irracional "Acta de las Especies en Peligro", que tiene políticas de ejecución terroríficas. En los alrededores de la Bahía de San Francisco es ilegal interferir con el hábitat del ratón de las Cosechas de Marismas Saladas (o Salt Marsh Harvest mouse - Reithrodontomys raviventris), que está muy ampliamente distribuido en las costas de California. Lo mismo para el "amenazado" "Rail Palmoteador de California" (Rallus longirostris), una población local de una especie de aves común en varios lugares de California, como también desde el Este de los Estados Unidos hasta Sudamérica, y en marismas de agua dulce a lo largo del bajo Río Colorado. Cuando los zorros y los mapaches se comían los huevos del rail palmoteador, las autoridades iban furtivamente en las madrugadas para cazarlos a tiros, algo que encolerizó a los activistas animales locales. El tiroteo se reemplazó por un intenso programa de entrampado, pero el costo es de $50.000 dólares al año.

Con las mismas bases cuestionables, en las marismas existen docenas de clases de aves, mamíferos, peces, anfibios, insectos, arañas, y plantas que pueden ser designadas oficialmente como "especies amenzadas", y cualquiera de ellas puede forzar entonces la detención de todas las actividades humanas en, o cerca de las marismas. Es dudoso que en los Estados Unidos exista hoy algún lugar sin desarrollar que no tenga por lo menos un animal o planta que pueda ser listada como "amenazada" o "en peligro de extinción."

La razón por la que las "especies en peligro" son tan vulnerables a la definición política es la seria discrepancia entre la "especie" definida científica y biológicamente y la promulgada por los activistas ecologistas –una diferencia que ha sido ignorada por políticos y pseudoecologistas. La definición biológica, estrictamente adherida por la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica requiere que, para ser una especie, un animal debe estar "aislado reproductivamente" –es decir, capaz de reproducirse con otros de la misma especie, pero incapaz de reproducirse exitosa y naturalmente con miembros de otras especies.

Las "especies amenazadas" políticas muy rara vez llenan estos requisitos, y por ello no pueden ser legítimamente definidas como "especie". Las poblaciones de animales son especies distinguibles, o no lo son. Más del 60 por ciento de las poblaciones que ya han sido oficialmente designadas como "especie amenazada" ni siquiera califican para ser una "especie biológica"!

El Acta de Especies Amenazadas parece haber sido diseñada simplemente como un ardid que pueda ser usado por los ecologistas para impedir el desarrollo, u otra actividad, en cualquier área de tierra o agua en los Estados Unidos, o en el extranjero. Si una especie legítima está en peligro de extinción, los biólogos deberían de preocuparse, aún cuando incontables millones de especies se extinguieron en la Tierra por causas naturales, mucho antes de que el ser humano apareciese en el planeta. La mera presencia de insignificantes poblaciones locales (o aún de "legítimas" subespecies) de aves, babosas, mamíferos, salamandras, peces, ostras, o insectos, no debería ser usada simplemente para detener al progreso humano. Como tampoco debería impedir el control de molestias, o predadores destructivos, o insectos portadores de enfermedades.

Lo peor no ha llegado aún. Los ecologistas, liderados por el Secretario del Interior Bruce Babbitt, están ahora proponiendo que, "ambientes completos" sean protegidos como "amenzados", de manera que todos los animales y plantas que viven allí sean protegidos, antes de ninguno haya comenzado a declinar en número. Ese procedimiento podría impedir el uso de todos los "enemigos naturales" del mosquito y sus larvas. Los "enemigos naturales" de las plagas no podrían ser introducidos en dichos ambientes, porque también podrían atacar a otros insectos, o de alguna manera tener un impacto sobre otros animales o plantas en el hábitat. De hecho, algunos ecologistas ya han objetado el uso de los peces del género Gambusia que controlan tan frecuentemente a las larvas del mosquito.

El futuro luce muy negro para los humanos en los Estados Unidos y el resto del mundo, pero definitivamente mucho más brillante para los mosquitos y otras plagas.

El Tratamiento de la Malaria

En los años 60s, los doctores de algunos países ya tenían problemas para curar la malaria. Los plasmodios parásito ya no podían ser matados por medio de las medicinas usuales – atabrina (quinocrina), amopyroquina, proguanol, cloroquina (Aralén), primaquina, pyrimetamina, o sulfadoxina. Más tarde se desarrollaron variedades que eran resistentes a la mefloquina (una quinina sintética). En 1965, en Vietnam se trataron algunos casos de falciparum resistentes con dosis diarias de DDS (una vieja droga contra la lepra). Este fue evidentemente un esfuerzo desesperado, tratando cualquier cosa que pudiese prevenir las muertes. Sólo la mitad de esos pacientes se curaron, y el uso del DDS fue discontinuado.

