EL DESATINO de CHRISTINE WHITMAN

Reed Irvine
Presidente,
Accuracy in Media

Diciembre 6, 2001

El 4 de diciembre de 2001, la Agencia de Protección del Ambiente (EPA), ahora dirigida por Christine Todd Whitman, le ordenó a la General Electric dragar o pagar por el dragado de 40 millas del curso superior del Río Hudson, a un costo estimado de 500 millones de dólares. El propósito del dragado es la remoción de 2,65 millones de tardas cúbicas de sedimento conteniendo PCBs, uno de los primeros blancos de la locura quimiofóbica que azotó a los Estados Unidos en los años 70.

PCB es el nombre común de un grupo de más de 200 compuestos químicos que no son inflamables cuando son sujetos a altas temperaturas. Su rango varía desde livianos y aceitosos hasta compuestos con la consistencia de grasa pesada o cera. Hace unos 70 años se descubrió que eran excelente lubricantes y refrigerantes para transformadores y otros equipos eléctricos. Fueron tan exitosos para la reducción del peligro de incendios que muchas ciudades cambiaron sus códigos de construcción para requerir que los PCBs se usaran en los transformadores en lugar de los aceites minerales comunes.

Los fabricantes que usaban PCBs, como la General Electric, descargaban durante años los residuos de PCBs en vías fluviales y corrientes de agua. Las concentraciones comenzaron a revelarse en los peces, pero no se observó ningún efecto adverso en la salud pública, hasta que en 1968 1,300 japoneses enfermaron después de haber ingerido aceite comestible contaminado con una pérdida de PCBs de un sistema de aire acondicionado. Las víctimas sufrieron de náusea, fatiga, hinchazón de las extremidades, erupción cutánea y desórdenes del hígado.

Los primeros reportes de prensa dijeron que el contaminante fue PCB, pero investigaciones posteriores descubrieron que la exposición de PCB a elevadas temperaturas los había transformado en PCDFs, o
dibenzofuranos policlorinados, que son sumamente tóxicos. A consecuencia del incidente en Japón, la EPA ordenó ensayos sobre animales para determinar si los PCBs eran cancerígenos. Los ensayos involucraban la alimentación de ratas con muy elevadas dosis de un PCB de Monsanto llamado Aroclor 1260. Tenía un contenido de 60% de cloro, lo que es relativamente alto. Este compuesto y otros PCB altamente clorados formaban el 12% de los PCBs que se vendían en los Estados Unidos. Los experimentos dieron por resultado tumores cancerosos en el hígado de las ratas.

Esto no constituía prueba de que el comer pescado con vestigios de PCBs podría causar cáncer en los humanos, pero esa fue la interpretación radical que los ecologistas hicieron de los ensayos. Se impulsaron leyes en el Congreso que ordenaban una inmediata prohibición de los PCBs, lo que resultó ser imposible dado el extendido uso en sistemas eléctricos a través de los Estados Unidos y el mundo. La industria tenía primero que encontrar substitutos para el PCB. Mientras tanto, la suposición de que los PCBs imponían un riesgo de cáncer para los humanos fue seriamente cuestionada.

Miles de trabajadores industriales habían estado en contacto directo a altas concentraciones de PCBs en sus trabajos desde los años 50 hasta fines de los 70. Muchos de ellos usaban de manera rutinaria PCBs para limpiarse las manos de grasa. En 1981, un estudio epidemiológico de OSHA, sobre 2,500 trabajadores –la mitad de los cuales habían estado expuestos a los PCBs durante 17 años– encontró que el número de muertes por cáncer era un 10% menor que lo que debería esperarse de un grupo con un perfil similar en la población general. No existía ninguna relación entre el largo del tiempo de exposición a los PCBs en el trabajo y el riesgo de morir de cáncer, enfermedad cardiovascular, y manifestaciones neurológicas o por cualquier otra causa.

Un estudio Alemán de 2984 descubrió que ratas a las que se les administraban dosis de PCBs con un contenido extra del 60% de cloro, desarrollaban tumores de hígado a edad avanzada, el mismo resultado obtenido por la EPA. Pero los Alemanes también ensayaron PCBs con un contenido de 42% de cloro y encontraron que las ratas tenían un total de cánceres menor que el grupo de control que no había sido expuesto a ningún PCB. En 1991, el Instituto para la Evaluación de Riesgos de la Salud (IEHR), reconstruyó cinco de los ensayos de ratas que habían llevado a la prohibición. Descubrió que los PCBs con contenido de cloro menor al 60% "no mostraron elevaciones estadísticamente significantes de tumores" en las ratas. El estudio del IEHR, firmado por un ex administrador de la EPA, John A. Moore, declaraba: "La actual política sobre el cáncer está claramente sobrestimando los riesgos de cáncer asociados con muchas exposiciones a los PCBs en el ambiente" Dijo que las decisiones reguladoras de la EPA "están causando un gran impacto económico para, cuando mucho, lograr una trivial ganancia en la salud pública".

Los ecologistas están luchando contra los planes de dragar el Río Delaware para hacerlo más profundo. Dicen que ello liberará contaminantes que están actualmente cubiertos de sedimentos y que los repositorios serán futuras fuentes de contaminación para el río. Los niveles de PCBs en el curso superior del Río Hudson han disminuido 90% desde 1977. Es ahora un sitio seguro para nadar y como fuente de agua para potabilizar. El dragado del Río Hudson serán 500 millones de dólares tirados a la basura sin ningún beneficio para la salud pública.


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