ROCIEMOS CON DDT
por Thomas R. DeGregori, Ph.D
American Council on Science and Health
Marzo 20, 2000

Casi todos hemos visto las imágenes de la TV de los heroicos esfuerzos de los países desarrollados para salvar a la gente desamparada de Mozambique inundada y castigada por los vientos. Las secuelas pueden llegar a ser tan malas como las inundaciones. A medida de que las aguas se retiran formando charcas estancadas ideales para la cría de mosquitos portadores de malaria, la continuada tragedia de Mozambique podría estar compuesta por un resurgimiento de enfermedades y muerte por la malaria. El Dr. Pierre Kahozi, de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo notar que la malaria es común en la región, pero que hay razones para temer un gran estallido para el próximo mes.

¿Por qué? Los mismos gobiernos que hoy ayudan a Mozambique tan encomiablemente, son los mismos que desde hace mucho han presionado a Mozambique y otros países subdesarrolados para que no se protejan a sí mismos contra el flagelo de la malaria rociando DDT.
"Su uso allí fue detenido hace décadas, porque el 80% del presupuesto de salud del país provenía de fondos donados, y los donantes se rehusaban permitir el uso del DDT", según un informe publicado en la edición del 11 de marzo del 2000 del British Medical Journal (BMJ).

El informe del BMJ indica que Mozambique podría necesitar recomenzar el rociado de DDT muy pronto. Partes de Sudáfrica ya lo han hecho, a consecuencia de una "explosión de malaria" previa a las inundaciones. Trágicamente, esta carrera para controlar los estallidos de malaria es un patrón recurrente en los países pobres del Tercer Mundo. Es el resultado de una combinación de presiones por parte de los donantes y organizaciones conservacionistas, como también el aumento de los costos y disminución de la disponibilidad de DDT. El gobierno de Mozambique ha informado de "una elevado grado de malaria" en los campos de refugiados, pero las agencias no han sido capaces de obtener estadísticas confiables.

Neil Cameron, director en jefe de Enfermedades Transmisibles del Departamento de Salud de Sudáfrica, reaccionó ante la recurrencia de las epidemias de malaria renovando el uso del DDT, que no había sido usado en Sudáfrica desde 1995. Desde que se retiró al DDT, los casos de malaria allí se habían más que cuaruplicado a 50.000, acompañados de cientos de muertes.

En el mundo ocurren entre 300 a 500 millones de casos de malaria conocidos cada año, y el 90% de ellos se dan en áfrica. De las más de 2 y medio millones de muertes que ocurren anualmente a causa de la malaria, la mayoría ocurren en áfrica, la mayoría son niños, y la mayoría son pobres o muy pobres.

La malaria es la causa número uno de muerte en Mozambique, y la segunda causa de muerte en áfrica (habiendo sido sobrepasada recién el año pasado por el HIV) y es el principal asesino de niños en áfrica. Los historiadores han estimado que la malaria ha matado a más gente que cualquier otra enfermedad conocida en todo el mundo, incluyendo los Estados Unidos, tan al norte como Boston y en Europa, tan al norte como Inglaterra, antes de la introducción del DDT después de la Segunda Guerra Mundial. Pero ahora, aquellos que se beneficiaron de la erradicación de la malaria gracias al DDT son los que están al frente de aquellos que niegan sus beneficios para otros que más lo necesitan. Aunque su impacto sobre la vida silvestre es muy debatido, un estudio tras otro ha fracasado en su intento de demostrar que produce algún daño a los seres humanos. Al contrario, los beneficios del DDT para la salud pública, a consecuencia del eficaz control de los insectos portadores de enfermedades y en la agricultura para el control de las plagas, los hacen uno de los productos químicos que ha salvado más vidas que ningún otro producto jamás inventado.

Existe ahora un intento para promulgar un tratado que obligue a una prohibición mundial para el uso del DDT y otros "Contaminantes Orgánicos Persistentes". El intento inicial de una prohibición fracasó a causa de una campaña mundial en contra de la prophibición, iniciada por trabajadores de la salud, científicos y la OMS, pero otro intento se hará el próximo mes, liderando el movimiento prohibicionista numerosas organizaciones conservacionistas y ecologistas. Estos grupos también quieren prohibir al cloro para usos sanitarios, y el uso de cultivos genéticamente modificados en la agricultura –incluyendo a aquellos como el arroz de nutrientes incrementados que beneficiaría enormemente a los más pobres y necesitados de la población mundial.

Todo esto nos presenta la pregunta de por qué los gobiernos de las naciones ricas y prósperas, y las organizaciones ecologistas que tienen sus cuarteles generales allí están trabajando tan duramente para perjudicar a los más pobres mientras aseguran estar "salvando" al planeta.


Thomas R. DeGregori, Ph.D. es Profesor de Economía en la Universidad de Houston, y presta servicios en el Panel de Asesores del Consejo Norteamericano de Ciencia y Salud American Council on Science and Health).


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