En 1966 había variedades de malaria resistentes en Vietnam, Camboya, Tailandia, Malasia y en la bacía Amazónica de Sudamérica. El ejército de EEUU informó de variedades al sudoeste de Saigón que eran resistentes a todas las drogas sintéticas contra la malaria, y a la quinina. A los pocos años, se desarrollaron variedades de malaria resistentes en casi todas partes donde había malaria. En los años 80s, el Fansidar (una combinación de pirimetamina y sulfadoxina) se estaba recomendando, junto a la cloroquina; esto era ligeramente mejor que la quinina sola. Para 1984, se conocieron informes de efectos secundarios desfavorables del Fansidar y se hicieron advertencias de que debía ser usado con gran cuidado, especialmente en gente irritada por los compuestos sulfurosos. También se había ensayado el Metotrexato, un antagonista del ácido fólico, pero su futuro no parece brillante. Hoy por hoy, la cloroquina (Aralén) es la droga elegida, pero se les advierte a los pacientes que si la fiebre sube demasiado deben concurrir a un hospital lo más rápido posible.

La más prometedora "nueva" droga antimalárica es un viejo compuesto Chino derivado de extractos de plantas de Artimesia. Se llama "antimesinini" o Qinghaosu. Es improbable que las corporaciones químicas inviertan los millones de dólares necesarios para la investigación y el desarrollo de la nueva medicina, en gran medida, porque un nuevo compuesto antimalárico rendiría una ganancia muy pequeña. Ni siquiera están ansiosos de fabricar el Qinghaosu.

Como resultado de esta falta de tratamiento efectivo contra la malaria, ya no es más "seguro" para los Norteamericanos y Europeos viajar a los países tropicales a causa de la prevalencia de variedades resistentes de la "malaria falciparum". A menos de que haya algún nuevo y maravilloso desarrollo en el tratamiento de la malaria, dentro de poco tiempo hasta puede ser poco seguro viajar en muchas áreas dentro de los Estados Unidos.

¿Qué Hay de las Vacunas?

El Rockefeller Institute desarrolló una vacuna para el Plasmodium vivax en los años 40s. Fue un fracaso completo, aún cuando suplementado por un agente estimulante llamado "Auxiliar de Freund". El equipo de Freund había trabajado sobre la malaria de las aves, con una inmunidad exitosa contra el Plasmodium lophurae desarrollado en los patos. El auxiliar, sin embargo, causaba la degeneración del hígado en los patos, y peores reacciones en los monos, incluyendo deficiencias de autoinmunidad. Jamás fue ensayada en los humanos.

El investigador Paul Silverman, que había desarrolado otras vacunas en Inglaterra, recibió entonces una subvención de un millón de dólares de AID para buscar una vacuna contra la malaria en la Universidad de Illinois. Cinco años y $1,5 millones más tarde, el equipo había fracasado. Su vacuna podía producir la inmunidad sólo cuando se aplicaba junto al "auxiliar de Freund" –y por consiguiente era imposible de ensayar en los humanos.

En 1980, la Agencia para el Desarrollo Internacional redobló sus inversiones en la búsqueda de una vacuna antimalárica, financiando a por lo menos tres equipos que buscaban tales vacunas. Estaban liderados por los Drs. Ruth y Victor Nussenzweig, en la New York University, Wasim Siddiqui en la Universidad de Hawaii, y Miodrag Ristic la Universidad de lllinois. Cinco años después, aún no había éxito. A pesar de ello, AID anunción un "descubrimiento mayor" y predijo que "la vacuna debería estar lista para uso en el mundo dentro de cinco años". Las autoridades de sanidad en las naciones subdesarrolladas creyeron en esa declaración y redujeron sus programas de rociado esperando por la prometida vacuna. Nunca vino, y se produjo una catastrófica explosión de malaria y muertes.

Según Robert Desowitz en su libro The Malaria Capers, (Los Brincos de la Malaria), el programa de malaria de AID estuvo rodeado de escándalos. Una investigación dió por resultado seis imputaciones; el gerente, científicos y afiliados de AID fueron acusados por el gobierno federal por conspiración, robo, solicitud criminal, y evasión de impuestos. En 1983, A Ristic se le acordó otra subvención de $2,38 millones de dólares; en 1990 fue imputado en cuatro cargos de robo y expulsado de la Univer-sidad de Illinois. (La Universidad había estado sacando 65% de los fondos para investigación como "gastos extraordinarios.") En Hawaii, Siddiqui había inmunizado monos búhos, pero sólo a través del "auxiliar de Freund". Él y su ayudante fueron acusados por robo, solicitud criminal, y conspiración criminal en 1989; el mismo día de su arresto, AID anunció que le estaba otorgando otro $1,65 millón de dólares. La Universidad de Hawaii reemplazó a Siddiqui con el Dr. Hatoru Izutzu, de Hong Kong.

Para 1986, AID había gastado $69 millones en investigación para la vacuna, pero aún no había tal cosa. El gerente de malaria de AID, Jack Erickson, que había supervisado el otorgamiento de millones de dólares, fue acusado de desmanejo financiero extremo. En 1990 se declaró culpable y sentenciado a seis meses de reclusión domiciliaria, y multado en $20.000. Más tarde, AID le ofreció $23 miloones a la India y África para un permiso de ensayar vacunas en sus aldeas, pero ninguno de los países permitieron que se hicieran ensayos sobre sus ciudadanos. Finalmente, AID ofreció $20 millones a Papúa Nueva-Guinea para un proyecto de campo de 5 años (más tarde reducido a $10 millones para 8 años de investigación sobre los nativos).

Después de 25 años, el proyecto de AID para la vacuna contra la malaria seguía siendo un desastre. Según The Malaria Capers, de donde se extrajeron estos detalles, AID fracasó porque "estaba dirigida por aficionados, sucumbió al desprendimiento y corrupción, impulsó la medicina mediocre, y sobreinfló los resultados de los experimentos" [10]

Todos estos costosos fracasos pueden indicar, también, que simplemente es imposible desarrollar una vacuna segura que confiera una protección inmunitaria contra la malaria. A pesar de ello, la OMS parece estar basando la mayor parte de la lucha mundial contra la malaria en su esperanza de que tal vacuna puede ser, y será desarrollada en un futuro cercano.

Los ensayos de campo de la nueva vacuna desarrollada por el Dr. Manuel Patarroyo comenzaron en 1987, en Colombia, sobre monos Amazónicos aotus Alcanzaron un nivel de inmunidad del 80-90% y estos resultados parecen ser prometedores. Para 1992, casi 200,000 niños menores de 15 años habían sido vacunados y parecían haber desarrollado un 60-85% de inmunidad a la malaria.

Un reto mucho mayor viene este año [1994, año de publicación del artículo - Nota del traductor] en Tanzania, apoyado por la OMS y la London School of Tropical Medicine. Involucra a 600 niños, de uno a cinco años, que viven en áreas donde el 80% de los niños están infectados con los parásitos de la malaria (en su mayor parte del tipo letal falciparum).

Estos resultados serán cuidadosamente observados por cada uno de los países maláricos en el mundo. Aún si llegan a funcionar bien, el problema de producir la compleja molécula a escala comercial será difícil. Debe recordarse que altos niveles de anticuerpos no son necesariamente suficientes para proteger a las personas de las enfermedades. También, aún si se puede desarrollar una buena vacuna sólo podrá acentuar la inmunidad y tendría que ser usada junto a un buen programa de insecticidas para matar a los mosquitos, y buenas medicinas para matar al plasmodio. La notable historia de los intentos de desarrollar vacunas contra la malaria explica por qué muchos científicos no tienen ninguna confianza.

¿Viviendo con la Malaria?

La Asociación Americana para el Avance de la Ciencia publicó en 1991 el resultado de las conferencias sobre malaria alrededor del mundo, en un lujoso, pequeño y sobrepreciado librillo titulado Malaria y Desarrollo en África. Aquí es donde la Organización Mundial de la Salud develó su nueva "Estrategia Global para el Control de la Malaria". Esta estrategia intenta "poner gran énfasis en el paciente, y únicamente en prevención en donde la prevención sea costo-efectiva y susten-table." Para 1997, la meta es tener programas de control "razonablemente efectivos" en por lo menos 85 países con malaria endémica.

Dice la OMS que, para el año 2000 las muertes por malaria en al menos 70 países tendrían que haber caído por lo menos un 20%, comparadas con los niveles de 1995. Más tarde, la OMS declara, "la meta es cortar la tasa de muertes en la mayoría de los países afectados en un 80% durante los últimos años del siglo". (énfasis agregado).

El libro no hace mención a reales métodos para matar la larva del mosquito o a los adultos, y no suministra detalles de los químicos que podrían reemplazar a la quinina, cloroquina, o Fansidar, para detener los ataques de malaria. La financiación de estos esfuerzos de tratamiento ya es exorbitante, y la OMS estima que para 1995 los costos excederán $1.800 millones de dólares (comparados con $800 millones en 1987). El director de la OMS Peter de Raadt dice que para ese tiempo, por lo menos la mitad de los países participantes "tendrán programsa adecuados para el control de la malaria, si la OMS alcanza sus objetivos".

En el libro no se discuten otros asuntos pero, de acuerdo al Dr. de Raadt, ello no es un problema porque "la quinina más tetraciclina todavía funciona," según escribe, y nuevas drogas como los derivados de la artemisina "están pronto a salir de la línea de producción... Gracias a una bien implementada estrategia de control, se puede hacer".

¿Cuál es la "bien implementada estrategia"? En ninguna parte del librito se discute ningún método que pueda controlar a los mosquitos adultos o a las larvas, como tampoco hay detalles de las drogas que podrían detener al plasmodio. En su lugar, hay una gran charla sobre "acercamientos sectoria-es cruzados", "planeamiento", "reuniones agendadas", "asignación de responsabilidades", "examen de las condiciones de salud", "mapeo de la situación de la malaria en cada país", y "produccción de precisos datos epidemiológicos". Se dice repetidamente que "las estrategias deben ser específicas de la comunidad", por lo cual se le debe dar prioridad al desarrollo de nuevas habilidades para implementar el "la nueva forma de pensar" de la estrategia global.

La meta, dice David Nabarro, del British Overseas Development Administration, (Administración Británcia del Desarrollo de Ultramar), debería ser "vivr con la malaria, en vez de derrotarla." Todavía más sorprendente era la declaración que la OMS "formalmente dió por terminada la estrategia de erradicar al mosquito portador." Debe notarse que la erradicación del mosquito portador nunca fue la estrategia de la Organización Mundial de la Salud; la OMS siempre declaró especificamente que el objetivo no era erradicar los mosquitos vectores sino terminar con la transmisión del plasmodio de la malaria por ellos. Ello tiene mucho más sentido que tratar de erradicar totalmente al mosquito.

Como se enumera en Malaria y Desarrollo en África, ahora existen cuatro grandes componentes en la nueva estrategia antimalárica para el mundo: (1) diagnóstico temprano y rápido tratamiento; (2) planeamiento e implementación de medidas de prevención selectivas; (3) detección temprana de epidemias; y (4) revaluaciones regulares de la situación de la malaria en cada país. Con esta estrategia, los burócratas seguramente se mantendrán ocupados, pero "revaluar catástrofes" no salva vidas, y esta estrategia no especifica tratamientos o medidas de prevención.

Un informe más reciente del Insituto de Medicina concluye: "Son estos días sombríos en la batalla contra la malaria." Uno de los autores era Awash Teklehaimanot, el oficial en jefe de Etiopía, que escribió disintiendo con el informe, "Hay demasiado énfasis en este informe sobre investigación acerca de la malaria, mientras que se da pequña atención a la prevención y control de la malaria." El Dr. James Jensen, un miembro del panel del Instituto de Medicina, responde, "Aún con superiores esfuerzos en la prevención, el parásito ganaría terreno a través de su creciente resistencia a las drogas y los pesticidas." y concluye que "Necesitamos con desesperación nuevas herramientas."

Con esta estrategia tan pobre, viniendo de los expertos, las personas que viven en los países maláricos tienen muy poco que esperar del futuro. No resulta difícil llegar a la conclusión de que la Organización Mundial de la Salud y la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia se han unido a las filas de aquellos que responden a la situación de la malaria como el funcionario de AID citado más arriba: "mejor muertos que reproduciéndose de manera descontrolada."


Notas:

  1. J. Gordon Edwards, 1992. "The Lies of Rachel Carson," 21st Century Science & Technology (Summer 1992), pp. 41-51.
  2. Albert Schweitzer, 1990. Out of My Life and Thoughts (New York: H. Holt), p. 262.
  3. Robert Desowitz, 1992. The Malaria Capers (New York : W.W. Norton).
  4. A discurso de Victor Yannacone, fundador del EDF, en Mayo 10, 1970, citado en Audiencias del Acta de control de Plagas de 1971, Casa de Representantes, Serial No. 92-A, 1971, p. 266.
  5. L.J. Bruce-Chwatt, 1972. "D.D.T.," The Lancet (July 15), p.131.
  6. Wayland J. Hayes, 1956. "Effect of Known Repeated Oral Doses of DDT In Man, Joumal of the American Medical Association, Vol. 162, pp. 890-97.
  7. Edward R. Laws, Jr., et al. Archives of Environmental Health, Vol. 15, pp. 766-75 (1967), y Vol. 23, pp. 181-184 (1971).
  8. Charles Silinskas y Allan E. Okey, 1975. "Inhibition of Leukemia by DDT," Joumal of the National Cancer Institute, Vol. 55 (Sept.), pp. 653-57.
  9. A.E.M. McLean y E.K. McLean, 1969. "Diet and Toxicity," British Medical Bulletin, Vol. 25, pp. 278-81.
  10. Para etalles sobre James Erickson, de AID y la investigación antimalárica, ver Eliot Marshall,"Crisis in AID Malaria Network," Science, pp. 521-23 (Julio 29, 1988), y The Malarie Capers por Robert Desowitz sobre los esfuerzos an la vacuna antimalaria de AD.


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